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martes, 30 de agosto de 2005

Una vez más se cierra el cerco contra la homeopatía. Sin embargo, hay millones pacientes que apuestan por la coexistencia de varias racionalidades médicas y, en consecuencia, los problemas que esto planea no parece que puedan resolverse sin salir del laboratorio. [Antonio Lafuente]

Hace unos días, el 26 de agosto, la revista The Lancet (abstract) publicó un estudio que, a juicio de los autores, probaba que las terapias homeopáticas no son más eficaces que los simples placebos. Una vez más en los últimos 150 años la medicina científica, o alopática como la llaman quienes defienden otras prácticas alternativas, salía al ruedo para defender una ortodoxia que considera amenazada y proteger a los ciudadanos contra charlatanes, yerneros, magos, chamanes y demás practicones que pululan por nuestras ciudades.

El asunto merece mayor comentario porque en este spiked debate (debate punzante) se dan varias circunstancias de mucho interés, como son la creciente popularidad, la inquietante legitimización por parte de la OMS y, desde luego, la notable incertidumbre que crea el conflicto de pareceres entre los expertos.

En efecto, los datos son contundentes.  Se calcula que en el mundo hay unos 100 mil médicos que la practican, unos 500 millones de enfermos que la solicitan y que el negocio de la venta de productos alcanza los 1000 millones de dólares.. En Europa, el 40% de los médicos franceses y holandeses, el 37% de los británicos y el 20% de los alemanes usan complementos homeopáticos en sus recetas. En el Reino Unido son ya más de 47.000 los practicantes de medicinas alternativas y se calcula que gastan unos 90 millones de euros en este tipo de tratamientos (acupuntura, reflexología y herbolaria principalmente). En Estados Unidos el mercado homeopáticos crece al ritmo de un 20% anual y en 1996 había unos 3000 médicos homeópatas. Una cifras que se quedan ridículas si las comparamos con las de la India en donde hay mñás de 300.000 homeópatas cualificados, 180 colegios, 7500 clínicas y 307 hospitales.

Tenemos más cifras pero basta con las mencionadas para comprobar la magnitud del problema. La gente dice que se siente mejor, pero los médicos afirman que la homeopatía carece de fundamento científico, y que sólo es un placebo. El poder sanador entonces, dicen sus críticos, no pertenece a la substancia que se ingiere sino que está en la capacidad de sugestión de cada enfermo. Este es un punto interesante porque hay muchos médicos (y desde luego pacientes) que lamentan el poco caso que se hace al enfermo en nuestro sistema sanitario, siempre masificado, además de obsesionado con diagnosticar una patología antes que con tratar a un enfermo. Los homeópatas, en cambio, afirman que su trabajo no es curar enfermedades, sino tratar seres humanos.

El caso es que, el efecto placebo es un factor que está volviéndose a discutir porque, no son pocos los investigadores que afirman que en algunas enfermedades su efecto benefactor podrían llegar hasta el 75% de los tratamientos. Tales consideraciones estarían desplazando el centro de decisiones de este debate desde el laboratorio de bioquímica hasta la consulta médica. Estaríamos entonces quizás desandando el camino de la medicalización y regresando en parte hacia la humanización de la enfermedad.

Hablábamos de legitimización porque se dan varias circunstancias que no pueden ser soslayadas. La Organización Mundial de la Salud está preparando un informe sobre medicinas alternativas que al parecer, lejos de condenarlas, estaría muy cercado a recomendarlas como prácticas complementarias. La propia The Lancet saca otro articulo para denunciar esta deriva de la OMS, pues, al igual que ya hicieran respecto a la acupuntura en 2003, el borrador que se conoce afirma que la homeopatía no es un placebo. El Principe de Gales está también auspiciando otro informe secreto que acabaría recomendando la coexistenbcia pacifíca de muchas prácticas sanatorias, argumentando que además de eficaces, supondrían para el Reino Unido un ahorro de muchos millones de libras.

Pero es que hay informes de organismos oficiales de salud pública en varios países que, aunque expresa algunas dudas o prevenciones, en la práctica está admitiendo su uso y, en consecuencia, otorgando legitimidad a su creciente popularidad. Todo indica que los partidarios de la homeopatía han logrado traspasar las controles de calidad médicos y, para combatirlos ahora, como se explica en Le Monde, habrá que desacreditar una enorme cantidad de literatura científica publicada en revistas nada sospechosas de hechicería.

De hecho el referido estudio publicado el The Lancet, al parecer realizado para contrarestar el mencionado estudio encargado por la OMS, se basa en el análisis de todos los artículos incluidos en 19 reconocidas bases de datos de publicaciones médicas que había estudiado la eficacia de los remedios homeopáticos y concluido que era mucho mayor que la otorgada a los placebos. La revista publica un contundente editorial, The end of homeopathy, en el que reclama a los médicos que sean "honestos con sus pacientes sobre la inutilidad de la homeopatía".

El problema, sin embargo, es más agudo y no meramente bioquímico, aunque sólo sea porque estamos hablando de millones de pacientes convencidos, de prácticas que tienen siglos y de poderosos intereses involucrados. 

18:35 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (1)