Enviado el miércoles, 11 de junio de 2008 5:04
Un ser humano no puede dejar de pensar en terminos de "objetividad". No
existen argumentos subjetivos o objetivos. El pensamiento es el mismo siempre y
el acto comunicativo algo bastante complejo que no se soluciona todo solo con "el
lenguaje".
Se determina primero un acto de voluntad: el sujeto quiere algo. No le gusta
la realidad, quiere cambiarla. Quiere sobreponerse a lo que recibe por los
sentidos.
Esto es lo primero, la voluntad.
Pero, ojo, el camino no es tan facil, No solo con la voluntad se consigue
algo. El ser humano tropieza constantemente, debe aprender como lograr un fin.
Este es el pensamiento puramente clasico y asociativo.
"El aguila y la serpiente".
Yo aqui no quiero que ya nada responda a modelos matematicos, ni logicos, ni
si tienen que ser par o impar. Ni si tienen que responder a verdades a
microscopio o a macroscopico, ni probado fisicamente.
Primero, saber a que llamamos voluntad.
Segundo, saber a que llamanos conocimiento.
Y voluntad y conocimiento no podran ir por si solas, y lo que determinemos, tan
valido como en grado anterior.
Ademas, al ser el propio conocimiento dado a esto, tendra plena vision de sus conclusiones. Esa "imagen" en negativo, ese espiritu de los que nos
hablan los misticos. Esa falseadad o hipocresia socratica de la que hablan, ese "mejor no saber nada" que saber algo, pese a que el ser humano si sabe.
Dado se debera comprobar constantemente. Vivir es una comprobrocacion
constante. No importa el que, en realidad.
Un problema de fondo siempre le acecha al hombre. Vivir es desear
constantemente. Se come, se digiere lo que se vive, se reposa, se dice asi mismo
el hombre "vaya, de pronto me he sentido bien", se mastican esas palabras, se
rumian, se hace papilla, se hace tan fino que indegesta, para ser vuelto a tomar
como un elixir paralizante de conocimiento.
¿Ciclos? Pero no me hables ustedes de ciclos, pues ni lo mismo se repite...