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martes, 05 de julio de 2005

La defensa de la biodiversidad podría apoyarse en el conocimiento preservado por los rastreadores aborígenes y en las nuevas tecnoogías [Antonio Lafuente]

Cybertracker es un proyecto que merece tener éxito. Su fundamento es muy simple: consiste en utilizar una palm como cuaderno de campo electrónico para la  recolección interface de los cybertrackersde datos mediante la observación directa y no profesional del entorno. El dispositivo de mano viene provisto de un software especial, y por supuesto libre, diseñado en 1998 por el sudafricano Louis Liebengerg, que usa el Global Positioning Satellite (GPS) y que tiene una interface muy simple para que pueda ser utilizado por personas que ni siquiera sepan leer.

El proyecto aspira a recuperar la vieja cultura de los rastreadores, pues recopilar información sobre la vida cotidiana de los animales y la forma en la que interactúan con el entorno, no es un asunto trivial. La observación en zoológicos y laboratorios o la monitorización mediante collares puede ser muy útil para seguir los hábitos en cautividad o los movimientos en libertad, pero nada nos enseña sobre su relación con otros animales o sobre sus intenciones o su vida social.

De cualquier manera, hay una inmensa cantidad de conocimiento local en manos de rastreadores aborígenes, tanto respecto a la fauna, como respecto a la flora, la climatología o la herbolaria medicinal. Wired News lo ha visto muy claro, al reconocer en este proyecto la capacidad para incorporar el saber local e iletrado de los rastreadores a la preservación de la biodiversidad. De hecho, estos amateurs ya están firmando algunos artículos en revistas académicas.

Ya hay más de 400 proyectos en curso e 30 países y todo indica que seguirá aumentando el número de adhesiones a esta sencilla y genial propuesta, cuyo aliento no es sino dar valor a los saberes más antiguos mediante las tecnologías más sofisticadas. Pues para Liebengerg esta es una de las últimas oportunidades de preservar las formas de vida de los bosquimanos en el desierto de Kalahari. Una tarea necesaria, aunque sólo sea, dice Liebergerg, porque "en el arte del rastreo puede estar el origen de la ciencia".


1:05 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (2)