Llevamos cerca de dos meses siguiendo los informes
oficiales y periodísticos de esta nueva gripe, como nos obligan a
llamarla para ser políticamente correctos y no ofender a los cerdos (o a la
industria ganadera). Puede ser el momento de hacer un alto y reflexionar sobre
lo que conocemos sobre esta enfermedad
“emergente”.
En primer lugar ya se sabe que el virus de
la gripe A H1,N1 es una combinación de un virus aviar-porcino-humano
que, según diferentes informes, lleva circulando desde… 1918?, que no había
sido aislado hasta este momento. Por ello deberíamos dar más peso a la
vigilancia microbiológica aún en períodos en los que no exista evidencia de
problemas.
Otra cosa que ya conocemos es que su
expansión ha sido espectacular no solo debido a la globalización, que permite desplazamientos
prácticamente instantáneos a lo ancho del mundo, sino por la capacidad de
transmisión del propio virus.
También hemos comprobado que la clasificación de la OMS de las fases de Alerta pandémica resulta muy exagerada para este tipo de virus cuya capacidad de infectar no se corresponde con la gravedad de la enfermedad provocada y que nos tiene a todos un poco perplejos al pensar que estamos a punto de entrar en la fase 6 de pandemia con una enfermedad leve. Creo que a ninguno de los expertos que diseñaron estos planes se le pasó por la imaginación una situación como la actual, porque al pensar en una pandemia todos pensamos en una enfermedad grave con una alta mortalidad como el SARS o la Gripe aviar A H5,N1 y, desde luego, este no es el caso.
Es el momento de que la OMS rectifique los criterios que se manejan para la definición de las fases de Alerta pandémica, porque el criterio de expansión territorial no puede ser el único manejado, añadiendo nuevas variables más, que si bien se daban por supuestas, la realidad ha demostrado que no lo son tanto.
Ahora que nos hemos relajado un poco sobre la gravedad de la situación se alzan voces muy cualificadas que hablan de diferentes informes, a los que nadie había hecho caso, alertando de que las granjas de cría intensiva de cerdos, hacinados en condiciones que incumplen gravemente las normativas sobre bioseguridad, son un excelente caldo de cultivo para que muten los virus y puedan dar el temido salto ave-cerdo-humano, que es lo que tememos con la gripe aviar.
Os recomiendo leer el esclarecedor artículo de Ignacio Ramonet publicado en Le Monde Diplomatique: La gran amenaza del virus A (H1N1), Mucho más que una gripe, en el que desarrolla plausiblemente esta tesis y nos recuerda que: en marzo de 2003, la revista Science había advertido de que la gripe porcina estaba evolucionando en fase rápida a causa del aumento del tamaño de los criaderos industriales y del uso generalizado de antibióticos y vacunas. Los virólogos alertaban precisamente a México y a Estados Unidos del peligroso cóctel vírico que estaba por venir. Afirmaban lo siguiente: "Parece que después de años de estabilidad, el virus de la gripe porcina de América del Norte se halla en una fase de rápida evolución y cada año produce nuevas variantes".
Achacaban la fulgurante mutación de los virus a dos causas: el hacinamiento en criaderos insalubres de un número cada vez mayor de cerdos; y la práctica de vacunar a las hembras ya que la vacuna actúa seleccionando nuevos virus mutantes. Esos dos factores, avisaban los expertos, "aumentan la probabilidad de que emerja un nuevo virus transmisible entre humanos". Luego, el virus se disemina de modo imparable. En ese mismo artículo, el Dr. Christopher Olsen, virólogo molecular en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Wisconsin, en Madison, hasta se atrevió a profetizar: "Ahora debemos buscar en México, la granja en donde va a aparecer la próxima pandemia".
No podemos desdeñar que esta situación ha sido un buen escenario para que los gobiernos ensayen los planes de prevención y control de una pandemia, para que mejoren la oportunidad en la vigilancia y la comunicación entre los diferentes Organismos Internacionales, también ha servido para engrasar todos los mecanismos y puesto a prueba la consistencia de los diferentes planes diseñados y será el punto de partida para modificar estos planes una vez se hayan identificado sus puntos débiles.
Pero no podemos dejar a un lado la angustia que se ha generado en la población mundial hasta que hemos llegado a este punto. No es cuestión de exigir responsabilidades por esta angustia, cada país y cada organismo ha informado puntualmente con la información disponible en ese momento, pero sí es el momento de reflexionar.
Esta vez no ha sido por falta de información si no por la desinformación que ha provocado el exceso de la misma, hemos podido observar a toda la prensa mundial aireando, desde sus páginas de portada, la “gravedad de la situación”. ¿Servirá esta experiencia para que la prensa sepa controlarse? No lo creo. Pero a ella si que se le puede exigir un poco más de responsabilidad.
La OMS ahora nos explica que el impacto en la salud de los afectados no es sólo debido al patógeno. También influye la vulnerabilidad de la población (por tener dolencias crónicas, por ejemplo) y la eficacia de los sistemas sanitarios. Por eso la OMS reconoce que puede haber varias situaciones a la vez: grave, moderada o leve dependiendo de aspectos como el país, la zona, el grupo de edad u otros factores.
Como podéis apreciar no he sido exhaustiva, eso lo podemos dejar para más adelante cuando dispongamos de toda la información, pero hay motivos para empezar a reflexionar y eso es lo que propongo en este post.
Consuelo Ibáñez Martí, Médico salubrista y epidemiólogo
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