Faltan unos días para que Europa defina su posición respecto a las decenas de miles de sustancias químicas con las que convivimos sin saber sus consecuencias para la salud o el medioambiente. [Antonio Lafuente]
El próximo 17 de noviembre el Parlamento Europeo votará REACH (Registartion, Evaluation and Authorisation of Chemicals), una directiva que obligará a la industria química europea a identificar y sustituir las sustancias químicas más peligrosas. Todos los agentes implicados están muy inquietos y las presiones sobre los gobiernos y parlamentarios van en aumento. Sobran los documentos que narran los muy
malos modales exhibidos por las grandes corporaciones.

Toda la industria química (
cosmética,
perfumería, textil, alimentaria, abonos, plásticos,...) presiente que algo se está moviendo. Se acerca el día en el que tendrán que cambiar sus hábitos de producción y hacerse responsables de las consecuencias derivadas del uso incontrolado de productos, cuyos efectos se desconocen, pues de las 100.000 sustancias con las que convivimos cotidianamente, sólo disponemos de información de unas 3.000.
Reach llega tarde, pero representa la mejor oportunidad de enderezar el rumbo hacia el envenenamiento masivo. Desde 1930 la producción de sustancias químicas se ha multiplicado por 400. Lo que Reach pretende es crear una base de datos, gestionada por una Agencia europea independiente, sobre unas 30.000 sustancias, empezando en los 3 primeros años por aquellas cuya producción o importación supera las mil toneladas al año o por las que llamadas CMR (Cancerígenas, Mutágenas o tóxicas para el sistema Reproductivo). La base de datos se construirá sobre la base de un dossier que entregará el fabricante, lo que está suscitando mucho debate pues los industriales exigen que la carga de la prueba pase a la administración pública. Un debate interesante que nos está enseñando a convivir con las dificultades que plantea gestionar el principio de precaución.
La industria se niega a proporcionar datos toxicológicos y medioambientales, alegando que tales medidas provocarán un inmediato aumento de los costes y a la larga un estrangulamiento del sector.
La directiva tendrá efectos en todo el mundo. El propio secretario de comercio estadounidense parece querer involucrarse y se mencionan unas declaraciones suyas en las que habla de
operaciones para sabotear REACH. El lobby químico es poderoso y ha prometido el apocalipsis (deslocalización, burocratización, inflación) si la directiva se aprobara en su redacción actual.
Pero los
sindicatos,
consumidores,
ONG y
asociaciones médicas no están de acuerdo y exigen una verdadera auscultación de cada una de las moléculas potencialmente peligrosas, informando sobre su impacto ecológico y sanitario. La propia Comisión Europea ha encargado informes donde se reconoce que
debido a REACH las empresas químicas tendrán que invertir 5.200 millones de euros extra en los próximos 15 años, lo que representa el 0.09% del volumen de negocio que tienen en Europa.
Durante los próximos días es previsible que se produzca
una movilización que ya ha comenzado. La
Association française pour la Recherche Thérapeutique Anti-Cacéreuse (ARTAC) acaba de hacer pública
una declaración exigiendo la mayor severidad para REACH. ARTAC es una organización que agrupa a numerosos científicos franceses, mil ONG's y unos 150.000 ciudadanos (pulsa
aquí si quieres adherirte para llagar al millón de firmas, o
aquí si quieres saber lo que se puede hacer). También se puede presionar al parlamento invlocrándose en la
Chemical Reaction. Entre
los científicos que avalan la inciativa, vertebrada alrededor de la llamada declaración
Appel de Paris (
en español) que nos previene contra la polución química, se encuentran François Jacob, Jean Dausset, Yves Coppens, Luc Montaignier o Jean Bernard.
También firmó la citada declaración el Committee of European Doctors (CMPE), que actúa en nombre de numerosas organizaciones o sindicatos médicos de los 25 países miembros de la Unión Europea y que agrupan a unos dos millones de profesionales. Y es que los datos que manejan son escandalosos, pues hay serios indicios de que
la polución química es responsable de que 1 de cada 7 niños sufra asma y de que el 15% de las parejas no pueden tener hijos.
Greenpeace también ha sido puntual a la cita y ha presentado hace unos días (el 3 de noviembre) un informe,
Nadando en químicos, con datos procedentes de 10 países, que analiza la polución de nuestras aguas y, en consecuencia, la presencia de sustancias químicas en las anguilas. Los resultados confirman los peores augurios. El estudio ha encontrado, entre ottras sustancias peligrosas y bioacumulativas, los temidos
retardantes de la llama bromados (BFR, presentes en tejidos, plásticos y aparatos electrónicos), así como dosis importantes de PCB, unos tóxicos que dejaron de utilizarse en los años 70.