Al parecer los científicos iraníes ya no podrán publicar en revistas norteamericanas. [Antonio Lafuente]
Científicos de la Universidad de Bergen (Noruega) han sabido (nos enteramos
vía jill/txt) que no verán publicados dos artículos enviados al
American Association of Petroleum Geologists Bulletin y que ya habían sido aceptados. O sea que los textos son buenos y, sin embargo, rechazados. Lo escandaloso es el motivo que alegan los editores: "no podemos publicar su artículo porque el gobierno de los Estados Unidos prohíbe la publicación de artículos que tengan alguna relación con el gobierno de Irán". Y sí, lo que ocurre es que algunos de los firmantes (4) son ciudadanos iraníes (uno de ellos firma en primer lugar uno de los
papers).
No importa que vivan en Noruega, o que nada tengan que ver con bombas o alguna actividad que amenace la seguridad del mundo. Su delito es tener un pasaporte equivocado. Y la condena es desorbitada, pues acaba con la ilusión de que la ciencia es una empresa internacional y cosmopolita. Peor aún, nadie parece saber nada, como se insinúa en
jill/txt, sobre censuras a científicos iraníes. Y es verdad que Google sorprendentemente se queda mudo cuando se le pregunta por este asunto.
Los artículos, como
se explica en Paa Hoyden, el periódico de la Universidad de Bergen, han sido enviados a un revista europea y seguimos a la espera de que la
National Science Fondation que se ha comprometido a investigar el caso a petición de Sigmund Grønmo, rector de la Universidad de Bergen, nos explique lo que está pasando. Entre tanto, el mencionado rector ha declarado que estamos ante un grave ataque a la libertad académica.
Y lo es. La llamada República de la Ciencia está siendo acosada desde muchos frentes y no se ve a los científicos reaccionar con suficiente energía. Tal vez estén demasiado ocupados redactando
papers, cumplimentando formularios oficiales, captando inversiones o asesorando a empresarios y gobiernos. En fin, si no son los propios científicos quienes encuentran las palabras para defender la marcha de la ciencia de tanta intromisión interesada, quizás tengan que ser los ciudadanos quienes se vean obligados a emplearse a fondo para sostener una empresa tan necesaria, como aparentemente amenazada.
No se está amordazando a disidentes o fanáticos. Tampoco se quiere acallar por razones de género, raza, religión o etnia. Aquí parece que la condena cae sobre un territorio y sus habitantes (al parecer, meras hojas del árbol que se quiere destruir). Es un país entero el que se quiere encalle, empezando por fabricar un burka para sus élites. Habrá que estar atentos para saber quienes serán los siguientes en ser amordazados. ¿Pero, de verdad, nadie sabe nada sobre este asunto?