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lunes, 22 de agosto de 2005

La expansión de la web sigue imparable. Entre todos los cambios que está introduciendo en nuestras vidas, ninguno más espectacular e inesperado que la proliferación de todo tipo de comunidades [Antonio  Lafuente]

Decir que la web sigue expandiéndose ya no es noticia. La novedad del momento, explica Kevin Kelly en Wired, es la imponente pujanza del sin fin de comunidades virtuales. El artículo analiza los principales cambios experimentados por la web desde 1995, aprovechando la ocasión del décimo aniversario del lanzamiento de Netscape (y también de eBay) la herramienta que popularizó la navegación por la red o, en otros términos, que puso al alcance de todos una información hasta entonces reservada para los académicos, los militares y otras minorías privilegiadas.

Afirma Kelly que la verdadera revolución producida por la apertura a las masas de Internet está en las nuevas formas de participación que desde entonces han promovido una (nueva) cultura basada en el hábito de compartir. Esto es importante porque no sólo estamos hablando de valores (los auspiciados por quienes apuestan por la democratización del conocimiento y de los medios para producirlo y sostenerlo), sino también de las tecnologías disponibles. Hablamos del llamado social software, cuyo uso impone prácticas colaborativas, públicas, horizontales y cosmopolitas, creando espacios de comunicación y vertebración social donde se diluyen las fronteras entre autor/lector, experto/amateur, natural/artificial. Y, ciertamente, asistimos a nuevos estilos de pensamiento y acción, en parte humamos (neuronales) y en parte maquínicos (computacionales), nunca antes experimentados con tanta intensidad y, mucho menos, de forma tan generalizada. Sobre la evolución y definiciones del concepto social software, ver el estupendo blog de Cristopher Allen, Life With Alacrity.

El número de páginas web, incluidas las que se generan dinámicamente en respuesta a una demanda, alcanza ya los 600 mil millones, 100 páginas por cada persona viva. En menos de 4000 días, desde el nacimiento de Netscape allá por 1995, ya hay mil millones de gentes con acceso a la red y todo esto se hizo sin un plan preconcebido. ¿Y qué decir de eBay? Un portal en donde cada año la gente organiza 1.400 millones de subastas y cuya seguridad es controlada por esta inmensa comunidad de usuarios que, mediante 3.000 millones de comentarios, se advierten entre sí de lo que pueda ser sospechoso de malas prácticas. El año pasado la gente usó eBay, esta especie de rastro global (global flea market), para gastarse, por ejemplo, 11.000 millones dólares en coches.

En fin, hay estudios que prueban que el 40% del tráfico en la red es comercial, pero el resto desempeña funciones muy diversas. Tampoco se puede decir que es una asunto de hombres y de jovenzuelos. A comienzos de 2002, según Nielsen/NetRatings, por primera vez el 52% de los interrnautas eran mujeres y el 47% de los navegantes tenía entre 25 y 49 años. Hace tiempo pues que viene desmoronándose el mito de que Internet era un asunto para chavales (machos e imberbes).

Google transforma los links que vinculan unas páginas a otras y el tráfico por la red que generan los 2.000 millones de búsquedas mensuales en una nueva manera de organizar la información, el conocimiento, la autoridad y la popularidad, de ahí su inesperada influencia en la cultura y en la economía. Internet, considerada globalmente, funciona como una máquina capaz de procesar cada segundo un millón de mensajes de correo y unos cien mil mensajes instantáneos. Los analistas, sin embargo, coinciden en señalar que de todos los fenómenos que estamos comentando ninguno es más intrigante que el de los blogs, cuya cifra alcanza ya los 50 millones, apareciendo uno nuevo cada dos segundos.

Las cifras no dejan de sorprendernos, aunque pueda aburrirnos saber que, por ejemplo, según Red Herring, son ya 49.5 millones los americanos (el 30% de los usuarios de Internet y la sexta parte de la población total) los que tiene el hábito de visitar algún blog. Y, los blogs, como se explica en We Media (en especial en el capítulo 4, The rules of participation), al igual que otras tecnologías sociales (wikis, foros, listas de correo, chat, P2P,...) dan cuenta de la emergencia de comunidades que ofrecen a sus miembros la oportunidad de desplegar sus aficiones, hacer amistades, ganar cierta fama y, a veces, influir en la marcha de las cosas.

Las noticias, tanto la producción como la distribución, dejaron de ser un asunto de la incumbencia exclusiva de los grandes medios de masas (AOL, CNN,...), pues las masas ya disponen de medios a su alcance. Los blogs son expresión del éxito que tiene el creciente y masivo compromiso de la ciudadanía con la economía del don. Y es que como se sabe, no es el dinero la fuerza que crea la energía necesaria para producir, como hacen los blogueros, tan ingente volumen de información y crítica: la gente, al parecer, lo hace para lograr visibilidad y reconocimiento, así como para ponerle palabras a su inconformismo y dar forma a su deseo de compartir inquietudes con los demás.

Los blogs no son instrumentos mediáticos dispuestos para suministrar paquetes cerrados de información (como le sucede a la televisión, la prensa o las vallas publicitarias), sino que por su misma naturaleza (deberíamos decir, por su propia constitución técnica) otorgan nueva dignidad y mucha legitimidad a la posibilidad de crear opinión pública y fomentar la acción ciudadana. 

16:29 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (0)