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miércoles, 11 de junio de 2008

Un ser humano no puede dejar de pensar en terminos de "objetividad". No existen argumentos subjetivos o objetivos. El pensamiento es el mismo siempre y el acto comunicativo algo bastante complejo que no se soluciona todo solo con "el lenguaje".

Se determina primero un acto de voluntad: el sujeto quiere algo. No le gusta la realidad, quiere cambiarla. Quiere sobreponerse a lo que recibe por los sentidos.

Esto es lo primero, la voluntad.

Pero, ojo, el camino no es tan facil, No solo con la voluntad se consigue algo. El ser humano tropieza constantemente, debe aprender como lograr un fin. Este es el pensamiento puramente clasico y asociativo.

"El aguila y la serpiente". 

Yo aqui no quiero que ya nada responda a modelos matematicos, ni logicos, ni si tienen que ser par o impar. Ni si tienen que responder a verdades a microscopio o a macroscopico, ni probado fisicamente.

Primero, saber a que llamamos voluntad.

Segundo, saber a que llamanos conocimiento.

Y voluntad y conocimiento no podran ir por si solas, y lo que determinemos, tan valido como en grado anterior.

Ademas, al ser el propio conocimiento dado a esto, tendra plena vision de sus conclusiones. Esa "imagen" en negativo, ese espiritu de los que nos hablan los misticos. Esa falseadad o hipocresia socratica de la que hablan, ese "mejor no saber nada" que saber algo, pese a que el ser humano si sabe. 

Dado se debera comprobar constantemente. Vivir es una comprobrocacion constante. No importa el que, en realidad.

Un problema de fondo siempre le acecha al hombre. Vivir es desear constantemente. Se come, se digiere lo que se vive, se reposa, se dice asi mismo el hombre "vaya, de pronto me he sentido bien", se mastican esas palabras, se rumian, se hace papilla, se hace tan fino que indegesta, para ser vuelto a tomar como un elixir paralizante de conocimiento.

¿Ciclos? Pero no me hables ustedes de ciclos, pues ni lo mismo se repite...

5:04 | gestionado por Andrés Luis | Enviar comentario (0)

miércoles, 28 de mayo de 2008

"La "sabiduria" fluye por la sangre del ser humano. El espiritu repleto, pleno de entusiasmo. Una sabiduria rebosante deleita nuestra alma, y queremos para nosotros peligros aun mas lejanos. Realmente nos creemos sabios".
Hay a ciertos padres que le gusta eso de sermonear a sus hijos, en realidad ellos mismos acaban salvandose en su hijo, de todo aquello que "no se debe ser"...
Soberanamente en el padre habla la experiencia, pero matematicamente en el hijo habla la incertidumbre: son tan inutiles las observaciones del padre, como "dos hechos se repitan exactamente iguales".
Al final la aprobacion al hijo sera aquello que no debe ser al padre, y padre e hijo se convertiran en relacion y ciencia misma de lo negativo, y se convertira en losa tan pesada que el padre se autodisculpara, en puro acto de nihilismo, negara a su hijo, a si mismo y el mismo mundo.
¿Donde esta el abajo y el encima? ¿En que consiste la  gran ciencia enseñadora?¿No consistio todo en "estirar", en  realidad, de una verdad de  extremada simpleza?¿En que consiste ser padre y en que consiste ser alumno?
Hasta los que quisieron las mas grandes cosas para sus hijos se desprecian al darse cuenta de estas cosas. Es como "la verdad" misma desenmascarada.
No es de extrañar que el hombre aqui busque en lo que es "mas que humano": de estas cuestiones, acuda a lo que "el no puede", y a la fe misma.
Otros tambien quisieron llamar "dialectica" a este desencuentro, he hicieron pilares de ciencia en esto, y quizas se olvidaron y se hicieron padres honorosos.
Es el fracaso mismo de la experiencia, si un dia quiso gobernar nuestro ser, la que hizo ensombrecer tanto el alma.
La culpa le llegara a la misma tumba, toda una vida para preguntarse y porfiar "si lo hizo bien".
Toda una vida de frustracion, para lo que llevaria solo unos minutos de lectura o atencion. Todo por hacer unequivoca la excepcionalidad del Padre-Maestro; en realidad, el mismisimo egola-manifiesto.

Todo una barata cuestion de artificio y de vanidad que escuchara el hijo como llamada al deber. De lo mas absurdo, pues, el hijo se querra liberar, y no sin muchos años de olvido de tanta majaderia consentida, y hasta firmada por escrito, del propio padre.
Es normal que los hijos acaben tomando lejanos senderos, que lejanos no conduzcan al padre, ni siquiera lo vean de paso.
"He aqui que he vivido, y ademas he dado explicacion y sentido conforme a mi vida": he aqui la gran tonteria de nuestro tiempo, y psicotico sentido del "Ser Padre"...
Un saludo.

22:01 | gestionado por Andrés Luis | Enviar comentario (2)

domingo, 25 de mayo de 2008

La figura del filósofo o el hombre comprometido con el conocimiento siempre se ha visto menoscabada en el ser humano por un llamado “pudor”.

La modernidad ha tratado de ridiculizar al filósofo y al portador del saber como un andrajoso “Zarathustra del saber”.


Pero creo que, como papel, el Zarathustra no está mal, ahora que lo pienso. Un personaje más, sin duda, porque más quisiéramos muchos ser como Zarathustra.

Yo soy un hombre de ciudad egoísta, interesado solo en mi porvenir, como todos ustedes.

Pero las expectativas que se extienden para ciertos burlescos teóricos no son muy esperanzadoras: auto-declarado por ellos mismos ser algún tipo de especie rapaz,  y “apaleados” y “puestos en fuga” por lo que ellos llaman "perturbados", no llegando ni a un "Zarathustra", como mucho a un antológico "Carlos Jesús”; aquel santón gafe, que decía venir de Ganimedes, y que tanto nos hacia reír en televisión.

Zarathustra –creo en cambio- que enseña bastantes cosas: al menos lo que no debería ser el "ser humano".

Mira cuanto desparpajo, cuanta capacidad solvente de nuestra sociedad. En verdad han creído resolver el mundo entero, y a partir de ahora se tragara cuanto le echen, como cuando se le da comida a un perro. Habrá llegado a la conclusión de algo, y sus hijos heredaran sus conclusiones, y hasta los hijos de sus hijos.

Pero la pregunta que yace detrás de todo eso, y no se me aflojen los ateos, pues si no la hacemos, "hasta las piedras gritarían", es simple: ¿Por qué?

¿Por qué?, pero sobre todo ¿para qué?

En verdad eso podría decirlo el que ciertamente tuviera autoridad para hacerlo. Es decir, el que realmente cree ser completamente feliz y además cree que la suya es la única forma de serlo.

¿Pero no son todos esos “desgraciados” felices? ¿No es feliz el esclavo, con todas sus verdades y sus dioses, el ateo plebeyo, el acomodado burgués, el avaricioso prestamista, el vanidoso abogado, el sacrificio del eremita comedor de hierbajos?

¿Qué ética es la mejor de todas; como debería vivir “el hombre”? Mejor dicho, ¿cómo debería vivir mejor “cada hombre”?

Miren al típico hombre de ciudad, andando y pensativo. Mira cómo responde “Si” cuando querría decir “No”. O a su propia pareja -“el ser de su vida” que ellos dicen- le engaña en los mismos términos. Miren a ese “hombre”, como al final ha de tragarse todas sus mentiras, al punto que para la vida no quiere conocer en el fondo otro método más valido que el engaño, y al punto quiere ir contra lo que llama “sociedad” para que le dé explicaciones de sus mentiras, ya que todas fueron hechas en su nombre.

Me temo, que para ser sincero con uno mismo, que es en cierta forma la máxima más apropiada de Zarathustra, no hace falta estar loco.

O mucho: el ser humano ha de levantarse por encima de todas las cosas; como que son todas las cosas- así nos lo presenta el infame- las que hay que levantar. El ser humano despierta y se levanta y predica nuevos cambios nunca vistos hasta entonces, ¡y mira como pisotea ahora esos gusanitos que le molestaba. Mira como ahora hasta los despedaza en pequeños trocitos, y hace con ellos lo que le viene en gana, y lo que a su gusto extremadamente le place!

“¿Por qué y para qué?”

Si, y aquí mismo aparece el verdadero loco, el psicótico, “la venganza”. Aquí mismo se le pone precio a la vida. Nace la venganza de “uno-mismo” contra aquello que sea “uno-mismo”, pues sin vida no hay “uno-mismo”.

Esto es el miedo a la muerte, mucho más poderoso y menos aparente de lo que normalmente trata de aceptarse.

En toda ideología, se mata a la misma muerte. En toda ideología hay un signo liberador de nuestra incapacidad, y en grado sumo, la incapacidad total que representa para nosotros el estar muerto. En toda doctrina hay un afán superador de la muerte. Nunca entonces el ser humano estuvo tan preparado para morir, bajo la premisa de una doctrina y el peligro de perder la vida.

¿Y cómo no iba yo a llamar “cobarde”, al que ni siquiera a conocer se atreve? ¡Como si conocer implicara un “tú”, un “yo”, una dadiva, un robo o una querella!

¿Qué derecho es aquel que se quiere erigir simplemente porque sale de la boca de uno? ¿Qué juez podrá dar credibilidad a alguien que se utiliza a sí mismo como argumento pero no se atiene a ninguna causa y hasta niega que algo así exista?

En verdad la causa le sobrepasó –que ni se mencione esa palabra.- Y ha sido la causa la prueba palpable de sus delitos, y su gran mentira.

Ese nihilismo que envuelve toda prueba manifiesta -en post de una imaginaria prueba que no podría de dejar de ser la misma- es precoz. Nada de conocer; nada de investigar. Pero si mucho el precio que se le está poniendo al conocimiento mismo.

¿Cuánto precio se debería poner al conocimiento?

3:36 | gestionado por Andrés Luis | Enviar comentario (0)

viernes, 16 de mayo de 2008

Que  no se me confunda.

¿Hasta donde hemos llegado?¿Hasta qué punto el ser humano ha hecho de su vanidad la piedra angular en la que todo demás gira? ¿Hasta qué punto, momento ruin además el ser humano ha hecho de eso sentido de lo bueno y malo y ha llamado al orgullo en bruto cosas buenas y santas?

Pero también hasta qué punto ese hombre se ha querido llamar sabio, y hasta filosofo, inundado en una farragosa ignorancia; “Que no me salpique” –se dice este aprendiz de acertijos.


Un filosofo de verdad se moja, cruza a nado, pasa tres ríos más y se queda unos cuantos días en la montaña, si es que no inverna allí.

Pero de repente se nos presentan estos filosofitos de salón; probablemente no han escuchado en su vida algo mas excepcional que el sonido al cerrar su bmw con el mandito.

Estos nos quieren hablar de la verdad: desde lo confortable de su hogar, quieren manejar la verdad a su antojo.

Ni han visto, ni han oído, -como mucho a varias leguas- ni se han querido jamás a atrever escuchar ni comprender nada.

Poceros, abogados, albañiles, delineantes, políticos, criminales: todos tienen en común ser inherentes a su profesión. Mas estos filósofos nos hablan de vanidad, que es el orgullo en fundamentador de todas las cosas, y así debe serlo, y así deberán ser llamadas todas las cosas santas.

En términos técnicos, tal ideología se basaría en determinar todo como verdadero o falso en función sólo resulte grato para el deseo, al gusto. Si no es así -como fácilmente podemos comprobar- todo lo dicho debe resultar falso. Y en términos técnicos, supone que toda praxis este solo fundamentada sólo y en exclusiva en la creencia.

Serán cualquier cosa, pero filósofos no son, aunque les pese, porque nadie más que ellos se han querido llamar así.

En verdad si: aquí es donde yace el ideal hombre hacia todos sus materiales fines. El político, y mas allá aun el religioso, cuando el ser humano ha perdido ya el sentido del absurdo hasta el extremo de intentar encontrar otra vida en esta.

Un saludo.

1:30 | gestionado por Andrés Luis | Enviar comentario (0)

domingo, 11 de mayo de 2008

Como siempre, y hasta el marxismo, cayo en la trampa de "la verdad".
Pues asi se habla el hombre: "Si al fin al cabo, algo existe, quiere decir que existe "la verdad", es decir, aquello que me dara la razon hasta al punto que hare a los demas hombres obedecer".
¿Que quiso transformar el marxismo? ¿Acaso los grandes filosofos ya no transforman sociedades enteras, y a la ciencia misma, con su pensamiento, y no por otra cosa que convencer? ¿Que pretension es esa que solo por filosofar nos mandan obedecer?
Estoy seguro que Jean Paul Sartre, pese a lo que politicamente fue o se dijo, diria que seria el colmo de todo lo humano, pues no solo se da una vision etica subjetiva del mundo, sino que ademas se pretende que tienen que ser los demas que tengan la responsabilidad de tales maximas.
¿No cambio el mundo el pensamiento de Parmenides, Descartes o el mismo Kant? ¿Que eso de "actuar" ya de por si, como asumiendo unos valores que no se le dio el mas minimo tiempo ni para su comprension?
En verdad, yo debo estar muy alejado de los "sabios"; a mi aun como hombre me da verguenza decir a otro hombre: "reconducete".
Y nadie como ellos ha requerido de ingenio para sus fines, hasta de aquellos que explicitamente los depreciaban. Ahi, en el fin mismo, en el murmuro al unisono de "ya todos somos lo mismo, ¿y ahora que hacemos?", se demostro su inutilidad y cuan efimero, como en otros tiempos, como si El Tiempo mismo nos protegiera de los aduladores.
"Sometete", clama la misma bestia, engullidora de "verdades". "Obedece", clama la misma bestia que, no solo quieres ser creida, sino quiere ademas ser adorada.
Pues, ¿por que deberia actuar el hombre, siquiera no hacerlo y quedarse de donde esta, al conocer maximas, mentiras o maldades?
Afortudamente la Filosofia seguira existiendo, pese a los sectarismos, aunque sea "lo más" de modernos. Afortunadamente ninguna ideologia tendra uso exclusivo y eterno de la verdad. La Filosofia, ademas de respuestas, es un amanecer: un amanecer luminoso, deslumbrante, lleno de infinitas esperanzas para el hombre. Un extenso campo dorado, donde el hombre coge el grano de su mas hermosa espiga.

21:35 | gestionado por Andrés Luis | Enviar comentario (1)

¿Qué precio tiene la Fe? Fe es convencer, a todas vistas hacer girar un rodamiento, que se mueve, a lo largo del tiempo, y las ideas es su andamiaje. Fe no es más que hacer girar un propio discurso, en la dialéctica del tiempo. Como siempre dije: son los hechos que dan "Fe" Pero probar que una cosa es cierta o no depende de tantos factores, como la certeza que el hombre no es capaz de ver el futuro. ¿Que es más todo eso que el hombre se va a fabricar un juego de extraña alquimia, con eso de observar las verdades? ¿No es, al fin al cabo, hacer girar esa rueda todo propósito, lo único que al final nos dará "certeza", pues un juego de verdades, contrariedades y certezas todo?

El Hombre-animal hará girar esa rueda dialéctica con los asertos más vergonzosos e inútiles, y hasta lo llamara "probabilidad". El caso que se darán probabilidades de hasta 1/1.000.000, pero la verdad es refinado y "especial". De esto dará cuenta el Hombre-animal para que improbable sea la probabilidad y tenga "éxito".
El Yo probable, el que experimenta con su Yo, halla razón también en su yo. Ese "Equilibrio" que halla el hombre no es otra cosa que dar razón a ese Yo, devorador de axiomas.
Con razón que de profunda vergüenza se vistió el conocimiento, para espanto de generaciones venideras, nacida de un YO dictador, en el que acaba poco de importar ya, precisamente mover "aspas de molinos".
Se careció siempre de la suficiente honradez, y nunca se quiso admitir "por que conoce el hombre", pero sobre todo "como conoce el hombre".
Pareciera en este sentido todos tener su opinión. ¿Cual sería el hombre del futuro, un ser sintético, a la manera que nos hablaba Nietzsche, sintético de opiniones? ¿Por qué se habla de esa clase de hombre, como si fuera el futuro del hombre, que sabe el hombre del futuro?
La "Ausencia de Dios" es aquí evidente, y hasta algunos hicieron de La Desesperación mas interior, ese estar solo el Hombre en el Mundo, sin compasión, a merced de creerse una norma, que solo el futuro del que se desconoce todo, pueda decirnos si es verdadera o falsa en términos tan absolutos que al propio ser le costaría de entender.
Tan solo se frenaron ahí por que ya no se hacían mas preguntas, ni sentido tenían las respuestas. La vida misma pareciera irse a cada aliento, pero aun así el hombre esperaba la gran señal, aquellas señales des la que hablan los viejos sabios, una especie de reliquia, bien que se puede aspirar a tener al fin al cabo, de una guerra que siempre fue desproporcionada para el homo-sapiens-sapiens.

20:57 | gestionado por Andrés Luis | Enviar comentario (2)

He de considerar positivamente que pueda existir cierta ideologia que base su busqueda de la verdad como la negacion de DIOS. De esta forma, todo lo que es positivo en esta determinada persona siempre se referira al conocimiento positivo de la no-existencia de un SER divino en contramedida de tener conocimiento concreto de algo.
Pero llegado a este punto, ante una divinidad que pareciera plantear las mismas preguntas siempre, me pregunta que sentido mismo tendria "la verdad".
Pues, como se dice, llegado a un punto en que la verdad aun se encuentra "mas arriba", el hombre, como se dice, subira a ese "arriba" a ver que hay.
¿Pero si lo que hubiera siempre arriba fuera lo mismo, es decir: nada, si constantemente nos hicieran "subir" por capricho?
Esta claro que hombre que busca la verdad subira, pero tambien el hombre puede conocer perfectamente lo que hay alli. Se puede quedar simplemente donde esta y decir: no necesito subir hasta alli, pues ya conozco lo que hay. Conozco el asombro y la curiosidad, palpitar mi corazon en busca de respuestas, retumbar mi voluntad en busca de soluciones, la sorpresa, la explicacion, la ilusion y la desilusion.
Todas estas cosas las puede conocer el hombre, y absternerse verdaderamente de ir a buscar esa "verdad", pues ya sabe que se esconde detras de sus paredes.
En mi opinion hay que profundizar bien el ser humano para saber lo que realmente lo que busca.
¿Acaso busca negar de la casualidad, decididamente buscar con su conocimiento desechar toda causa que no pueda implicarle a el mismo en el conocimiento?¿Busca de alguna manera negar a un creador, como proposito de toda una vida, causa de una religion que ha querido hasta engullir su voluntad? ¿Cual es el fin verdadero de cada persona, que fin trata de perseguir?
Esto se parece a ciertos trastornos que tiene el ser humano, como por ejemplo en el que al percatarse de que una luz esta encencida, pulsa al interruptor para que esta se apague. De la misma manera esta persona sale a la calle y al punto debe regresar de la calle para pulsar el interruptor y asi saber que esta apagada. De manera que nunca saldra de casa ante ese tipo de mania que le persigue.
Esto evidencia la naturaleza de "la verdad" y como el ser humano llega hasta eso que llama "verdad". De la misma manera que el hombre deberia considerar los fines que le mueve y en ultima instancia determinar que es aquello que quisiera probar como cierto.
Con todo esto no quiero decir que el fin de negar una intervencion en todas las cosas sea un fin no deseado, sino muy al contrario: contradecir a la religion, con todos sus crimenes a la largo de la historia, con todas sus mentiras, con su maniqueas morales en las que a pesar de todo hecho ellos solo acaban ganando el cielo, o en sus modernos sermones en los que no se ve ningun arrepentimiento de todas las atrocidades que pudieran cometer, sino que encima esas atrocidades lo denominan "designios de DIOS"; pues pareciera todo un fin justo y bien fundamentado y justificado.
Pero considero que de la misma manera ellos abrazan sus creencias en contra de los "incredulos", estos ultimos se afanan de negar la existencia que ellos mismo afirman, como si ahi realmente reside esa guerra, que es la misma.
Esa misma guerra, el yo existencial que se pregunta de donde venimos y por que estamos aqui: venimos a este mundo como eyectados, nadie nos lo ha pedido. Nada tiene sentido desde esto: el propio vivir es sobrevivir y requerir un esfuerzo y un afan que no logramos entender. Y en fin, toda esa serie de preguntas que el ser humano no tendra una respuesta infalible o concreta, por que esta no existe. Todas esas verdades que no pueden ser enunciadas, por que carecen de la suficiente informacion para resolverlos. Todos esos enigmas que lo unico que puede el ser humano es darle sentido: es decir, postular por encima de ella alguna "verdad", que de positividad general a la cuestion.
La soledad del ser humano es innegable, su desesperacion vaticinada desde hace muchos tiempos, de ahi que las preguntas "tengan sentido", y bajo estas respuestas se requiera las preguntas.
En lo que esto suceda, siempre exisitira DIOS en nuestra vida contidiana, pues estas preguntas no hacen mas que evocar las mismas respuestas. Y si partimos de un Yo existencial para definir estas cuestiones, en verdad andamos ciegos, segun decia alguien por aqui, de la misma manera que el ser humano evidencia su incapacidad para haber resuelto estos enigmas.
Lo que esta claro que las cuestiones que no tienen una explicacion para el hombre, sera asi y no podra hacer nada, pero esto tambien evidencia como el hombre tambien es capaz de creer cualquier cosa, por rotembolesca que parezca, para solventar estas mismas.
De esto se sugiere primero como el hombre necesita de lo "sensible" para "probar" aquello que se cree, y como el problema de "lo sensible" se refiere a que se puede ser "sensible" no solo a los sentidos, sino al conocimiento mismo. Lo segundo que se sugiere es la incapacidad del hombre de salir de esta dinamica ciclica.
Pero esto lejos de ser una losa sobre el espiritu, va a ser una esperanza, pues el mismo hombre es capaz de tener control sobre sus sentidos, incluso sobre sus pensamientos: Si DIOS se conviritio en precepto del conocimiento, no lo hizo no mas que por la esencia de aquellos que lo aclamaban.

20:46 | gestionado por Andrés Luis | Enviar comentario (2)

lunes, 28 de abril de 2008

Flaco favor –a veces, pienso- que le hizo Kant a la ciencia. Flaco favor de los que no le entendieron del todo muy bien, flaco favor más bien de los que utilizaron a Kant para sus intereses.


Podemos empezar a destacar ya esto en su teoría del conocimiento, y no en tanto lo que propiamente quiso solventar, si no en tanto que pareciera solo parcialmente entendido. "A priori" y "noumeno" son utilizados en teorías cuyo propósito es negar el conocimiento o la posibilidad evidente y positiva de este.

“En tanto los fenómenos no pueden hablarnos de ‘la verdad’ –es decir-, ‘la verdad’, ‘noúmeno’ o ‘cosa en sí’, y no puede mostrarse a través de los fenómenos y por ende a través de ningún sentido, esta “verdad” no existe ni puede ser demostrable ni formulada, y toda ciencia y misión embarcada al conocimiento está destinada al fracaso.

En tanto también, todo conocimiento es una verdad  ‘a priori’ -y no más que una construcción axiomática, vinculada en lo personal a fines éticos- no podría existir una verdad objetiva y universal”.

Estos argumentos han sido muy utilizados por la religión para esgrimir sus dudas sobre la ciencia, y también a toda ideología que connote o denote posibilidad ante el conocimiento  Las “aspiraciones in nihil” de estas ideologías también ha provocado y provoco que Kant fuera muy cuestionado.

Quizás en este punto, cabe señalar, que quizás no hubo nadie que entendió mejor a Kant que sus contemporáneos o discípulos; todo el idealismo alemán está impregnado de él, en tanto a sus varias formas y espectros.

Pero a la vez una figura inspiradora crea sus propios límites, y podemos ver como ese mismo idealismo engendra nuevos modelos. En Horderlín, en Nietzsche; ya hay un claro afán superador, vitalista, creador de nuevas formas. Nuevas ideas, diferentes esquemas; como seguramente les ocurrió a otros muchos pensadores, la excesiva racionalización de su uso acabo con él.

Otra forma de lo distorsionada que nos ha podido llegar su pensamiento lo encontramos en su obra ética.

El pilar central de esta -siempre se ha querido señalar- es su concepto de imperativo. Kantiana tardía –pareciera- en su concepción para las teorías conductuales: el concepto de “deber” ha sido sumamente malentendido.

En sí el deber supone sacar un provecho, como fin moral que es. Las “verdades morales” suponen que el hombre elige, no por lo que supone como “mayor verdad”, sí no como aquello que le puede provocar uno o mayor beneficio.

En este mismo dilema nos hallamos ante el “Imperativo Categórico” de pronto, como si nos encontráramos una piedra grande en el camino, como si imperar no venga ya a suponer provecho, ni beneficio alguno. De la misma semilla de la que pareciera brotaría esa ideología moderna altruista de la que también parecen hablarnos.

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jueves, 17 de abril de 2008

Ahí se muestra la dialéctica desde el principio: un arte que pareciera enseñar que no hay mayor hecho de relevancia que los errores.

Por una especie de cuerda parece andar el hombre ante el conocimiento: sigilosos y precavidos son todos sus movimientos.

De alguna manera el ser humano se convence ante esto que todo lo que conoce no será precisamente lo que acabe creyendo como cierto. Es más, trataría hasta de convencerse que todo aquello que percibe es falso, bajos ciertas premisas que habría que investigar.

Esto evidencia la necesidad de que existan varios elementos psíquicos. Uno es la realidad y el otro es el sujeto mismo. El sujeto es pasivo ante la realidad y todo lo que quisiera hacer el sujeto es para y con la realidad.

Este fenómeno se ha venido muchas veces a llamar "proyección", sobre todo en psicología. El sujeto, que a través de unas normas "ha conocido", quiere para sí "manipular" ese elemento de la realidad.

Pero tanto importante como todas las condiciones como al final "se conoce", son las premisas previas o los factores que determinan en qué grado es posible el conocimiento, la información que manejara al final el sujeto.

Estas premisas a veces parecieran seguir también leyes lógicas, pero no sabríamos predecir la naturaleza de estas leyes mas allá de lo que el ser humano puede percibir. He aquí que el ser humano se movería en el campo Gnoseológico.

Común parece tomar  todo falso por norma. En verdad pareciera cierto que aquello que conoce el hombre no es igual que lo representado propiamente, pero me pareciera demasiado radical de ahí deducir, de alguna manera, que todo conocimiento se opone a otro.

Bajo esta premisa epistemológica, el ser humano solo podría conocer aquello que percibe como diferencia, pero si hablamos de opuestos, las propiedades serán solo y cuando las contrarias que se tratara de conocer.

Si de alguna manera tratamos de decir que todo aquello que percibamos es falso, caemos de por si en una falacia, en una inconsistencia lógica. Remediar esto puedo suponer una larga exposición y hasta una vida entera.

Es a mi opinión ya regla del pensamiento tratar con formas iguales y formas diferentes, que en contenido no revela su existencia, si no en sus propiedades, porque su existencia ya es probada tácitamente.

Esto se sugiere de la misma forma que algo tiene una propiedad, debe ser algo (por ejemplo, "el coche es gris"). A nadie se le podría sugerir la existencia de algo "gris", si tomamos solo la propiedad “gris". Sería algo indeterminado, un concepto abstracto, en tanto tomado en el contexto de un sujeto si revela de su existencia, y de ello se pueden deducir mas proposiciones.

Previo a conocer es en qué condiciones el ser humano conoce. El ser humano además de un ser científico, como se podría decir, es un ser gnoseológico. El determina en qué condiciones se pretende conocer y cuales serán las reglas usadas para que ese conocimiento se pueda dar.

Un saludo.


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martes, 15 de abril de 2008

Serio argumento es el de la sensibilidad:

A menudo se debate esto, y es centro de atención de los religiosos, que de Dios se tiene experiencia sensible, es decir, de alguna manera Dios nos habla a través de los sentidos.

El Catolicismo afirma vehemente esto; se tiene experiencia sensible de Dios. Pero lo que no parecen muy dóciles en probar, el por qué la persona no puede identificar aquello que le habla.

Todos, cuando tenemos una experiencia sensible, tenemos una memoria, sabemos lo que hemos sentido. Ante la maravilla de un suceso, o de por si la realidad, si se ha cruzado con nosotros un señor con gabardina, recordamos a ese señor con gabardina. Si alguien nos pregunta por ese señor, le contestaremos, le diremos las cualidades que podría tener o no, etc.

Cuando escuchamos un sonido, pasa lo mismo, o tocamos cualquier cosa también pasa. Pero, ¿que clase que experiencia sensible es esa la de Dios, cuando nos "habla" y no vemos, tocamos, ni sentimos nada?

No se rían ustedes: ese Dios no habla en realidad, no dice nada. Una especie de catarsis, de asombro, de iluminación es lo que se produce en estas personas creyentes. Todos los axiomas y verdades latentes, que engullían en pensamiento, parecieran tener todo sentido.

Un disparo inusual de la dopamina, que tiene que ver mucho con el conocimiento. Inducción como llame un día, hace el individuo escuchar sin oír, es decir, se tiene "experiencia sensible", pero el ser no diferencia que es, no reconoce nada, lo acepta sin más.

Si tuviéramos que pedir al creyente que describiera pormenorizadamente aquello que ha sentido, el creyente no podrá hacerlo. Se traba, es incapaz. Es como si Lacan nos diera la razón, y el ser humano se viera sumergido en una realidad que no puede describirse.

Aun así, si la realidad aun se pudiera representar, es decir, al fin y al cabo "la realidad" pudiera decirse de alguna forma, esa "experiencia con Dios" seria aun indecible para el propio ser humano, llegando hasta allí el límite del mismo lenguaje y la memoria. Aquel que "recuerda" o intenta recordar la "experiencia sensible de Dios" lo único que hace es repetirla.

Quizás en este punto un creyente me pueda "iluminar", y sacarme de la ignorancia, de como una cosa que es sensible, no se tiene ni recuerdo, ni diferenciación, ni nada.

Todo a lo demás que parece referirse el creyente es a lo concreto, o como la propia manifestación sensible divina, le puede dar conocimiento de lo concreto, pero nunca que es esa experiencia sensible.

Y lejos que sea un misterio, oculto eternamente para el hombre, yo me propondré saber que es. Como doctor observa su paciente mientras enloquece. Espero que ustedes, los creyentes, me lo perdonen.

Un saludo.


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domingo, 13 de abril de 2008

Si todo conocimiento tiene un fin, si se piensa para algo, manipulado de alguna forma, para llegar a alguna conclusión, que no puede entenderse más que por el fin que justifica, entonces ese conocimiento pensamiento o doctrina puede probarse como falsa.

Una afirmación no puede decir más verdad que la que contiene, y esto hace precisamente al conocimiento como algo imparcial.

El conocimiento solo puede ser algo que nos ocurre, nosotros asombrados y atónitos ante ello.

Pretender pre diagnosticar hasta la evidencia como se ha hecho, creo que personalmente es algo que en términos puramente científicos escaparía a mi control.

Pueda darse la regla moral, la doctrina. Pero todas las doctrinas buscan algo: mejor vivir, mejor pensar, etc. Hay que darle mayor importancia a "esas cosas de la vida", que llaman, que al pensamiento, certeza o opinión.

Si nos  atenemos pues simplemente a cuestiones morales, como se vive mejor, etc., toda afirmación goza de vacío, no le dice absolutamente nada, en tanto no se encuentre incluido el fin de esa regla moral o fin personal.

Moral y poder, está profundamente entremezclado. Elegimos reglas morales creyendo que eso es "lo mejor", y podemos hasta dudar que otra persona llegue a ese tipo de convicción, egoístamente.

A la vez moral esta entremezclado con el mismo conocimiento, en cuanto la decibilidad de todo lo que percibimos.

Hay como una orden primaria ante todo el conocimiento que podemos obtener. Desde un marco particular, que es en sí un conocimiento, la esencia misma, a un marco general del yo, que somos nosotros, nuestra consciencia, el conocimiento mismo genera una proposición en que asimila ese conocimiento, pero que no es el mismo conocimiento como se nos ha enseñado.

Esto es lo que "conoce el ser humano", pero todo lo que conoce se halla influenciado por leyes morales.

Y es realmente que todas estas leyes morales son de carácter negativo, es el prejuicio mismo que quiere invalidar todo aquello que el ser humano debe "desechar", en tanto el ser humano "si cree" conocer lo que sí es correcto o "debe" hacer.

Un saludo


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