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la paz de matrix

Enviado el jueves, 16 de marzo de 2006 7:51

Las guerras de Matrix nos ayudan a entender la necesidad de un gran acuerdo entre nosotros y nuestras máquinas. [Antonio Lafuente]

Hollywood siempre fue un paraíso luddita (aquí en inglés) una inmensa fábrica donde toman forma todas las resistencias posibles a las nuevas tecnologías. Spielberg, por ejemplo, es un luddita convencido. Baste con recordar una parte del increíble elenco en el que nos apoyamos: Metrópolis (Lang, 1926), Frankestein (Whale, 1931), Tiempos Modernos (Chaplin, 1936), Farenheit 451 (Truffaut, 1965), Alphaville (Godard, 1965), 2001: Odisea en el Espacio (Kubrick, 1968), La Guerra de las Galaxias (Lucas, 1977), Blade Runner (Scott, 1982), Terminator (Cameron, 1984), RoboCop (Verhoeven, 1987), Parque Jurásico (Spielberg, 1993) y Gattaca (Niccol, 1997). Son incontables. Además, cada quien tiene su preferida, pues todos hemos sido sacudidos una primera vez por la visión del apocalipsis causada por un delirio tecnológico. Y así, la abundancia prometida de bienes, incluyendo nuestra redención de la enfermedad y el hambre, se trocaba en males casi bíblicos e irreversibles.

Las máquinas eran la peor de las pestes. Sus creadores, los científicos, unos chalados arrogantes que se movían por intereses tan mezquinos como alejados del ideal siempre sugerido y siempre postergado de por fin ver la epifanía entre sabiduría y santidad. El asunto tiene importancia por cuanto la inmensa mayoría de la población conoce de la ciencia lo que ha visto en una película. Sabemos sin embargo que esta perspectiva, esta manera de mirar las relaciones entre cine y ciencia, no es muy original. Por otra parte, como explicó Snow con su metáfora de las dos culturas, los intelectuales siempre fueron tan ignorantes de las cosas científicas como proclives a sembrar la sospecha sobre sus logros. Nada hay de extraño entonces en que la filosofía o la novela, también la de ciencia ficción, adopten con frecuencia una pose tecnofóbica. Quizás por eso merezca la pena detenerse en la novedad que llegó con Matrix.

Supongamos que todo cuanto vemos no es más que una ilusión proyectada sobre nuestra conciencia. Más aún, que nosotros mismos, ya transhumanos, sólo fuéramos un programa de computador, instalado en esta carcasa sublimada, un cuerpo sin órganos especializado en procesar señales electromagnéticas inalámbricas que nos imponen como realidad una proyección que alguien fabricó con el mayor mimo y sin ahorrar en efectos especiales. El mundo que acabamos de describir es Matrix: una interface verosímil creada por algún desarrollador de sotfware/wetware.

Todo sería perfecto si no hubiera un reducto de seres con fallos de programación que deciden acabar con las máquinas. Una tarea hercúlea que les obliga a mantener guerras por cien años y a transitar entre los dos mundos, el virtual de Matrix y el histórico de los cyborg, pues ya no pueden ser exclusivamente humanos quienes no saben prescindir, ni pueden distinguir entre sus carnes y sus prótesis. La guerra entonces es entre los cyborg (una hibris entre organismos y cibernética) y las máquinas virtuales (es decir, los programas informáticos). Y cuando llega el armisticio, pues la destrucción mutua asegurada es inútil, los humanos aprenden por fin a convivir con las máquinas, sin querer dominarlas ni ser sus esclavos.

El mensaje de Matrix está claro. La tecnología no es un cuerpo extraño, un sofisticado implante en nuestra cultura, sino un reflejo genuino de lo mejor y único que somos. Más aún, sólo lograremos acabar el proceso evolutivo cuando consigamos acoplarnos con pulcritud a todas nuestras herramientas y gadgets. Vivimos entonces en las entrañas de un drama fáustico: el dilema que habitan los cyborgs entre nuestro yo humano y nuestro alter ego técnico. Y sólo el pacto entre ambos nos traerá la paz, liquidando así siglos de tensión entre lo natural y lo artificial o entre la vida y la muerte; desaparecerá también la cruel escisión entre géneros o la no menos inquietante entre lo real y lo virtual. Superaremos entonces todos los dualismos y las fragmentaciones que nos han conducido a la angustia, la agonía y la locura.

Este es el mensaje que contiene el Manifiesto para cyborgs (inglés, español) de Donna Haraway (Ciencia, cyborgs y mujeres, 1991) y ésta es la conclusión a la que nos invita otra gurú del ciberfeminismo, Sherry Turkle (La vida en la pantalla, 1997), porque sólo en el contrabandeo entre los dos mundos podemos experimentar nuestra identidad como simulación, federando tantas facetas como posibles ventanas on-line. Y este es el privilegio de Neo y de Trinity: cruzar con sus amigos posthumanos la frontera al ciberespacio.

La Paz de Matrix no es un ensamblaje nuevo de lo múltiple, otra regurgitación de la modernidad, sino una especie de ágora electrónica, en la que ya no estaremos amenazados por la damocleciana espada del Yo. Y por eso concluye Haraway su Manifiesto con una declaración sin fisuras: "prefiero ser un cyborg antes que una diosa".

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Comentarios

# re: la paz de matrix

18/03/2006 10:10 por Guillermo Arconada
Todo suena demasiado evidente y a la vez demasiado retorcido.

Que no somos nada nos lo llevan diciendo los curas desde hace siglos, que somos agujeros de nada los dicen los científicos cada vez que les ponemos a filosofar. Los poetas, sin duda los que más saben, prefieren consolarnos presentándonos como un sueño.


La modernidad nos trajo a los ludditas, pero también a los comunistas y los fascistas.

Ahora, la arrogancia los hombres no tiene límites. Ya no podemos encontrar consuelo a nuestras angustias siendo hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza. Ahora necesitamos ser los padres de Dios, creado a nuestra imagen y semejanza. El paraíso, y siempre el paraíso, ya no se puede alcanzar sólo con la muerte individual, un mundo que se sabe caduco sólo puede encontrar el paraíso en la autodestrucción de la especie humana y del medio que la engendro. Soberbio.

# re: la paz de matrix

03/04/2006 20:29 por alejandro
esta muy chido

# re: la paz de matrix

14/04/2006 18:06 por Araceli
Bueno, creo que se envio otro correo que te estaba escribiendo pero que no pude acabar, pero si te llego espero se pueda comprender el porque prefiero refugiarme en la otredad del espejo psiquico, en lugar de reflexionar sobre mi hibridacion con mi otro YO techne, ja ja ja, en realidad y siguiendo con la idea del deseo, la sociedad ha creado dispositivos de vigilancia tan complejos que ni siquiera nosotros mismos, somos capaces de reconocer que por nuestros ojos y labios, habla el mundo que han construido otros, el deseo de los otros. Este deseo se proyecta hasta en el como y en el por que vestimos como lo hacemos o en el por que utilizamos cucharas y tenedores para comer?

Simplemente nosotros, desde mucho antes de que apareciera la genetica humana, ya traiamos un esquema de lo que era ser un ser humano.

Bueno, creo que ya me perdi de la idea original, que era el felicitarte por el texto porque lo interesante con este tipo de lecturas es que precisamente ocasionas que otros se pierdan en mundos quiza esquizoides pero no tan distantes.

Nota> disculpen la falta de acentos pero en esta compu no los encuentro, Viva la tecnolog[ia

# re: la paz de matrix

07/06/2006 17:27 por agustina
esta pagina es una mierda ESTOY BUSCANDO INFO SOBRE MATRIX Y USTEDES ME PONEN COMENTARIOS SOBRE LA PAZ DE MATRIX.

REALMENTE UNA PAGINA COMO LA DE USTEDES NO DEBERIA APARECER EN GOOGLE, Y MENOS EN LA WEB.

# re: la paz de matrix

19/11/2006 12:57 por miluska
esta bueno
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