El crecimiento de la web es tan rápido como efímeras sus páginas, lo que plantea el problema de la memoria en la era digital. [Antonio Lafuente]
La vida media de una web ronda los 100 días, lo que quiere decir que después de 4 meses desaparece o cambian sus contenidos. En abril de 1991 se estimó que más del 93% de toda la información en el mundo nace ya digital. Una cifra tanto más importante cuando conocemos que sólo el 0,003% de la información que generamos se imprime. Según los cálculos de Peter Lyman,
Archiving the World Wide Web (2002), la web crece a un ritmo de 7 millones de páginas diarias que, no obstante, tardan poco en desaparecer. Así, por ejemplo, el 44% de las páginas encontradas en 1998 no existían en 1999, y al buscarlas Google devolvía el fastidioso "
Error 404".
En el ciberespacio
hay mucha información, pero es efímera, una circunstancia que plantea muchos problemas. Los políticos, por ejemplo, llenan el ciberespacio de promesas que desaparecen tan pronto acaban las elecciones. Muchas páginas institucionales, públicas o privadas, propietarias o altruistas, aprovechan las actualizaciones para corregir puntos de vista o datos previamente difundidos. También son frecuentes las webs pagadas con fondos públicos que apenas permanecen abiertas un año, el tiempo necesario para justificar el gasto y nada más.
Pero hay más. Publicar en la red puede ser como escribir en la arena. Si nada lo remedia
avanzamos hacia una era paradójicamente oscura, con mucha información y poca memoria. Se calcula que un vídeo puede durar 20 años, mientras que un CD-ROM estaría operativo por unos 50 años, pero que los de CD de calidad media (los que usamos con más frecuencia) dejarán de ser legibles en unos cinco años. Muchos hablan del advenimiento de una nueva
Dark Age.

La memoria digital es un bien muy volátil. El
Internet Archive, fundado en 1996 por
Brewster Kahle, antes fundador de
Alexa y más recientemente de la
Open Content Alliance, OCA, ha nacido para preservar la historia de la red. Así, mediante su buscador
Wayback Machine se

puede encontrar la evolución de una página en el tiempo, pues cada seis meses viene haciendo una fotografía de Internet. No está todo, pues faltan las páginas que restringen el acceso mediante
password, registro previo, reconocimiento de IP o cualquier otro protocolo; tampoco están las páginas dinámicas (las que se confeccionan a la carta bajo demanda del usuario), las huérfanas (no contienen links, ni son enlazadas), ni la mayoría de las bases de datos, correos electrónicos, chats o sms.
La información archivada, sin embargo, es gigantesca. Actualmente, el
Internet Archive ocupa 1 Petabyte (1Pb, es decir, mil millones de Megabytes) y crece un un ritmo de 20 Terabytes al mes, o sea de 20 millones de Mb). Para entender la magnitud de las cifras es menester decir que cada mes el Internet Archive crece tanto la totalidad de la US Library of Congress (Washington), la más grande mundo, un fondo librario que cuenta con 18 millones de volúmenes, situados en unos mil kilómetros de anaqueles.
El IA, como es fácil imaginar, es una fundación altruista que ofrece acceso libe y gratuito a investigadores, eruditos y demás ciudadanos interesados en la historia de Internet, una historia y un medio que, según vamos viendo, cada día se entrelazará de forma más imperceptible con la de la humanidad. La mención a los investigadores y eruditos, antes de acabar mencionando a todo el mundo, no debe desanimar a nadie, pues sólo es un recurso retórico para evitar la trampa (¡y el actual y creciente abuso!) de los derechos de propiedad, pues mucha de la información archivada (cuyo dueño ni quiere -por obsoleta- ni puede -por costosa- conservar) podría suscitar disputas sobre su uso fuera de los medios académicos y/o sin fines de lucro. El Archivo de Internet, como otras muchas empresas donadas al procomún, es otra iniciativa que sólo es sostenible en el marco de la economía del don.