Los mandos militares estadounidenses afirman haber movilizado al grupo más formidable de hackers del globo [Tiago Saraiva]
La historia de internet (ver, por ejemplo,
Manuel Castells, 2001) ya nos había mostrado las raras asociaciones que se pueden establecer entre investigación militar,
Big Science, y cultura libertaria. Aunque los diseñadores de ARPANET fueran financiados con fondos del Departamento de Defensa norteamericano, lo cierto es que la idea de conectar (o comunicar) los ordenadores no se pensó para servir estrategias militares, como bien lo demuestra la anécdota de que la lista de correo electrónico más popular de ARPANET fuera
SF-Lovers, un espacio para los devotos de la ciencia ficción.
Un caso ejemplar que muestra cómo la intervención de los militares, necesaria por las enormes inversiones involucradas en el proyecto, no afixió la creatividad de los científicos informáticos. Parecería entonces que en EEUU, la movilización de los científicos pudo realizarse en el marco de un notable equlibrio entre
creatividad individual e
intereses de estado. Tal circunstancia ha sido decisiva en la derrota infligida a la Unión Soviética y su pesada ciencia de burócratas durante el período dev la guerra fría.
Esta semana, sin embargo,
Wired nos da cuenta de una movilización de hackers bien distinta a la de los gloriosos padres fundadores de Internet.
Los mandos militares estadounidenses revelaron la existencia de un
Joint Functional Component Command for Network Warfare, un
programa de muchos millones de dólares (no dicen cuantos) capaz de movilizar, según sus palabras, al grupo más formidable de hackers del globo. Y reconocen que más que ocuparse de los cerca de 75.000 intentos de intrusión anuales en el sistema de defensa norteamericano, se encargarán de desarrollar técnicas de ciberataques capaces de inutilizar las redes enemigas, incluida la red eléctrica o el sistema de radar, una táctica que ya fue empleada por la OTAN en un ataque contra Serbia
(Paul Virilio, 1999).
En la nueva movilización, asistimos también a una guerra sorda de palabras, pues más que de
hackers, los nuevos actores que quiere intsrumentalizar el ejército amrericano se comportan como
crackers. Lo raro es que una revista como
Wired no quiera distinguir entre unos y otros. La prensa en general no se manifestado demasiado sensible a estos matices, difundiendo una confusión cuyo único destino es criminalizar los valores y las prácticas promovidas por dos colectivos cuyo origen y propósitos son muy diferentes. Ahora, es el mismo gobierno estadounidense quien patrocina la identificación de los hackers con quienes desarrollan virus destinados a destruir redes enemigas. En fin, todo indica que estamos muy lejos de aquél tipo de relaciones entre informáticos y militares que, se nos dice, fueron tan importantes en la victoria sobre la Unión Soviética.