“Ricardo ha decidido depilarse todo el cuerpo”, le oia a un joven contar a otro al pasear por el parque. Ello me ha llevado a especular si la creciente costumbre entre los hombres de depilarse (iniciada entre los que practican deportes), está asociada a la moda de llevar la cabeza totalmente rasurada. Me pregunto si esta querencia por el cuerpo sin pelos no es consecuencia de la actual visión del mundo (Weltanschaung), mas orientada a lo simple, a lo rápido, a la eficacia a corto plazo, rechazando todo lo que sea enredarse en el rizo y la reflexión, detenerse en la complejidad, buscar la eficiencia a partir de la profundidad.

Inicialmente había atribuido a una estrategia de ocultamiento de los hombres calvos o con entradas, la moda de llevar la cabeza rapada. Al hacer desaparecer el pelo, se ocultan las partes alopécicas. La ausencia del atributo, esconde la falta. La imagen del hombre sin pelos (en la parte superior de la cabeza), asociado con la madurez y vejez, se reemplaza por la imagen radical (propio de movimientos urbanos como los raperos, los skinhead), y por lo tanto juvenil, del cuero cabelludo “limpio”.

Bruce Willis
Javi, mi peluquero de cabecera, lanzó la hipótesis de que ahora había más jóvenes calvos. Estaba viendo alopecias más tempranas. Se me ocurrió que no teníamos sistemas de información para comprobar esta hipótesis y que tal vez un Sistema de Peluqueros Centinelas (SPC) no seria una mala idea para la Salud Pública. Mas teniendo en cuenta que la desaparición del pelo podía ser un indicador de exposiciones a contaminantes ambientales (e.g. dioxinas) o situaciones estresantes, que afectaban al desarrollo hormonal. Además, la recogida de muestras de pelo era una excelente ocasión de tener prospectivamente bioindicadores. Sin embargo, esta idea se ha quedado en el cajón de mis paridas periódicas.
El caso es que por necesidad o por estética los hombres se rasuran más el pelo. Pero también es cada vez mas frecuente que se depilen las piernas u otras partes del cuerpo (incluido el pubis). Si alguna de estas depilaciones puede explicarse en los deportistas por una obsesión por rebañar décimas al cronometro de las marcas o por la comodidad al recibir masajes, no lo es tanto en los no deportistas, especialmente si pensamos en la depilación púbica.

El modelo y futbolista Freddy Ljundberg
Algunos lo han querido interpretar como una aproximación al modelo femenino y lo han convertido en una característica que identifica a una nueva tribu, los metrosexuales, junto con otros atributos como lucir prendas con colores vivos, el uso habitual de productos cosméticos (cremas hidratantes) o la visita frecuente al peluquero. Lo que nos lleva a preguntarnos si la extendida explicación de que las mujeres se someten a la tortura de la depilación como respuesta al deseo masculino por mujeres sin vello, tiene una simetría en los hombres. Es decir, si los hombres se depilan porque creen que así gustan más a las mujeres (o a otros hombres), o bien es una práctica desligada del supuesto deseo del otro/otra. ¿Es eso posible?
En el probable primer caso, concluiremos que se ha gestado un nuevo modelo estético: el del cuerpo sin pelos, que comparten ambos sexos. Hemos pasado del “el hombre y el oso cuanto mas feo mas hermoso” y de “un hombre con todo el pelo en el pecho” al “bello hombre pelado”. Por otra parte, la imagen de la mujer con el craneo limpiamente rasurado ya no es extraña y empezo en los 90 a ser una marca de actrices y cantantes famosas. En el caso de las mujeres, el craneo rasurado adquire otras significaciones proximas a la ambiguedad sexual, al androgenismo y a la reivindicación de una feminidad que no necesita del cabello para afirmarse.

Sinead O'Connor

Orlando Bloom y Demi Moore
La imagen del hombre pelado es de la ultima decada y solo tiene un antacedente en la imagen insolita de Yul Brinner de finales de los 50, que atraia a algunas de nuestras madres (se entiende que me refiero a las madres de los de mi generación).

Yul Brinner
Recordemos que el pelo y el vello tienen un amplio simbolismo, principalmente sexual. Se asocia con un estado primitivo (el primate). Con la evolución de la especie el ser humano ha ido perdiendo pelo. La función de protección frente a las inclemencias climáticas, de sensor cutáneo de cambios de temperatura, humedad o velocidad de viento ha ido perdiendo importancia al tener otros instrumentos de protección o de información sobre lo que nos rodea. Pero la piel sin pelo tambien nos hace regresar a la edad infantil, al bebé pelón con la piel suave y olor a polvos de talco. El mundo infantil no tenia pelos, o mejor dicho, se reducia a la curiosidad por el pelo de los adultos.

El pelo era signo de rebeldía y revolución en los 60 y 70. Las melenas y el pelo por encima de cejas y orejas, frente al pelo domado (con gomina y la raya a un lado) de los conservadores (que volvió en los 90). El pelo largo buscaba intencionadamente la ambigüedad sexual y la reivindicación de la igualdad de géneros frente a la rígida distinción de géneros y roles. Los rizos eran una provocación frente al facha franquista con calvicie senatorial que solo mostraba pelo en la franja detrás de las orejas y en el bigotillo recortado encima del labio superior.

Cat Stevens
¿Que significa que el inicio del siglo XXI se asocie con el cuerpo rasurado? ¿Qué los hombres renuncien al pelo? ¿Qué reivindican? ¿Dónde se sitúa esa renuncia al placer de pasar las manos por unos rizos o de disfrutar de ser acariciado por el pelo, aunque sea escaso? ¿Qué otro placer justifica el trabajo de rasurarse o el sufrimiento de depilarse periódicamente?
¿La reivindicación de un cuerpo sin pelos esta asociado a la búsqueda actual de un mundo mas fácil, más infantil, más simple, más simplista, sin rizos y complicaciones? ¿Tal vez, más asexuado? Pero, algo no me casa ¿Depilarse no es algo complejo? ¿No indica otra preocupación (incluso obsesión) por la sexualidad? ¿Por otra sexualidad? ¿Por otra complejidad? ¿Qué opináis?
Javier Segura del Pozo
Médico salubrista (sin pelos en la lengua)