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viernes, 07 de abril de 2006

Tecnocidanos cumple hoy su primer año y se pone de fiesta. ¿Qué mejor que una buena pregunta? Pues, ahí va, ¿Estamos en los albores de una nueva Ilustración?

Primer Aniversario: tarta de cumpleañosLos blogs están cerca de cumplir diez años. Inicialmente adoptaron la forma de un diario personal. Luego evolucionaron para convertirse en la bitácora de un viaje por el el espacio virtual. Su explosión llegó con el atentado a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, circunstancia en la que miles de norteamericanos decidieron expresarse públicamente y experimentar con nuevas formas de recabar, contar y distribuir la información. La guerra de Irak produjo la explosión de los llamados warblogs. Desde entonces su prestigio crece en todo el mundo.

Según Technorati, el buscador especializado en weblogs, ya hay más de 33 millones de bitácoras. Junto a las personales (introspectivas) y las periodísticas (opinión), también se asentaron rápido las que discuten sobre Internet y las nuevas tecnologías (geeks). Asistimos ahora a una oleada de bitácoras corporativas y también son muy influyentes los blogs académicos.

Hace unos meses New York Times ofreció sus páginas a un defensor del diseño inteligente (antes llamado creacionismo) para que explicara sus fundamentos. Muchos científicos se sintieron amenazados por esta aparente ecuanimidad y pasaron a la acción. La decisión de equiparar las patrañas que se cobijan bajo el paraguas del creacionismo y el evolucionismo, una teoría que cuenta con el apoyo expreso de todas las instituciones serias del mundo, exasperó a los científicos. Tanto, que muchos entendieron que había llegado la hora de saltar a la arena pública y hacer frente a la mucha propaganda pseudocientífica que pulula por los media, incluido el Times.

Llovía sobre mojado, como lo prueban las duras batallas mediáticas contra el tratado de Kyoto. Proliferan un alud de informes, fundaciones y expertos, todos a sueldo del lobby petrolero y químico, dedicados a manufacturar incertidumbre, es decir a sembrar dudas sobre el papel de los humanos en la destrucción del medioambiente y a desacreditar por radicales a quienes están pidiendo acciones urgentes de gobierno. Para defenderse muchos cientificos han tenido que salir del refugio del laboratorio y denuciar las frecuentes manipulaciones con las que se está intoxicando el debate político. En julio de 2004 se produjo un grave incidente en Los Alamos National Laboratory, enclave del poderío nuclear norteamericano. Mucha gente tuvo que abandonar el lugar, pero Doug Roberts optó por crear un blog, lanl-the-real-story, para discutir el asunto, incluyendo los temas de seguridad, en el que han participado prestigiosos académicos y que en febrero de 2006 alcanzó los 500,000 visitantes.

No necesitamos más ejemplos para mostrar la novedad extraordinaria de esta nueva forma abierta y pública de acceso a la información científica. En la actualidad hay miles de blogs académicos. No todos tienen la misma calidad y eso es muy preocupante, pues los científicos saben que la visibilidad de sus planteamientos y la autoridad intelectual a la que aspiran tiene que ver con los contenidos, pero también con otros factores como, por ejemplo, la calidad literaria texto, el tratamiento de asuntos controvertidos o la variedad de temas tratados.

Hace unos meses, la Universidad de Chicago no le renovó el contrato a Daniel W. Drezner, un profesor de políticas, porque al parecer dedicaba demasiado tiempo a bloguear. Para muchos fue una represalia por su orientación política, pero el asunto ha abierto un debate en la red y desvelado que hay numerosos profesores que bloguean bajo seudónimo. Hay quien piensa que, ya lo dijimos, se trata de un género que no comporta el mismo rigor intelectual y que sus contenidos sólo contribuyen a alimentar la blogosfera y el ego de su autor. Los defensores, sin embargo, hablan de que los blogs permiten experimentar con ideas emergentes, interactuar con grandes audiencias y, como sucedió el siglo XVIII, organizar una gran conversación entre la cultura ordinaria y la erudita.

Hay abundante historiografía que documenta la importancia que tuvieron los papeles volanderos, la prensa apócrifa o el libertinaje erudito. Nadie discute la influencia de los salones, las tertulias, los paseos y los cafés como espacios emergentes de sociabilidad en donde se experimentó con nuevos valores. Las nuevas tecnologías entraron en la conversación y en la vida cotidiana. Hablar de las obras públicas o los nuevos bichitos que mostraba el microscopio, fue tan frecuente como leer libros sobre viajes a lugares exóticos, discutir los fundamentos de la generación espontánea o experimentar con los nuevos sabores contenidos en la piña o el cacahuete. No es que los académicos (los pocos que había) descendieran desde su reclusión o salieran de la Torre de Marfíl, sino que las calles, teatros y periódicos se fueron llenando de gente que producía la literatura que deseaba consumir. Hablamos, desde luego, de una inédita demanda de productos culturales, pero también de nuevos medios para producirla y difindirla. También entonces hubo muchas dudas sobre el rumbo plebeyo e irreverente que estaba adoptando la cultura, pero nada pudo hacerse.

Tecnocidanos, que hoy cumple su primer año, intenta explorar todas las ramificaciones posibles de esta analogía intrigante: ¿estaríamos en los albores de una nueva Ilustración? Por el momento nadie sabe si caminamos hacia nuevas formas de conocimiento y distintas formas de producción de autoridad o si, por el contrario, nos precipitamos hacia una violenta colisiòn entre las minorias cultas y las multitudes profanas. Los ciberoptimistas avalan la primera opción, pero tienen enfrente poderosos enemigos. En fín, que nadie sabe si con este carnaval de ideas avanzamos hacia una nueva Ilustración o si estamos cerca de despeñarnos en la Barbarie.

13:29 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (4)