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viernes, 12 de agosto de 2005

La deriva que están tomando las luchas por ampliar los derechos de propiedad acabaran por convertir nuestro mundo en una sociedad de piaratas. [Antonio Lafuente]

Las batallas por el control de la propiedad intelectual acabarán siendo verdaderamente chuscas. Entre tanto está claro que las multinacionales se han embarcado en una frenética carrera por controlar los recursos digitales y genéticos del mundo, una estrategia que acabará convirtiéndonos a todos en peligrosos delincuentes o, como calificó B. Gates a los partidarios del software libre, en nuevos comunistas.

Las compañías productoras de contenidos para los media (escritos, musicales, iconográficos,...) ven peligrar su negocio y en vez de adaptarse al mundo en el que vivimos, como se les recomienda desde The Economist, han emprendido una batalla contra las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, impidiéndoles introducir en el mercado lo que los consumidores quieren adquirir y lo que ni los Parlamentos ni la industria mediática quiere o sabe incorporar. 

Monsanto, informa Reuters, está trabajando para que se le permita patentar un sistema de crianza de cerdos que, según parece, vendrá posteriormente acompañado por la introducción de alguna modificación en el genoma del cerdo que le permita luchar también por otra patente. Si la operación le sale bien (aportando al mercado cerdos resistentes a ciertas enfermedades o sencillamente con menos grasas u otro color o textura en la carne) podría ambicionar sueños monopolíticos y dominar este mercado de carne. El asunto es que esta estrategia les fuerza a patentar seres vivos superiores, una alternativa difícil de justificar, pues les llevará mucho tiempo convencernos de que los cerdos son un invento cuya propiedad hay que proteger.

El International Rice Genome Sequencing Project, establecido en 1998 y que incluye a científicos de 10 países) terminó, informa Associated Press la secuenciación de 398 milllones de bases químicas que conforman los 37.544 genes del arroz. En fin, no faltarán empresas que utilizarán esta información para introducir alguna modificación genética que sea admitida como una innovación patentable y que, en consecuencia, para comer arroz tengamos que abonar derechos por algo que siempre estuvo allí y que ahora dejó de pertenecer al dominio público.

Podríamos seguir por esta línea porque sobran los ejemplos. Y, al igual que compartir la música o los libros, ya es un delito, pronto los campesinos de todo el mundo comenzarán a recibir cartas en las que alguna multinacional les recuerda que están incumpliendo las leyes internacionales cada vez que se comen un pollo al curri, aun cuando hayan renunciado a la igualmente penalizada guarnición de arroz.  En fin, que tendremos que encontrar algún remedio, antes de que nos obliguen a pasar todos a la clandestinidad. 

20:44 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (1)