La región de París pone en marcha un novedoso programa de movilización de la ciencia que busca forjar nuevas alianzas entre la dos repúblicas, la de los sabios y la de los ciudadanos. [Antonio Lafuente]
La región de Ile-de-France, que incluye la ciudad de París, tiene actualmente abierta una convocatoria de proyectos de investigación
Partenariats institutions-citoyens pour la recherche et l'innovation, PICRI cuyo objetivo es promover la más estrecha colaboración entre los laboratorios públicos de investigación y las organizaciones cívicas sin fines de lucro.
La iniciativa es presentada como una consecuencia directa de los debates surgidos en 2004 a partir del movimiento
Sauvons la recherche y que concluyeron en los
Etats Généraux de la Recherche, en cuyo informe final (pp. 22-23) se recomienda, entre otras medidas, crear los mecanismos que permitan identificar objetos de estudio desatendidos por los investigadores o la industria, favorecer los contactos entre los colectivos ciudadanos y los centros de investigación para se puedan formular proyectos conjuntos.
Sciences Citoyennes da cuenta de esta extraordinaria novedad explicando que la gran movilización social promovida por la convocatoria de los Etats Généraux sirvió para dejar claras varias lecciones que no conviene olvidar:
- el retorno de la ciencia al debate público: una oportunidad que debe aprovecharse para crear nuevos mecanismos de interacción, pues los gestores públicos tiene mucho que aprender de las propuestas que vengan de la sociedad civil.
- la responsabilidad colectiva respecto a los jóvenes
- la importancia de plantearse la cuestión del futuro en una sociedad adicta a la inmediatez.
- la posibilidad de cambiar la realidad colectivamente.
El carácter excepcional de la convocatoria se refuerza con la forma en la que es explica la importancia de una iniciativa que pretende, lo conocemos via SciencesCitoyennes, movilizar y poner en valor los saberes e innovaciones surgidas de diferentes actores sociales reconocidos. Se menciona a continuación como experiencias a que avalan la iniciativa la revolución del software libre, la gestión campesina de la biodiversidad, el desarrollo de laboratorios cívicos, el incremento de la capacidad de asesoramiento de las ONG internacionales, la coproducción de saberes terapéuticos entre médicos y enfermos, o la existencia de proyectos exitosos de esta naturaleza en otros países, como el programa ARUC, Alliances de recherche université-communauté en Canada en el que se inspira el aquí mencionado.
La preparación del PICRI se ha hecho a conciencia. Una mesa redonda (Nouveaux acteurs, nouveaux dispositifs pour la recherche en île-de-france) reunió unos cuantos entusiastas que, sin embargo, quieren evitar los tradicionales peligros que amenazan iniciativas de este tipo:
Pierre-Benoît Joly menciona la tentación de que sean instrumentalizados al servicio de otros intereses o la no menos grave deriva hacia su sometimiento al dictamen de los sondeos de opinión.
Marc Lipinski, responsable del programa, no quiere que se conviertan en teatros para el diletantismo y aboga por la creación de estructuras basadas en el rigor, dotadas con las herramientas adecuadas.
Claudia Neubauer, Sciences Citoyennes, advierte que el mayor reto es elegir bien los objetos de trabajo, tratando de no desengañar las renovadas expectativas emergentes.
Chistophe Bonneil reflexiona sobre la ruta que debe seguir un sistema de ciencia y tecnología orientado hacia los científicos mismos y hacia la producción de objetos patentables para volver a conectar con una ciudadanía que desconfía con demasiada frecuencia de sus instituciones científicas.
Martin Hirsch propone acelerar el tránsito desde las tradicionales políticas R&D (en castellano I+D, Investigación y Desarrollo) al sistema R&DP (I+DP, Investigación+Democracia Participativa).