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martes, 08 de noviembre de 2005

Cada día es más frecuente ver a los científicos en los media, como también verlos discrepar abiertamente. Los ciudadanos, sin embargo, no saben si todas las opiniones expresadas son igualmente rigurosas. [Antonio Lafuente]

La semana pasada, me entero vía Chris C. Mooney, ocurrió un pequeño incidente en un encuentro organizado por la American Meteorological Society sobre huracanes y cambio climático. Participaban tres científicos de muy alto nivel, autores de más de cien artículos en revistas de prestigio (peer review journal). Aunque con matices, los tres estaban de acuerdo en que era posible establecer una relación entre los dos fenómenos. Entonces tomó la palabra, un asistente que, hablando en nombre de los autodenominados escépticos, preguntó a los organizadores por qué no se había invitado a alguien que balanceara los puntos de vista, alguien, digamos, contrario a la tesis de que es la actividad humana la responsable del cambio climático.


Los escépticos, lo sabemos, son un grupo heterogéneo que, en términos generales, está acusando a los partidarios del cambio climático de ser izquiedistas, dogmáticos y catastrofistas. Hay pruebas (aquí mismo en este blog las hemos presentado) de que trabajan al servicio de los grandes intereses petroquímicos sin otro propósito que sembrar confusión y ganar tiempo. Pero, podría ser que (con agenda oculta o no) acabaran teniendo mucho peso en la opinión pública o (como ahora mismo sucede en Estados Unidos) mucha influencia en el gobierno.

No es asunto liviano, pues aparece junto a otros casos parecidos, como sucede con el debate recurrente evolucionismo/creacionismo, y seguro que podríamos sacar alguno más. Ya lo hemos dicho: se trata de gentes sin ningún fundamento científico y con mucho fundamento mediático. Es justo reconocer que a veces algún sector del movimiento ecologista (pues estas cosas no sólo suceden en los grupos reaccionarios) ha sembrado alarmas difícilmente justificables, pero sin embargo muy populares.

En fin, que estamos ante un problema complejo, de esos que caracterizan el mundo en que vivimos. Son muchas las preguntas que acuden buscando discusión. ¿Habría entonces que invitar a los escépticos a expresarse en los foros científicos? ¿Será suficiente con cederles alguna posición en los debates más mediáticos (los que suceden ante las cámaras o en la radio), mientras se reserva la academia para quienes puedan acreditar méritos científicos contrastados? ¿Pedir una mesa más equilibrada (como se hizo en el caso que suscita este post) es lo mismo que apoyar las configuraciones que compensen ciertas desigualdades históricas, como las de género (hombres/mujeres), las de sesgo ideológico (derechas/izquierdas), las de clase (ricos/pobres), o las geopolíticas (norte/sur; oriente/occidente)?

Y si ya hubiéramos tomado partido. Si la decisión fuera preservar para la ciencia un espacio descontaminado de cualquier sesgo no académico, ¿cómo podríamos evitar que fuese corrompido, como ya sucedió durante el período de la Alemania de Hitler, la Rusia de Stalin, la China de Mao o supuestamente, según Mooney, en la América de Bush? ¿Qué podemos hacer los ciudadanos para defender este ámbito de objetividad, una de las rocas que sostienen nuestro sistema de valores? ¿Y los científicos, qué están haciendo, qué más podrían hacer?

1:24 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (0)