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lunes, 11 de julio de 2005

Muchos ciudadanos están exigiendo que revisemos nuestras convicciones sobre los supuestos beneficios de la experimentación con animales. Los activistas contra la vivisección se hacen más radicales y mientras algunos les acusan de terroristas, ellos hablan de segundo holocausto. [Antonio Lafuente]

Cada año mueren 100 millones de animales en los laboratorios de investigación (sin contar los que caen en instalaciones militares) en experimentos que tratan de averiguar los efectos de alguna terapia o intervención sobre el organismo. Los NIH gastaron en 1991 8.600 millones de dólares en animales para el laboratorio. En fin, no vamos a describir aquí la crueldad con la que se les tortura mediante ominosas pruebas cuya pertinencia (o validez o eficacia) es discutida por una minoría de científicos que han reconocido públicamente su vergüenza.

El 28 de febrero de 2004, un artículo publicado en BMJ, tras preguntarse si había evidencias de que la investigación animal beneficiara a los humanos, acababa recomendando que se revisaran en profundidad prácticas tan bien establecidas, como más justificadas. M. Weatherrall, director de los Wellcome Research Laboratories, escribía en abril de 1982 en Nature que "La insatisfactoria producción de efectos secundarios en humanos [de medicamentos] tras ser probados en animales es conocida desde hace tiempo... Cada especie tiene sus propios mecanismos metabólicos, y es improbable que dos especies metabolicen de la misma forma un medicamento". Un asunto que ha sido tratado con la debida erudición por los esposos Greek en Specious Science (DVM; Continuum Books, 2002). Cada día hay más científicos que niegan la hipótesis que legitima estas prácticas (vivisección), pues no es obvio que lo que vale en un animal no humano pueda ser extendido a nuestra especie.

De acuerdo con el General Accounting Office, el instrumento de investigación del Congreso de los EEUU, el 52% de los medicamentos aprobados entre 1976 y 1985 han provocado, pese a pasar las pruebas realizadas con animales, severos efectos secundarios (FDA Drug Review: Postapproval Risks 1976-1985, April, 1990). Algunos medicamentos que pasaron los tests tuvieron consecuencias trágicas al ser aplicados en humanos. La talidomida, por ejemplo, provocó que 10.000 niños llegaran al mundo con malformaciones congénitas. El clioquinol causó 30.000 casos de ceguera. La penicilina, cuyos efectos saludables son indiscutibles en humanos, mata a los conejillos de Indias, los gatos y los perros. La aspirina produce malformaciones en ratas, monos, gatos y perros. En fin, un famoso artículo publicado en 1998 en el Journal American Medical Association (caché) concluía que en 1994 murieron en los hospitales más de 100.000 pacientes debido a los efectos secundarios.

Muchos estudios han concluido también que el espectacular incremento de nuestra esperanza de vida en el siglo XX es anterior a la introducción de vacunas o tratamientos médicos derivados de la práctica de la vivisección. El Centre for Disease Control (CDC) tampoco dejaba dudas sobre este aspecto al concluir que el factor decisivo en la mejora de las expectativas de vida hay que buscarlo en el cambio generalizado de nuestros hábitos de vida.

Estamos hablando de muertes producidas por hambrunas, electroshoks, envenenamientos, congelación, radiactividad, quemaduras, cuando no por miedo ante los horrores que se le avecinan. Que me perdonen las víctimas del nazismo y los muchos científicos conscientes que están exigiendo elevar los niveles de vigilancia y responsabilidad. En silencio, cada día, mientras aparentamos no saber nada, en nuestras universidades y laboratorios se está perpetrando un segundo holocausto, como explica Charles Patterson en su excelente Eternal Treblinka (Lantern Books, 2002). Una cadena pública de televisión de San Francisco, Undercover TV, tiene ya disponibles para ser emitidos una serie de 12 episodios en donde se muestran sin tapujos estas prácticas. Quienes han visto algún capítulo anuncian que será una difícil prueba para todos los bienpensantes.

19:35 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (14)