Los astrónomos amateurs combinan ejemplarmente el amor a los cielos y la pasión por la tecnología [Antonio Lafuente]
La
astronomía amateur es un mundo entrañable y lleno de hermosas sorpresas. Muchas veces se ha dicho que los astrónomos amateurs nunca fueron meros comparsas, sino que han hecho y están haciendo muchas e importantes aportaciones a la ciencia. Una muestra representativa, aunque incompleta, de lo que se espera de ellos puede encontrarse en la página
Pro-Am Collaboration que difunde
Sky and Telescope.
Es cierto que con la llegada de la
Big Science y las grandes instalaciones, su papel había decaído, pues los instrumentos a los que tenían acceso no permitían la observación de las profundidades del universo. Pero las cosas, tal como lo cuenta Timothy Ferris (
Seeing in the dark: how backyard stargazers are probing deep space and guarding earth from interplanetary peril, 2002) cambiaron radicalmente debido a la convergencia de varias tecnologías:
La llegada de los telescopios Dobson, una innovación descubierta por John Dobson que nunca patentó para que fuera de libre acceso a todos los amateurs. Los telescopios Dobson no sólo permitían invadir las profundidades del cielo, sino que podía fabricarlo cualquier aficionado al bricoleur y ser un aparato de bajo coste.
El CCC (charged coupled device o dispositivo de acoplo de carga) un dispositivo electrónico (hoy presente en todos los escaner, videos y cámaras de fotos) capaz de captar señales luminosas y digitalizarlas. Su instalación en un telescopio requiere cierta habilidad, pero quienes logran acoplarlo a un Dobson pueden competir con los telescopios profesionales de 200 pulgadas que se usaban hace 20 años. El sensor CCD revolucionó la espectrometría amateur y ha convertido el cielo en un objeto al alcance de decenas de miles de nuevos observadores.
Internet y el software para controlar los telescopios y los sensores digitales han permitido la colaboración internacional a gran escala. Y así, esa multitud de ojos se conectaron, adquirieron un cerebro.