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sábado, 11 de marzo de 2006

La creación de la OFD Alliance para promover los formatos abiertos nos recuerda el deber del estado a la neutralidad tecnológica. [Antonio Lafuente]

Para hablar de comunicación en la era digital hay que dedicar mucho tiempo a discutir las máquinas que utilizamos, pues no hay libre circulación de ideas (o contra ideas) si la interoperabilidad no está asegurada. Es decir, si las barreras tecnológicas no son suprimidas. Lo mejor que le puede pasar a un archivo es que se pueda ver y editar con independencia de la máquina (hardware) o del programa (software) que esté utilizando. De otro modo, podría ocurrir que, dentro de unos años, desaparezca el programa que hemos utilizado para producir documentos (textos, sonidos o imágenes) y que todos o algunos de los formatos que codificaba dejen de ser reconocidos o actualizados por los otros programas existentes en el mercado.


La mayoría de los documentos que circulan en el mundo están codificados en el formato doc de MSWord que, como sabemos, pertenece a una multinacional con prácticas monopolistas. Sería muy raro que todos los estados acordaran intercambiar información en un formato que pertenece a una empresa privada y que, peor aún, vende un software que no es de código abierto, es decir, que comete un delito quien trate de, mediante ingeniería inversa, saber cómo fue escrito antes de ser compilado (traducido al lenguaje binario de 0 y 1 que usan las máquinas).

En definitiva, que nada es más razonable que definir el formato ODF (Open Document Format), un estándar (como se hace con las dimensiones de los campos de fútbol o el combustible que deben usar los motores) y exigir que, entre todos los formatos que manejan los distintos programas, se incluya el mencionado ODF. Lo que es tanto como decir que, cualquiera que sea la interface que se use, tanto si está producida por la comunidad del software libre, como si la comercializa la empresa más criticada del mundo, con independencia de la máquina o marca que tengamos, siempre será posible el intercambio de información sin que los documentos sean corrompidos mientras circulan (ver lista de formatos abiertos).

El asunto nuevo de estos días, ver Open Access News, es que acaba de crearse la ODF Alliance (integrada, entre otras organizaciones, por IBM, Sun, Indian Institute of Technology, American Librery Association) para promover el uso a escala planetaria de los formatos abiertos y, especialmente, en la documentación pública. En la actualidad, además del estado de Masachussets que lo adoptó entre agrias polémicas con MS, hay otros trece países del mundo que está discutiendo la misma medida. La propia Unión Europea podría adoptarlo próximamente si ISO lo incluyera entre los estándares recomendados. Los interesados en esta cuestión harían muy bien en visitar con frecuencia el excelente Pour les formats ouverts!.

Como, además de barato y fácil, es de sentido común hacerlo (evitando así las inmensas sumas que hoy se están invirtiendo para convertir documentos digitales antiguos a los nuevos formatos), como lo que está en juego es protegernos contra la amnesia masiva, cabe suponer que este movimiento en favor de los formatos abiertos contará con muchos simpatizantes (para adherirse, aquí). No se trata es una cuestión banal, de capricho o moda, sino que la neutralidad tecnológica del estado está estrechamente vinculada a la preservación de la memoria, la dignidad de lo público y la soberanía estatal.

1:24 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (3)