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jueves, 11 de agosto de 2005

La investigación farmacológica mueve mucho dinero y nuevas formas de corrupción de las prácticas empresariales amenazan el correcto funcionamiento de instituciones como la Bolsa y la Universidad. [Antonio Lafuente]

The Seattle Times ha publicado recientemente unas cuantas noticias que hablan de médicos que se dejan corromper por algunas compañías de Wall Street. El asunto, lo hemos conocido vía Majikthise y Obsidian wings, se explica rápidamente: antes de que terminen las pruebas que deben confirmar si un potencial fármaco será o no eficiente, los investigadores, a cambio de dinero, le pasan la información a los brokers para que jueguen con ventaja en el mercado bursátil. Esta nueva forma de corrupción, agregada a otras que hemos tratado en tecnocidanos ($cience) y sobre las que ha elaborado un interesante resumen ScienceWeek, abundan en la lamentable deriva hacia la corporativización de la ciencia.

Los periodistas han encontrado al menos 26 casos de cesión fraudulenta de información confidencial. Según la mencionada fuente, los asesores financieros de élite estarían gastando hasta un millón de dólares al año para pagar (a razón de entre 300 y mil dólares la hora) a los investigadores dispuestos a contar lo que saben. Lo más escandaloso, si cabe, es que al parecer hay unos 60.000 biomédicos soplones en nómina, tres veces más que hace tres años.

Semejante conducta ha afectado a investigadores de procedentes de las Universidades más prestigiosas (UCLA, Pennsylvania,...) y a potentes empresas (Citigroup Smith Barney, UBS, Wachovia Securities) que han utilizado la información para especular con la compra vente de acciones de la grandes empresas farmacológicas.

El asunto es más grave de lo que parece porque todo el sistema de los ensayos clínicos está en peligro. Es muy probable que no se estén respetando los protocolos diseñados para asegurar que no haya desviaciones en la interpretación de los resultados. Así, por ejemplo, los biomédicos que hacen las pruebas deben duplicar los ensayos dándole a una parte de los pacientes (pertenecientes al banco de prueba) el potencial fármaco y a los restantes un simple placebo. En principio, tales datos no los conocen los clínicos encargados de analizar la evolución de los enfermos (para evitar que pueden ser influidos por sus propios prejuicios o por cualquier tipo de presión externa). Además, para mejorar la verosimilitud del proceso se toman otras garantías, como la de realizar los ensayos en varios hospitales y restringir tanto como sea posible el número dee personas que tiene acceso al conjunto de la información.

En fin, si alguien conoce y vende el estado de la investigación antes de que concluya, quiere decir que los protocolos de prueba no se han respetado, como también se vulneran los mecanismos que deberían proteger el mercado contra quienes lo corrompen haciendo uso de información privilegiada.

2:28 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (0)