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martes, 18 de octubre de 2005

Harvard reconoce que la litigación es una forma legítima de participación ciudadana en ciencia. [Antonio Lafuente]

Harvard School of Public Health (HSPH) ha concedido su más alto galardón, el Julius Richmond Award, a Erin Borockovich, la californiana que inspiró la película que, tras la espléndida interpretación de Julia Roberts, no sólo la catapultó a la fama, sino que la convirtió en un icono de las luchas ciudadanas en defensa de la salud y el medioambiente.

Quienes vieron la película, supuestamente "basada en un hecho real", recordarán que Brockovich/Roberts le ganó un pleito a la Pacific Gas and Electricity por haber contaminado el agua potable de la ciudad de Hinkley (California) con cromo 6, una sustancia cancerígena. La sentencia implicó una indemnización para los afectados de 333 millones de dólares, una prima de otros 2 milllones para la luchadora y, lo más importante, fue una de las primeras class action, un juicio en el que los grupos de consumidores o afectados pueden querellarse colectivamente alegando prácticas abusivas de alguna empresa.

El galardón se entrega hoy 18 de octubre y ha provocado un alud de manifestaciones de protesta. La presidenta del American Council on Science and Health, un think tank de orientación conservadora radicado en New York, ha lanzado sobre Harvard los calificativos más duros, hablando de que la verdad ha muerto al premiarse a un personaje que nada sabe de bioquímica o medicina y que sólo vale para un poster que anuncie la ciencia basura (junk science). Entre otras, se hace la siguiente reflexión: "Llevo mucho tiempo afirmando que la salud pública no es una ciencia, ni una discplina seria. Es un movimiento ideológicamente impulsado, que desdeña la ciencia y los hechos. El así llamado "movimiento por la salud pública" tiene poca, si alguna, relación con proteger la salud y mucho con atacar la rentabilidad del sistema, la libre empresa y los valores tradicionales, usando los tribunales para manipular y redistribuir la riqueza".

Está claro que la ACSH no está de broma y ha emprendido una campaña (apoyada por Spiked y otros medios) para desprestigiar a la Brockovich y, de paso, cuestionar la legitimidad de la ligitación como una de las formas de participación ciudadana en ciencia. Michael Fumento explica que la sentencia se pronunció sin pruebas y presenta muchos datos de gran interés. Concluye que este tipo de batallas deben resolverse con más ciencia y menos presión mediática.

Lo que ha hecho Harvard, dicen sus muy enfadados críticos, es desacreditase de forma irreparable y dar aliento a los muchos carroñeros (de la ley, de la ciencia y de la prensa) que viven del bullicio y se aprovechan del miedo. Una polémica interesante que, cuando baje el tono agrio que todavía tiene, tal vez nos permita discutir con serenidad el nuevo papel de los abogados, los legisladores, los media, los activistas y los jurados en la resolución de debates científicos. 

1:14 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (5)