Mucha gente se pregunta por qué hay pocas mujeres haciendo blogs. Y, al menos en ciencia, no basta con respuestas automáticas, pues tener hijos y faltarles tiempo podría ser el mejor argumento para empezar a bloguear.
En
blogAUT hemos hablado de muchas cosas. Entre otras de la relación de las mujeres con los blogs. Y algunos nos quedamos con ganas de seguir esta conversación, cosa que hemos estado haciendo en abierto y en nuestros respectivos blogs (ver el de
Adolfo,
Tíscar y también
tecnocidanos). Quizás avanzáramos poco porque los organizadores (Adolfo y yo) invitamos a pocas mujeres. Un reproche que se nos hizo desde los primeros minutos del evento y que aceptamos de buen grado, porque, aunque podríamos haber amontonado muchas palabras para excusarnos, lo cierto es nuestra sociedad no debería aceptarlas.
Como quiera que sea, lo cierto es que el tema de las mujeres en los blogs nos está rondando a varios en la cabeza. Y ahora me alegro mucho de tener una interesante historia que contar al respecto.
Thus Spake Zucka nació para explorar las relaciones entre género y ciencia. Para muchas mujeres científicas era un lugar de reunión en dónde se sentían confortables por la forma en la que eran tratados los problemas.
Las que allí acudían se sentían reflejadas y, por tanto, reconocidas y cómodas. Además de un espacio confortable y compartido, también era un lugar de permanente inspiración para sus lectores. El blog era tan interesante como divertido. Los comentarios eran breves, muy en el hilo del tema planteado en el post y casi siempre remitían a experiencias personales de quien lo escribía. Casi nunca fue escenario de los frecuentes
toma y daca dialécticos que se ven en los blogs de éxito.
Hace unos meses, sin embargo,
Thus Spake Zucka migró a
ScienceBlogs, una/la excelente y aquí muchas veces mencionada plataforma creada por la empresa
Seed Magazine que intenta federar los mejores blogs sobre ciencia. Los autores ganaban visibilidad, pero la fama, según se explica en
Absinthe, tiene un precio. Al principio todo fue igual, pero pronto comenzaron a hacerse visibles algunos cambio significativos y, entre ellos, a) el aumento del número de visitantes hombres, b) el incremento inopinado de la extensión de los comentarios (todos hechos por hombres), c) que los comentarios, con frecuencia, no discutían la idea general del post, sino algún fragmento breve (cuando no una simple palabra) de su contenido.
Muchos de los comentadores adoptaron el rol de “abogado del diablo” y cuestionaban cualquier cosa que encontraban. Además empezaron a repetirse los nombres/alias de los comentadores que, no sólo siempre estaban al acecho, sino que eran los primero en intervenir. En fin, que se hicieron tan presentes que dominaron el ambiente que había en el sitio. Su presencia tan activa, tan dialéctica, tan madrugadora y tan, digamos, hipercrítica, acabó amedrentando a los primeros (debería decir primeras) visitantes. Y, así, dejaron de acudir a ese rinconcito/escondite de la web donde se sentían como en casa y hablaban de lo que les interesaba. La popularidad acabó con la hospitalidad.
En fin, lo que aquí estamos diciendo es que un puñado de hombres han intimidado a una mujer luchadora o, como se dice en Absinthe, a "mi feminista super héroe". Viene a cuento, entonces, preguntarse qué se puede hacer, pues impedir/restringir/moderar la entrada de esos comentadores masculinos, vulnera los usos de la blogetiqueta (las reglas de la etiqueta en los blogs). Pero algo se debería poder hacer, porque están desapareciendo los mensajes dejados por mujeres. ¿Debería entonces exigirse a los comenaristas que declaren sus “servidumbres” de género? ¿Es correcto separar los mensajes según el sexo?
Lo que se concluye en el post que estamos comentando merece ser reproducido integramente: “Por favor Zuska, haz algo. Me gustaría que fueras como antes, y las mujeres metidas en ciencia lo necesitamos”.
Otra cosa más. La autora de Absinthe -un blog que empezó su andadura en noviembre de 2005- empieza su artículo diciendo que hace poco más un año nunca había visto un blog. Pero entonces leyó un artículo en
Chronicle of Hihger Education sobre una mujer que había descubierto una partícula, que había tenido un hijo y que (como tantas otras) había sido despedida. La científica, ya lo habrán adivinado, era ella misma.
Sólo le faltaba dar otro pasito, pues tras descubrir a Zuska, abrió Absinthe porque
100 años de machos blancos por la affirmative action son más que suficiente.