Flaco favor –a veces, pienso- que le hizo
Kant a la ciencia. Flaco favor de los que no le entendieron del todo muy bien,
flaco favor más bien de los que utilizaron a Kant para sus intereses.
Podemos empezar a destacar ya esto en su teoría
del conocimiento, y no en tanto lo que propiamente quiso solventar, si no en
tanto que pareciera solo parcialmente entendido. "A priori" y "noumeno"
son utilizados en teorías cuyo propósito es negar el conocimiento o la
posibilidad evidente y positiva de este.
“En tanto los fenómenos no pueden hablarnos
de ‘la verdad’ –es decir-, ‘la verdad’, ‘noúmeno’ o ‘cosa en sí’, y no puede
mostrarse a través de los fenómenos y por ende a través de ningún sentido, esta
“verdad” no existe ni puede ser demostrable ni formulada, y toda ciencia y misión
embarcada al conocimiento está destinada al fracaso.
En tanto también, todo conocimiento es una
verdad ‘a priori’ -y no más que una construcción
axiomática, vinculada en lo personal a fines éticos- no podría existir una
verdad objetiva y universal”.
Estos argumentos han sido muy utilizados por
la religión para esgrimir sus dudas sobre la ciencia, y también a toda ideología
que connote o denote posibilidad ante el conocimiento Las “aspiraciones in nihil” de estas ideologías
también ha provocado y provoco que Kant fuera muy cuestionado.
Quizás en este punto, cabe señalar, que quizás
no hubo nadie que entendió mejor a Kant que sus contemporáneos o discípulos; todo
el idealismo alemán está impregnado de él, en tanto a sus varias formas y
espectros.
Pero a la vez una figura inspiradora crea sus
propios límites, y podemos ver como ese mismo idealismo engendra nuevos modelos.
En Horderlín, en Nietzsche; ya hay un claro afán superador, vitalista, creador
de nuevas formas. Nuevas ideas, diferentes esquemas; como seguramente les ocurrió
a otros muchos pensadores, la excesiva racionalización de su uso acabo con él.
Otra forma de lo distorsionada que nos ha
podido llegar su pensamiento lo encontramos en su obra ética.
El pilar central de esta -siempre se ha
querido señalar- es su concepto de imperativo. Kantiana tardía –pareciera- en
su concepción para las teorías conductuales: el concepto de “deber” ha sido
sumamente malentendido.
En sí el deber supone sacar un provecho, como
fin moral que es. Las “verdades morales” suponen que el hombre elige, no por lo
que supone como “mayor verdad”, sí no como aquello que le puede provocar uno o
mayor beneficio.
En este mismo dilema nos hallamos ante el “Imperativo
Categórico” de pronto, como si nos encontráramos una piedra grande en el camino,
como si imperar no venga ya a suponer provecho, ni beneficio alguno. De la
misma semilla de la que pareciera brotaría esa ideología moderna altruista de
la que también parecen hablarnos.