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viernes, 02 de septiembre de 2005

La noticia del redescubrimiento del una especie de pájaro carpintero que se creía desaparecida hace más evidente la enorme magnitud del movimiento de la ornitología amateur. [Antonio Lafuente]

Los ecos de las catástrofes recientes amenazan con ahogar el eco de una noticia que para los birders, los amantes de los pájaros, los pajaristas, se ha convertido en un símbolo que alimenta su esperanza de que algunas cosas puedan ir a mejor. El 25 de de abril último pudo grabarse un vídeo de baja resolución que en apariencia mostraba al carpintero El carpintero real o ivory woodpeckerreal (ivory-billed woodpecker o, también, campephilus principalis), un pájaro de bosque carismático, como lo son las ballenas en los océanos o los lobos en el monte, que se consideraba extinguido desde hace varias décadas.

Hoy, The New York Times se hace eco de una noticia que corre como reguero de pólvora por la red. El asunto es que no hay consenso entre los ornitólogos en que las pruebas presentadas sean concluyentes, pues tanto el vídeo de 4 segundos presentado el 24 de abril en un reciente congreso de la American Ornithologists' Union en Santa Barbara (California), como las grabaciones de su canto y repiqueteo, son discutidas por otros académicos, ver la revista Science del 28 de abril.

Los investigadores del Cornell Lab of Ornithology que habían expresado ya su satisfacción y contribuido a fomentar el entusiasmo entre los pajaristas, no han tenido más remedio que reconocer que también ellos podrían haber sido víctimas de la propia presión mediática que habían contribuido a excitar. Las evidencias, en efecto, son indirectas: ni siquiera hay una foto de calidad. Hay una web Rediscovering Ivory-Billed Woodpecker donde estos y otros documentos están accesibles. Y, en consecuencia, los de Cornell han invitado a la prudencia y anunciado nuevas expediciones científicas.

Para quienes no somos ornitólogos, ni pajaristas, es difícil entender que un descubrimiento así pueda producir tanto tumulto.  Algunos datos nos ayudarán a entender el asunto, pues estamos hablando de un movimiento mundial, el de los aficionados a la observación de los pájaros, que sólo en Estados Unidos, según datos de Birders United basados en estimaciones de National Geographic, podría movilizar a 15 millones de votantes. También en Europa las cifras son espectaculares, como mostraremos en otro post.

Los pajaristas amateurs son multitudes. Según, un estudio de David Scott de Texas A&M University, el National Survey (1996) contabilizó 63 millones de ciudadanos muy interesados en la observación de la vida salvaje y la naturaleza silvestre. El National Survey of Recreation and the Environment (1993-94) concluía que entre 1982 y 1994 el número de americanos que decían haber ido a observar pájaros creció desde 21 hasta 54 millones. Un 12%, cerca de 6 millones, declararon haber dedicado más de 25 días al año a esta actividad. Otros estudios recientes concluyen que el número de birdwatcher, observadores de pájaros, llega a 46 millones, entre los que hay 1,3 millones que afirman ser capaces de identificar más de 40 pájaros diferentes. Entre viajes, prismáticos, guías, material fotográfico,... estamos hablando de un colectivo que gasta entre 25.000 y 32.000 millones de dólares al año y que es responsable directo de unos 6000 empleos. Sin duda, en Estados Unidos, observar pájaros es una gran industria.

Mirar pájaros es un gran negocio construido alrededor de un caudal inmenso de amor a la naturaleza y al conocimiento. Y, sobre este mundo de la ornitología amateur, el Cornell Lab Ornithology, CLO ejerce un liderazgo intelectual y moral. No en vano fue allí donde se acuñó el término citizen science y la institución que supo interpretar los deseos de tantos ciudadanos inventando proyectos de colaboración entre aficionados y académicos que diluían la ya no tan estricta (o vigilada) frontera entre ciencia y divulgación, además de garantizar el flujo de ciencia hacía la ciudadanía y el de ciudadanos hacia la ciencia. Hay mucha información acerca de lo que decimos.

FeederWatch se propone observar entre noviembre y abril de cada año la conducta de los pájaros que se acercan a los comederos situados cerca del lugar donde residen los birders. El número de registros enviados por los 16.000 pajaristas crece cada año y, tras los 99.400 correspondientes a la campaña 2003-2004, la base de datos ya logró alcanzar la cifra del millón de registros.

The Birdhouse Network, TBN es uno de los proyectos más interesantes. Desde que se puso en marcha no ha dejado de crecer, involucrando desde los 3144 participantes en 1996 y a los 6418 en 2000. Su trabajo consistió en recoger datos (nidos, huevos, alimentos, fechas,...) desde sus observatorios de patio trasero y después remitirlos on-line desde su gabinete doméstico virtual. Ya hay más de 50.000 registros que han permitido la publicación de 8 artículos en revistas de prestigio. Si se hubiera realizado este proyecto contratando al personal se habrían necesitado unas 175.960 horas de trabajo que, pagadas al modesto precio de 15 dólares por hora, habrían supuesto para la Universidad de Cornell una inversión de unos 2,6 millones de dólares. 

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