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sábado, 04 de febrero de 2006

Ya sabemos que Hwang es un chico malo y que las revistas tienen que mejorar sus sistemas de control, pero se habla poco de sus ayudantes o de quienes firmaron con él los trabajos. [Antonio Lafuente]

Los casos de fraude en ciencia han despertado un interés inesperado. Muchos medios de opinión pública están haciendo preguntas a quien se deja. Y, desde luego, hay algunas cuestiones que parecen interesar más que otras. Por ejemplo, ¿cómo hacen las revistas para saber si algo debe o no publicarse? Y en la respuesta hay que hablar de un editor que a su vez elige unos árbitros que al final deciden lo que es correcto. Pero, ¿por qué se equivocan? ¿Qué es lo que no funciona con tanto autor y tanto vigilante?

Como he sido uno de los entrevistados he visto que mis respuestas causaban cierta perplejidad. En fin, que parece interesante traer aquí algunas pistas (varias veces ya hemos tocado este asunto) por si alguien quiere comentar o mejorar mis respuestas. Los periodistas aparentan sorprenderse cuando escuchan que no todos los autores, o mejor coautores, han participado en cada una de las fases del trabajo. Llamamos autor al que escribe un texto, salvo en ciencia, pues la categoría autor puede incluir a personas que han contribuido a la investigación consiguiendo recursos o aportando aparatos y gente de su laboratorio, o también a personas que han hecho una aportación circunstancial sobre algún aspecto muy particular de la investigación.

Es decir que puede haber coautores que no conozcan la investigación en su conjunto. Por ejemplo, el trabajo del coreano Hwang publicado en Science en 2005 contaba con 25 autores repartidos en varios continentes. Y, sí: nadie puede creer que en estos casos (más frecuentes de lo que se cree) todos verificaran los resultados antes de publicarlos.

Pero hay más. En muchas investigaciones se destruye o altera irreversiblemente el objeto de estudio. Esto ocurre en experimentos con animales u organismos, pero también estamos hablando, como se discute en JourKnell, de otra mucha investigación que no es replicable que más en el laboratorio, como sucede en muchos trabajos de campo. Por ejemplo, en saberes como la conducta animal, psiquiatría, algunos segmentos de la ecología, arqueología, psicología,... En estos, y otros muchos casos, la ciencia se basa en la confianza y no tanto, como mucha gente cacarea por los media, en la replicabilidad.

Por eso parece tan pertinente plantear, como se hace en Rhosgobel, el problema de la responsabilidad de los otros coautores. Para evitar la mucha confusión que suscitan la existencia de tantos autores, el artículo debería especificar con claridad cuál ha sido exactamente la contribución de cada uno de los firmantes.

3:22 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (1)