La guerras del genoma parecen acabar con la victoria de los partidarios del procomún. [Antonio Lafuente]
El debate sobre el libre acceso a los datos de secuenciación del genoma humano ha terminado. Mejor dicho concluirá a finales de este mes junio cuando se confirme la noticia dada el 5 de mayo por
Nature: "
Free genome databases finally defeat Celera", pues, en efecto, Celera Genomics anunciaba la suspensión de su negocio de venta de datos para donarlos a una institución pública, probablemente a GenBank.
Celera fue creada por el científico Craig Venter en 1998 con la finalidad de comercializar los resultados de la secuenciación genómica. Vanter, dice New York Times, quería ser el Bloomberg de la biología. Durante un tiempo se creyó que era una fanfarronada su afirmación de que en dos años estaría amortizando los costes de la investigación necesaria. Muchos científicos denunciaron esta deriva hacia la privatización de una información científica que, además de no haber sido creada por nadie y ser substantiva para la vida humana, también inhibía la innovación. Tampoco faltaron las críticas procedentes de otros medios, como The Economist.
Se contó entonces la anécdota de que cuando llegaron los primeros europeos a América también se les ocurrió la idea de tomar posesión de aquellos territorios en nombre de sus coronas. Y cuando los aborígenes les pidieron explicaciones, argumentando que ellos ya estaban allí y que por tanto no podían apropiárselos sino simplemente usarlos, entonces los colonizadores les respondieron "Sí, ¿pero donde está la bandera?". Vanter pensaba y respondía lo mismo a sus perplejos interlocutores, sustituyendo la palabra bandera por la noción de patente.
Lo cierto es que las instituciones públicas tardaron en reaccionar, pensando que Celera tardaría varias décadas de completar su plan. Pronto, sin embargo, cambiaron las tornas y, gracias al inconformismo de John Sulston y Michael Morgan, así como a los generosos fondos suministrados por la Wellcome Trust (también implicada en la financiación de la reunión de científicos que promovió los Bermuda Principles, se creó el consorcio público Human Genome Project para hacer frente a esta ofensiva contra los nuevos patrimonios creados por las nuevas tecnologías.
En la práctica lo que ha sucedido es que HGP ha regalado unos datos que Celera vendía a cambio de suscripciones millonarias (la mayor parte de las cuales terminan este mes de junio) a unas 25 empresas y más de 200 instituciones académicas. Es difícil creer a Vanter cuando, tras la decisión, ha declarado que "Trasladar los datos de Celera al dominio público es algo con lo que he estado completamente de acuerdo, y un buen precedente para [otras] compañías".
Lo que finalmente va a ingresar al procomún serán 30 mil millones de pares de bases. Francis Collins, director del HGP, le ha hecho un guiño a los partidarios del free software empleando para expresar su satisfacción uno de los mantras preferidos de la cultura hackers.: "data just wants to be public."