Los asuntos relacionados con los derechos de propiedad intelectual cada día nos traen nuevas sorpresas. Hoy nos enteramos de dos más. La primera habla de una actuación indecorosa de la Sociedad General de Autores de España, SGAE y, la segunda, de los inauditos intentos de sacar del dominio público (y privatizar) la palabra de Dios. [Antonio Lafuente]
Hace unos días,
informa Telecinco, la SGAE ha reclamado al festival de teatro para niños discapacitados de Fuentepelayo que le abonen los derechos correspondientes a las obras que allí se representaron. "Y no es la cantidad -
dice Juan Cruz Serrano García, presidente del Taller Cultural de Fuentepelayo- la que nos preocupa, es el hecho en sí mismo. Nos da rabia que después de veinticuatro años consecutivos luchando desinteresadamente en favor de las personas más desfavorecidas, vengan a querer beneficiarse del trabajo de los discapacitados y de quienes por ellos luchan". Por supuesto, como es su estilo, la reclamación les ha llegado bajo amenazas.
Ahora uno de los portavoces de la mencionada SGAE ha pedido perdón y reconocido que se trata de un error. Pero no es menos cierto que la reclamación se la llevan haciendo desde el año 2003. Desde entonces, los organizadores del festival le han estado explicando que se trata de niños con discapacidades psíquicas profundas o severas y que, en consecuencia, lo que representan tiene poco que ver con el libreto original. Pero nada, han seguido erre que erre, hasta que estos abusos han saltado a la prensa. En fin, que la SGAE es una máquina implacable (que sólo le teme al escándalo) y no una institución que puede equivocarse y rectificar. Algún día,
cuando se reúnan (cosa que ya se está haciendo) todos sus desafueros (que son demasiados) veremos cómo los explican.
El otro asunto, lo sabemos
vía On The Commons, tiene que ver con los intentos de sacar a Dios del dominio público, tampoco tienen desperdicio. No creo que haga falta argumentar los motivos por los que la palabra de Dios pertenece a todo el mundo o, en el lenguaje de la gente religiosa, a todos los hijos de Dios, es decir a la humanidad. Pues, no. Las cosas no están tan claras, al menos para la Iglesia Católica. Los hechos nos los contaba hace unos días The Guardian,
Vatican Invokes Papal Copyright, y se resumen pronto: Roma reclama que los discursos y escritos del papa Benedicto deberían ser de libre disposición o pagar derechos. En la práctica parece que ha transferido los derechos de propiedad intelectual, el copyright, a su propia editorial, la Librería Editrice Vaticana, empresa que cobrará a quien use cualquier texto papal de los últimos 50 años.
Lo que resulta extraño es que un trabajo producido por no humanos, pues el Papa habla en nombre de Dios, puede ser privatizado. Lo que está pasando es blasfemo y parece una broma fabricada por algún coyfighter. Pero no. Es tan increíble como cierto.