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lunes, 28 de abril de 2008

Flaco favor –a veces, pienso- que le hizo Kant a la ciencia. Flaco favor de los que no le entendieron del todo muy bien, flaco favor más bien de los que utilizaron a Kant para sus intereses.


Podemos empezar a destacar ya esto en su teoría del conocimiento, y no en tanto lo que propiamente quiso solventar, si no en tanto que pareciera solo parcialmente entendido. "A priori" y "noumeno" son utilizados en teorías cuyo propósito es negar el conocimiento o la posibilidad evidente y positiva de este.

“En tanto los fenómenos no pueden hablarnos de ‘la verdad’ –es decir-, ‘la verdad’, ‘noúmeno’ o ‘cosa en sí’, y no puede mostrarse a través de los fenómenos y por ende a través de ningún sentido, esta “verdad” no existe ni puede ser demostrable ni formulada, y toda ciencia y misión embarcada al conocimiento está destinada al fracaso.

En tanto también, todo conocimiento es una verdad  ‘a priori’ -y no más que una construcción axiomática, vinculada en lo personal a fines éticos- no podría existir una verdad objetiva y universal”.

Estos argumentos han sido muy utilizados por la religión para esgrimir sus dudas sobre la ciencia, y también a toda ideología que connote o denote posibilidad ante el conocimiento  Las “aspiraciones in nihil” de estas ideologías también ha provocado y provoco que Kant fuera muy cuestionado.

Quizás en este punto, cabe señalar, que quizás no hubo nadie que entendió mejor a Kant que sus contemporáneos o discípulos; todo el idealismo alemán está impregnado de él, en tanto a sus varias formas y espectros.

Pero a la vez una figura inspiradora crea sus propios límites, y podemos ver como ese mismo idealismo engendra nuevos modelos. En Horderlín, en Nietzsche; ya hay un claro afán superador, vitalista, creador de nuevas formas. Nuevas ideas, diferentes esquemas; como seguramente les ocurrió a otros muchos pensadores, la excesiva racionalización de su uso acabo con él.

Otra forma de lo distorsionada que nos ha podido llegar su pensamiento lo encontramos en su obra ética.

El pilar central de esta -siempre se ha querido señalar- es su concepto de imperativo. Kantiana tardía –pareciera- en su concepción para las teorías conductuales: el concepto de “deber” ha sido sumamente malentendido.

En sí el deber supone sacar un provecho, como fin moral que es. Las “verdades morales” suponen que el hombre elige, no por lo que supone como “mayor verdad”, sí no como aquello que le puede provocar uno o mayor beneficio.

En este mismo dilema nos hallamos ante el “Imperativo Categórico” de pronto, como si nos encontráramos una piedra grande en el camino, como si imperar no venga ya a suponer provecho, ni beneficio alguno. De la misma semilla de la que pareciera brotaría esa ideología moderna altruista de la que también parecen hablarnos.

23:42 | gestionado por Andrés Luis | Enviar comentario (2)