Los éxitos del open access quedaran muy mermados (o, tal vez, en nada) si el movimiento no avanza en la dirección del open data. [Antonio Lafuente]
Muchos defensores del libre acceso al conocimiento todavía no comprenden la relación profunda entre Open Access y Open Data.
Peter Murray-Rust, de la Universidad de Cambridge, lo ha explicado recientemente en una
presentación on-line. No basta con acceder visualmente a los textos, pues para que sean plenamente útiles a los lectores y reutilizables en otros contextos/trabajos es imprescindible tener los datos. Más aún, los datos deben ser accesibles para las máquinas, pues aunque los humanos sólo

ven fotones, nuestras herramientas (hardware y software) necesitan datos, es decir objetos expresados en bits.
Por eso es tan importante la construcción de bases de datos. Sabemos que el 80%-90%de los datos de alta calidad producidos nunca salen de los laboratorios y que, en realidad, la subscripción a una revista no es otra cosa que la adquisición de un
password que asegura la accesibilidad a constelaciones de bases de datos. También por eso era tan esperanzadora la noticia de que Celera Genomics cedía a GenBank sus bases de datos tras el fracaso del plan de negocios (vender la secuenciación, entre otras, del genoma humano) diseñado por Craig Venter, el frustrado
Bloomberg de la biología.
Hace unos días ha saltado a la prensa la noticia de que la
American Chemical Society (ACS), la mayor asociación científica del mundo,
se opone a que sea libre y gratuito el acceso a la base de datos PubChem, una de las bases de datos desarrolladas por el National Center for Biotecnology Information (NCBI) y cuyo servicio es asegurado por los
National Institutes of Health (NIH), la principal agencia federal norteamericana destinada a la investigación biosanitaria.
PubChem fue creada en 2004 y fue concebida como una herramienta de investigación que debía ser ampliada, corregida y mejorada por los mismos científicos que la usaban. En la actualidad cuenta ya con unos 850.000 registros de pequeñas moléculas químicas. Pero
la ACS se siente amenazada y, junto con su Chemical Abstracts Service (CAS), dice que se está pagando con dineros públicos un servicio (duplicado) que ya ofrecían ellos, es decir la iniciativa privada. Se acusa pues al NIH de competencia desleal contra una organización que lleva dando servicios a la sociedad desde hace más de cien años.
Los promotores de PubChem no están de acuerdo y alegan que, no sólo las BD que se comparan sólo coinciden en un 3%, sino que con su conducta defienden un bien (la salud de los contribuyentes, además del libre acceso a la información financiada con fondos públicos) que está por encima del respeto a las leyes que garantizan el libre mercado. Además hay precedentes, pues también el estado viene suministrando datos meteorológicos y climáticos gratuitamente, en la convicción de que su importancia para la agricultura, el transporte y la seguridad nacional es tan grande que debe ser accesible para todos.