Estudios recientes argumentan que la dispersión y suburbanización de las ciudades norteamericanas está motivada por la guerra nuclear. [Tiago Saraiva]
Son sin duda muy meritorias todas las iniciativas que nos recuerdan los horrores de lo nuclear y que nos advierten contra futuros holocaustos. Sin embargo, quizás ni sospechemos cómo la difusión de semejantes miedos han conformado e contribuido a reinventar nuestras ciudades.
Peter Galison, quizás el más destacado historiador de la ciencia del momento, nos cuenta en
War against the center que gran parte de la dispersión y suburbanización de las ciudades norteamericanas fue consecuencia directa de la guerra nuclear.
El argumento de Galison se resume con pocas palabras: durante la II Guerra Mundial los aliados crearon en el
United States Strategic Bombing Survey equipos de sociólogos, ingenieros, matemáticos y físicos para elaborar protocolos que permitieran "racionalizar" los bomdaeos y que, una vez terminado el conflicto, comenzaron a ver sus propias ciudades con la misma mirada que antes habían proyectado sobre las ciudades masacradas de Hiroshima, Nagasaki, Tokio, Hamburgo y Dresden.
Pronto surgieron mapas de Nueva York, Pittsburg o Wichita donde se probaba que le bastarían a los soviéticos unas pocas bombas atómicas para paralizar Estados Unidos. El gobierno federal movilizó entonces a estados, ayuntamientos, empresas y comunidades en una batalla contra los centros urbanos sobrepoblados y a favor de la dispersión de industrias y gentes por la periferia. En una historia que mezcla modelos matemáticos de dispersión de la radiación con el análisis de las tácticas propias de la especulación inmobiliaria, también cobran protagonismo las carreteras radiales y los circuitos de ronda diseñados para garantizar la evacuación rápida, asi como la interconexión entre fábricas y arrabales.
Las conexiones van incluso más lejos, pues en la celebrada
Rand Corporation, donde brillantes mentes matemáticas se dedicaban a los War Games de la guerra fría, se dibujó una nueva red de telecomunicaciones alternativa a la difusión desde un frágil nodo central, blanco perfecto de un ataque aéreo. Semejante propuesta de una red dispersa de múltiples centros fue un antecedente directo de ARPANET y de Internet.
Hay que reconocer que es muy provocador sugerir que gran parte de los discursos sobre la pérdida del centro y sobre la dispersión de la experiencia humana son consecuencia directa del miedo al holocausto nuclear. Pero todos esos relatos posmodernos de Eco o Braudillard originadps en paseos por las exurbes norteamericanas ganan nueva relevancia cuando comprendemos que tan extraños parajes son paisajes nucleares. La explosión del centro de la ciudad no es una mala metáfora literaria, sino la consecuencia de haber puesto Hiroshima en Chicago. Una eclosión que no es una exclusividad de las ciudades norteamericanas, pues también es apreciable en Hannover, Dusseldorf o Bremen, urbes en cuya reconstrucción se intentó que los servicios de salud, correos y policía puedieran sobrevivir a un ataque nuclear.