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domingo, 14 de diciembre de 2008

En posts anteriores expusimos nuestra opinión y la de otros profesionales, relacionados con la Salud Pública, sobre la pertinencia, “desde el punto de vista de la Salud Pública de introducir en el calendario vacunal la vacuna contra 4, de los 100 virus existentes, del Papiloma Humano (VPH). Dos de estos virus son potencialmente cancerígenos y los dos restantes provocan verrugas genitales.

 

La implantación de una nueva vacuna en el calendario oficial de vacunación ha de cumplir cuatro criterios preestablecidos:

 

  1. que la enfermedad prevenible constituya un problema importante de salud pública para la población española, (en este momento no lo es, como puede comprobarse si sigue leyendo y en el post Papilomavirus, cáncer de cuello de útero y vacuna contra el virus del papiloma humano)

 

  1. que la vacuna sea eficaz y segura, (con los datos disponibles parece que sí, al menos en los primeros 2-4 años que lleva implantada la vacuna)

 

  1. que sea compatible con el resto de vacunas del calendario actual (con las pocas vacunas  (de hecho solo se conoce que se ha demostrado su compatibilidad con la vacuna de la Hepatitis B) con las que se ha hecho el estudio parece que sí es compatible)

 

  1. que su implantación sea eficiente (depende de que es lo que consideremos eficiente).

En palabras de Andreu Segura:

La vacuna es sólo parcialmente eficaz, razonablemente segura y probablemente compatible con el resto.

¿Pero cuál es la importancia del cáncer de cuello uterino en España?

Los registros poblacionales de cáncer españoles permiten estimar que se producen unos 2.000 nuevos casos anuales, con una tasa de incidencia del orden de 7,5 nuevos casos por 100.000 mujeres y año, una de las más bajas del mundo.

En cuanto a la mortalidad, en 2005 murieron en España 185.000 mujeres; el 20% de ellas, unas 36.000, por algún tipo de cáncer, pero apenas unas 600 por cáncer de cuello de útero. Es decir, el 0,3% de todas las defunciones femeninas, aunque se estima que la cifra real sería algo mayor, unas 735 muertes, o sea, el 0,4% del total. Afortunadamente, pues, la magnitud del problema es relativamente moderada.

Disponer de nuevas vacunas es, sin duda, un progreso. Pero aplicarlas sin aquilatar pros y contras y sin tener en cuenta los efectos sobre el sistema sanitario supone un alto riesgo de frustrar las expectativas generadas por las nuevas vacunas, lo que disminuiría la credibilidad de la salud pública. Algo demasiado importante como para ponerlo en juego de forma temeraria.

 

Estos días he recibido unos textos publicados por el profesor Máximo Sandín, titular de Antropología Biológica en el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid, que profundizan en este tema y que considero merece la pena leer y reflexionar sobre los mismos.

 

Uno de ellos: papilomavirus: ¿Preparando la próxima pandemia? Comienza así:


La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria ha denunciado la campaña de vacunación masiva contra el papilomavirus (mediante "Gardasil"), por la escasa incidencia del cáncer de cuello de útero en España, por el desconocimiento real de la eficacia de esta vacuna y de su seguridad y por su excesivo precio, habiendo otras prioridades. Pero el carácter de virus endógeno del papilomavirus añade un nuevo y terrible factor de riesgo a estas críticas.

En Estados Unidos, el registro público sobre los efectos adversos de las vacunas ha denunciado 4541 efectos secundarios de Gardasil, entre ellos 11 muertes y 82 reacciones con peligro para la vida.

 

Interesante ¿no? Pues en este enlace podéis seguir leyendo

 

El otro es: Papilomavirus: urge detener las vacunaciones, en el que habla ampliamente sobre la base científica de las vacunaciones, no solo del VPH, si no de las vacunas en circulación.

 

También he encontrado la publicación de Juan Gervás: la vacuna contra el virus del papiloma humano desde el punto de vista de la atención primaria en España, que entre otras muchas cosas habla así sobre su eficacia:

No sabemos la correlación entre las cifras de anticuerpos en sangrey la eficacia de la vacuna. Desconocemos, pues, el resultado delbinomio seroconversión-protección.

 

Su eficacia está demostrada

a/ con resultados intermedios, no finales (disminución de displasias, no de cánceres de cuello de útero ni de muertes por el mismo),

 

 b/ con resultados que no distinguen entre CIN2 y CIN3, c/ en grupos muy seleccionados en ensayos clínicos, y

 

d/ con mujeres de 16 a 26 años. No está demostrada su eficacia en el grupo de población que se propone vacunar, niñas de 9 a 12 años. En este caso sólo se ha demostrado su capacidad inmunogénica (producción de anticuerpos en sangre).

 

No está demostrada su eficacia en niños (varones).

 

Está demostrada su ineficacia en mujeres no vírgenes.

 

 

Espero que disfrutéis de estos nuevos puntos de vista

 


Consuelo Ibáñez Martí

Médico salubrista

9:26 | gestionado por Consuelo Ibáñez