LoginRSS 2.0 Feed

¿CUANTO CUESTA CONOCER?

Enviado el domingo, 25 de mayo de 2008 3:36

La figura del filósofo o el hombre comprometido con el conocimiento siempre se ha visto menoscabada en el ser humano por un llamado “pudor”.

La modernidad ha tratado de ridiculizar al filósofo y al portador del saber como un andrajoso “Zarathustra del saber”.

Pero creo que, como papel, el Zarathustra no está mal, ahora que lo pienso. Un personaje más, sin duda, porque más quisiéramos muchos ser como Zarathustra.

Yo soy un hombre de ciudad egoísta, interesado solo en mi porvenir, como todos ustedes.

Pero las expectativas que se extienden para ciertos burlescos teóricos no son muy esperanzadoras: auto-declarado por ellos mismos ser algún tipo de especie rapaz,  y “apaleados” y “puestos en fuga” por lo que ellos llaman "perturbados", no llegando ni a un "Zarathustra", como mucho a un antológico "Carlos Jesús”; aquel santón gafe, que decía venir de Ganimedes, y que tanto nos hacia reír en televisión.

Zarathustra –creo en cambio- que enseña bastantes cosas: al menos lo que no debería ser el "ser humano".

Mira cuanto desparpajo, cuanta capacidad solvente de nuestra sociedad. En verdad han creído resolver el mundo entero, y a partir de ahora se tragara cuanto le echen, como cuando se le da comida a un perro. Habrá llegado a la conclusión de algo, y sus hijos heredaran sus conclusiones, y hasta los hijos de sus hijos.

Pero la pregunta que yace detrás de todo eso, y no se me aflojen los ateos, pues si no la hacemos, "hasta las piedras gritarían", es simple: ¿Por qué?

¿Por qué?, pero sobre todo ¿para qué?

En verdad eso podría decirlo el que ciertamente tuviera autoridad para hacerlo. Es decir, el que realmente cree ser completamente feliz y además cree que la suya es la única forma de serlo.

¿Pero no son todos esos “desgraciados” felices? ¿No es feliz el esclavo, con todas sus verdades y sus dioses, el ateo plebeyo, el acomodado burgués, el avaricioso prestamista, el vanidoso abogado, el sacrificio del eremita comedor de hierbajos?

¿Qué ética es la mejor de todas; como debería vivir “el hombre”? Mejor dicho, ¿cómo debería vivir mejor “cada hombre”?

Miren al típico hombre de ciudad, andando y pensativo. Mira cómo responde “Si” cuando querría decir “No”. O a su propia pareja -“el ser de su vida” que ellos dicen- le engaña en los mismos términos. Miren a ese “hombre”, como al final ha de tragarse todas sus mentiras, al punto que para la vida no quiere conocer en el fondo otro método más valido que el engaño, y al punto quiere ir contra lo que llama “sociedad” para que le dé explicaciones de sus mentiras, ya que todas fueron hechas en su nombre.

Me temo, que para ser sincero con uno mismo, que es en cierta forma la máxima más apropiada de Zarathustra, no hace falta estar loco.

O mucho: el ser humano ha de levantarse por encima de todas las cosas; como que son todas las cosas- así nos lo presenta el infame- las que hay que levantar. El ser humano despierta y se levanta y predica nuevos cambios nunca vistos hasta entonces, ¡y mira como pisotea ahora esos gusanitos que le molestaba. Mira como ahora hasta los despedaza en pequeños trocitos, y hace con ellos lo que le viene en gana, y lo que a su gusto extremadamente le place!

“¿Por qué y para qué?”

Si, y aquí mismo aparece el verdadero loco, el psicótico, “la venganza”. Aquí mismo se le pone precio a la vida. Nace la venganza de “uno-mismo” contra aquello que sea “uno-mismo”, pues sin vida no hay “uno-mismo”.

Esto es el miedo a la muerte, mucho más poderoso y menos aparente de lo que normalmente trata de aceptarse.

En toda ideología, se mata a la misma muerte. En toda ideología hay un signo liberador de nuestra incapacidad, y en grado sumo, la incapacidad total que representa para nosotros el estar muerto. En toda doctrina hay un afán superador de la muerte. Nunca entonces el ser humano estuvo tan preparado para morir, bajo la premisa de una doctrina y el peligro de perder la vida.

¿Y cómo no iba yo a llamar “cobarde”, al que ni siquiera a conocer se atreve? ¡Como si conocer implicara un “tú”, un “yo”, una dadiva, un robo o una querella!

¿Qué derecho es aquel que se quiere erigir simplemente porque sale de la boca de uno? ¿Qué juez podrá dar credibilidad a alguien que se utiliza a sí mismo como argumento pero no se atiene a ninguna causa y hasta niega que algo así exista?

En verdad la causa le sobrepasó –que ni se mencione esa palabra.- Y ha sido la causa la prueba palpable de sus delitos, y su gran mentira.

Ese nihilismo que envuelve toda prueba manifiesta -en post de una imaginaria prueba que no podría de dejar de ser la misma- es precoz. Nada de conocer; nada de investigar. Pero si mucho el precio que se le está poniendo al conocimiento mismo.

¿Cuánto precio se debería poner al conocimiento?


Compartir:

añadir a furl añadir a del.icio.us añadir a technorati añadir a blinklist añadir a digg añadir a google añadir a stumbleupon añadir a yahoo añadir a meneame ¿Qué es?

Comentarios

# re: ¿CUANTO CUESTA CONOCER?

26/10/2009 3:45 por Ivan E. Alvarez Acosta
El hecho de conocer no es algo propuesto por el mismo hombre sino que su propia naturaleza le sugiere una postura ante lo que se le presente ante su persona. Las cosas que éste perciba provocarán una reacción cual desde mi forma de verlo, pienso que es curiosidad. La misma sensación de querer saber, ejerce en su interior un impulso que le motiva investigar sobre ese hecho.

Una vez se conoce o se comprende lo que generaba esa incertidumbre, la persona podrá capturar su esencia en su memoria al grado que cuando surja una situación le servirá hasta de solución al problema que se le dió a conocer. Es como aquella persona que recoge artefactos que para muchos son inservibles, entre otras cosas mas y cuando le surja una emergencia pensará en lo que tiene en su posesión y allí probablemente encontrará la salida a la misma.

La vida es y nosotros nos adaptamos a ella por medio de los resultados obtenidos por personas que ya en determinado momento han pasado por esa misma situación. Esas vivencias son las que eventualmente le proponen al hombre a ser creativos, anticipándose a problemas que por nuestra naturaleza humana, estaríamos muy propensos a experimentarlo. Observándo las dificultades que pasamos para preservar la vida, es más que suficiente como para actuar a la defensiva y prepararnos para sobrevivir a la devacle que se avecina.

En sí el hombre, siempre y cuando no tenga alguna limitación que le impida aprender y comprender, estará en la disponibilidad de conocer. El demostrar dominio y conocimiento de las cosas, es bueno, pero mucho mejor cuando sobrepasa la norma, a los que podríamos reconocer como genios. Ya en esta fase en algunos hombres se proponen aumentar su capacidad, no tan solo para satisfacción personal, sino que el ego entra a jugar un papel muy importante en ese proceso. En cierta manera han sido los adultos, los padres quienes retando a los hijos a que sean algo en el mañana, recurren al sentido de competencia, aunque a nivel conciente lo nieguen. Y el mensaje es que sea el mejor del grupo. Y eso no es nada malo, pero sin querer se les está condicionando a que el conocimiento tan solo es para crear e identificar una nueva elite. Y a quién le desagrada que le reconozcan sus hazañas, siendo así por sus logros, separándolo del resto del grupo. Más cuando junto a esa estrategia se consiguen ganancias secundarias, tales como puestos claves, mayor salario y mejor trato en relación a los demás.

Lo más que hace la diferencia entre estas personas que se prestan a hacerse preguntas sobre el por qué de las cosas, es el que lo hace por su propia satisfacción. Y esa gratificación le lleva a identificarse con ese gremio de sabios y eso es precisamente lo que en cierta manera paga el precio de esa tarea. En algunas personas su deseo de tener esa identidad es tan fuerte que hasta se visten de manera que desde lejos resalte en ellos esa diferencia.

El hecho de conocer tiene su precio y desde mi juicio lo es el saber y el comprender algunas cosas, aventajando a los demás. Hay personas que por su naturaleza tienen una manera de ser que han demostrado las constantes contradicciones o mentiras que pueden irritar al más diestro de las personas. El que sabe la realidad tendrá dificultad de ser engañado y eso servirá de tropiezo en la relación que se esté dando, sea de pareja o de trabajo, etc. Si no tuviese conocimiento de leyes, los abogados podrían engañarme, cuando de leyes se trate, pero no cuando se trate del comportamiento humano.

El que conoce en cierta manera sufre más que el que carece de conocimiento. Por esa razón las personas no gustarían de conocer el futuro, para así no saber las cosas nefástas del mañana. Por eso el dicho que deja a saber la ventaja de la persona que no está en su sano juicio (loco) pues no estaría conciente de la realidad.

En fín existe la relatividad y la interpretación personal de cada quien, ya que hay quienes a pesar de todas las posibles desventajas, anhela tener más y más conocimiento. El peor de los peligros, desde el ángulo que observo, es el ego. Al ser humano poco le falta para ser arrogante y egoísta y si le damos más de lo que otros tienen, los perderémos. Y ser pedante es muy odioso y más cuando esa fué la característica de dejó a entrever satanás, razón por lo cual fué lanzado como bola de fuego a la tierra.

Hemos experimentado de manera muy personal que lo único que nos mueve a actuar proviene de nuestra propia autoría. Nadie decide por nosotros. No somos controlados ni dirigidos por nada de lo externo.

Cuidense mis amigos

Dr. Iván E. Alvarez Acosta
Psicólogo Clínico
787-649-2666






Enviar Comentario
Titulo
 
Nombre
 
Correo electrónico
Comentario  
Por favor, escriba el código que ve a su izquierda (en mayúsculas):