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jueves, 14 de julio de 2005

Los cazaplanetas siguen ganado crédito entre los astrónomos profesionales. [Antonio Lafuente]

El astrónomo californiano amateur R. Bissinger en su backyard observatoryLos astrónomos amateurs siguen dándonos buenas noticias. Hace unos días se hizo público el descubrimiento de HD 209458 b, un planeta extrasolar situado a unos 200 años de luz de la Tierra y tan masivo como Saturno. Futura sciences publica un buen resumen de esta  notica, aunque es Sky & Telescope la que acierta  a resaltar el papel del amateur Ron Bissinger, de quien se publica una imagen junto en su backyard observatory.

La noticia ha tenido más eco del esperado porque entre los 150 planetas extrasolares ya descubiertos, el que  orbita alrededor de la estrella HD 209458 tiene dos características especiales: primero, es muy masivo, lo que obliga a revisar nuestras teorías sobre el origen de este tipo de objetos celestes y, segundo, porque el hallazgo devuelve a la actualidad el asunto del papel de los amateurs en el desarrollo actual de la astronomía.

El planeta extrasolar HD 149026. Imagen de arteEn efecto, los datos proporcionados por Bissiger son de excelente calidad, según Gregory P. Laughlin, astrónomo de la Universidad de California, Santa Cruz, y confundador de Transitsearch.org , una red que ayuda a los amateurs a seguir haciendo nuevas contribuciones.

A la vista de la precisión de milimagnitudes alcanzada, Arne Handen, director de la American Association of Variable Star Observers, ha afirmado que cada día se hace más difusa la distinción amateur-profesional".


1:22 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (0)

La revalorización de la inteligencia colectiva (exteligencia) acumulada en las comunidades campesinas tradicionales está revelándose como pieza clave en la lucha contra el hambre y la enfermedad en África. [Nuria Valverde]

La organización Overseas Development Institute (ODI) publicó recientemente un informe sobre el impacto del SIDA en la sostenibilidad de la agricultura africana. La epidemia, que al principio afectaba a los núcleos urbanos, está sacudiendo las áreas rurales. Las muertes dejan las tierras sin trabajadores y, al parecer, están forzando la sustitución de los cultivos tradicionales por otros que requieren menos mano de obra, pero que, además de tener menor valor nutritivo, están acabando con el conocimiento local o conocimiento ecológico tradicional, así como con la posibilidad de su transmisión de una generación a la siguiente. 

Las consecuencias que se pueden anticipar son desoladoras: deficiencia inmunológica y deficiencia nutricional, sin contar la pérdida de prácticas asentadas (y bien contrastadas) que siempre siempre fueron el principal activo para detener el ciclo de las hambrunas endémicas (véanse los informes de RENEWAL). 

El SIDA no es el único factor que ha contribuido a redescubrir la simbiosis entre los cuerpos y las culturas, entre la bioinformación y la exteligencia (inteligencia colectiva). Los rápidos cambios culturales producidos por la globalización están impactando sobre la salud y el entorno de los pueblos afectados. No es extraño entonces que se estén buscando medidas que permitan recuperar la información tradicional (véase, por ejemplo, el informe de la FAO La tradition réinventée, o el proyecto In Situ en Perú, o GRAIN).

Las epidemias (incluidas la depresión, la anorexia o la obesidad) desvelan siempre la existencia de inesperados vacíos en la información colectiva. La comunidad se enfrenta a una situación que no sabe manejar porque carece de antecedentes: las normas, pautas y comportamientos que en otros tiempos la evitaban se han olvidado o perdido.

El problema entonces es cómo regular la exteligencia. Las sociedades más desarrolladas no habían sentido como propias estas pérdidas culturales, porque suponían que la validez de un remedio en Europa debía extenderse a, por ejemplo, el Indico. Hoy, sin embargo, no deja de crecer la conciencia de que al igual que no se puede privatizar el Genoma Humano, también debemos preservar estos bagajes culturales tradicionales.

Igualmente, tampoco es obvio el tránsito entre lo que aflige a un cuerpo (es decir, a un individuo) y lo que incide sobre un colectivo (y que, obviamente, afecta a una comunidad). Tales tránsitos, como prueba la relación entre agrobiodiversidad y SIDA, deben ser resueltos mejorando la gobernanza. Sólo un esfuerzo de gobernanza tecnológica (flexible, adaptada al terreno, a las necesidades y a los valores) puede ayudar a articular la erradicación de prácticas injustas, nocivas o dolorosas sin llevarse por delante un conocimiento tradicional y eficiente que a todos nos beneficia.

Proyectos de esta índole ya están en marcha (p.e., Sddimensions, de FAO); y algunos grupos, como el capitaneado por Pierre Lévy o la wiki TheTransitionier, están potenciando el análisis de la inteligencia colectiva para el desarrollo de las comunidades. Pero la pérdida irreparable de conocimiento local sigue siendo (moral y tecnológicamente) un escollo difícil de salvar.

0:21 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (0)