La búsqueda de amateurs expresa quizás una nostalgia por el pasado gentleman de la ciencia [Antonio Lafuente]
En la web hay algunas páginas que rinden homenaje a los amateurs más ilustres. John Malone resume en
Great amateurs in science el contenido de su propio libro
It Doesn't Take a Rocket Scientist: Great Amateurs of Science, (John Wiley, 2002), incluyendo breves biografías de Georg J. Mandel, cuya
biografía la ofrece completa, David H. Levy, Henrietta Swan Leavitt, Joseph Priestley, Michael Faraday, Grote Rober, Thomas Jefferson, Felix d'Herelle, Susan Hendrickson y Arthur C. Clark.
No es el único libro dedicado a describir las contribuciones de los amateurs, como lo prueba entre otros el de
Julian Lowell Coolidge, The Mathematics of Great Amateurs (Oxford University Press, 1990), donde se trata la biografía de 16 personalidades de la historia de las matemáticas, cuya fama les llegó de otro ámbito de actividad.
Entre ellos merecen ser destacados Durero, Pascal, de Witt, l'Hospital y Buffon.
En fin, este tipo de libros, a medio camino entre la nostalgia del pasado gentleman de la ciencia y el rechazo a la superespecializacion característica de la Big Science, están trufados de referencia históricas que nos recuerdan que la ciencia siempre fue una empresa de amateurs con muy bajos (cuando no inexistentes) niveles de profesionalización. Esta al menos es la tesis que sostuvo Dorothy Stimson en su todavía vigente Scientists and Amateurs: A History of the Royal Society (1949) y que con ciertos matices ha refrendado recientemente Mordechai Feingold.