Hay muchos motivos para dedicar un día a celebrar Linux y, siendo importantes los meramente tecnológicos, los que emocionan (al menos a los legos), son de carácter ético y cultural. [Antonio Lafuente]

Para quien está atento, siempre hay muchas cosas que celebrar: linux es una.de las que acumula mayores méritos. Porque, no lo olvidemos, Linux es una tecnología, pero también una cultura. Lo más interesante es que ambas se codeterminan o, en otros términos, que ninguna sobreviviría sin la otra. Así, el
Linux Day (10 de septiembre) es una iniciativa a la que nos sumamos y explicamos su porqué.
Yo me acuso de ser linuxero, no tanto porque, como reconocen muchos expertos, sea una tecnología más eficiente, flexible, estable y barata, sino, sobre todo, por los valores que han vertebrado su producción y que ahora contribuye a sostener. Y, según creo, eso es lo que nos anima a la mayor parte de los
29 millones de usuarios que hay en el mundo. Es español, Barrapunto es la referencia obligada. Hoy, por ejemplo, nos informa de que ya
hay en España más de 400 empresas que dan soporte a Linux.

No se una palabra de programación y mi cultura informática es prácticamente nula, pero la distribución
Ubuntu me ha permitido dar el salto a un sistema operativo que, aunque sólo sea, por
la filosofía que lo sostiene merecería contar con el aplauso común. Pero es que además, el sueño de quienes hicieron linux (liberar las tecnologías que garantizan la comunicación con y entre las máquinas), se ha extendido a otros proyectos en los ámbitos de la programación, internet, bases de datos, programas de escritorio, plataformas web y el llamado social software.
Un sistema operativo es un logro, pero valdría de poco si no viniera integrado con un sin fin de paquetes de software que sirvan para manejar periféricos (impresoras, vídeo...), navegar por la red, resolver problemas de oficina (textos, presentaciones), elaborar bases de datos, gestionar imágenes o recibir correo. El ensamblaje de todas estos programas y su posterior puesta a disposición de quien se los quiera bajar es lo que se llama una distribución. Hay varias, ya hemos mencionado Ubuntu, y seguro que comienzan a ser algo más conocidas los nombre de otras, como Red Hat, Susse, Mandrake,... aunque la más importante, la que suscita mayor adhesión entre los hackers es
Debian,
la roca sobre la que construir, como se la denomina en Ubuntu y que ofrece más de 15.000 paquetes integrados.

Debian (
ver su historia) es la mayor colección de software integrado y distribuido existente. Y
está siendo usada por importantes instituciones y empresas. Ha involucrado a unos mil desarrolladores procedentes de 47 países. En su versión actual contiene más de
230 millones de líneas de código, está traducido a 195 lenguas, cuenta con 14.000 personas probando los paquetes para detectar errores, siendo 14.000 los ya identificados y corregidos. La comunidad que sostiene este inmenso proyecto ha regalado al dominio público, el procomún, el fruto de un trabajo, cuyo coste total si se hubieran pagado las distintas contribuciones a precios de mercado, superaría los 200 mil millones de dólares.

Además de los programadores hay que mencionar a los Grupos de Usuarios, actores decisivos de la comunidad y que, sólo en España, según el
Libro Blanco del Software Libre en España, son unos 162. Quienes quieran saber algo más sobre estos colectivos en el mundo hispano parlante no tiene más remedio que estar atentos a
esdebian e
Hispalinux (7.000 socios registrados).
Hay muchos motivos para homenajear a quienes crearon y mantienen vivo Linux. Y el énfasis hay que ponerlo en la condición de
open source (códigpo abierto), o,
mejor aún, software libre, lo que no significa simplemente gratuito. El código es abierto y, por tanto, copiable y modificable al gusto del consumidor, sin otra restricción que la de originar nuevos productos que también sean OS. La licencia que garantiza el dominio público, llamada
GPL (General Public Licence), está incorporada en el programa mismo y es, entonces, una innovación jurídica, pero también tecnológica.
Para trabajar miles de personas desde diferentes lugares del mundo hubo que desarrollar un enjambre de tecnologías que permitieran la modularización de los objetivos, la estadarización de formatos, el trabajo en red, la memoria de todos los registros y modificaciones introducidas o el intercambio tipo Napster de archivos vía P2P, innovaciones que están en el origen del espectacular desarrollo de Internet. Pero es que, además, las mencionadas tecnologías fueron implementadas para mantener un modelo de comunidad de carácter horizontal, colaborativo y cosmopolita, que se regulaba por las reglas de la meritocracia y la economía del don.