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martes, 15 de abril de 2008

Serio argumento es el de la sensibilidad:

A menudo se debate esto, y es centro de atención de los religiosos, que de Dios se tiene experiencia sensible, es decir, de alguna manera Dios nos habla a través de los sentidos.

El Catolicismo afirma vehemente esto; se tiene experiencia sensible de Dios. Pero lo que no parecen muy dóciles en probar, el por qué la persona no puede identificar aquello que le habla.

Todos, cuando tenemos una experiencia sensible, tenemos una memoria, sabemos lo que hemos sentido. Ante la maravilla de un suceso, o de por si la realidad, si se ha cruzado con nosotros un señor con gabardina, recordamos a ese señor con gabardina. Si alguien nos pregunta por ese señor, le contestaremos, le diremos las cualidades que podría tener o no, etc.

Cuando escuchamos un sonido, pasa lo mismo, o tocamos cualquier cosa también pasa. Pero, ¿que clase que experiencia sensible es esa la de Dios, cuando nos "habla" y no vemos, tocamos, ni sentimos nada?

No se rían ustedes: ese Dios no habla en realidad, no dice nada. Una especie de catarsis, de asombro, de iluminación es lo que se produce en estas personas creyentes. Todos los axiomas y verdades latentes, que engullían en pensamiento, parecieran tener todo sentido.

Un disparo inusual de la dopamina, que tiene que ver mucho con el conocimiento. Inducción como llame un día, hace el individuo escuchar sin oír, es decir, se tiene "experiencia sensible", pero el ser no diferencia que es, no reconoce nada, lo acepta sin más.

Si tuviéramos que pedir al creyente que describiera pormenorizadamente aquello que ha sentido, el creyente no podrá hacerlo. Se traba, es incapaz. Es como si Lacan nos diera la razón, y el ser humano se viera sumergido en una realidad que no puede describirse.

Aun así, si la realidad aun se pudiera representar, es decir, al fin y al cabo "la realidad" pudiera decirse de alguna forma, esa "experiencia con Dios" seria aun indecible para el propio ser humano, llegando hasta allí el límite del mismo lenguaje y la memoria. Aquel que "recuerda" o intenta recordar la "experiencia sensible de Dios" lo único que hace es repetirla.

Quizás en este punto un creyente me pueda "iluminar", y sacarme de la ignorancia, de como una cosa que es sensible, no se tiene ni recuerdo, ni diferenciación, ni nada.

Todo a lo demás que parece referirse el creyente es a lo concreto, o como la propia manifestación sensible divina, le puede dar conocimiento de lo concreto, pero nunca que es esa experiencia sensible.

Y lejos que sea un misterio, oculto eternamente para el hombre, yo me propondré saber que es. Como doctor observa su paciente mientras enloquece. Espero que ustedes, los creyentes, me lo perdonen.

Un saludo.


13:57 | gestionado por Andrés Luis | Enviar comentario (2)