De entre las obras hidráulicas que los romanos dejaron en España, el sistema que forman el embalse de Proserpina y el acueducto de Los Milagros, diseñado para abastecer de agua a la ciudad Mérida es seguramente el conjunto mejor conservado.
[Grupo de Ingeniería Química y Ambiental (GIQA)
Universidad Rey Juan Carlos]
Es bien conocida la formidable capacidad de los antiguos romanos para las obras de ingeniería civil. Calzadas y puentes, muchos de los cuales están dos mil años después en uso, son los primeros ejemplos que vienen a la cabeza para corroborar lo antes dicho. Un simple vistazo al puente de Alcántara sobre el Tajo, cerca de la frontera entre España y Portugal vale más que mil palabras. Posiblemente se trata del puente romano más relevante que queda en el mundo. Su nombre (Al Qantarat) significa precisamente "el puente" en árabe. Fue construido entre los años 105 y 106 por el arquitecto romano Cayo Iulio Lacer y sus proporciones son impresionantes con una longitud de 214 m y, sobre todo, una altura máxima sobre el río de 48 m en sus dos arcos centrales.
Grabado antiguo del puente de Alcántara y fotografía moderna del mismo.
Dentro de la ingeniería civil, los romanos eran especialmente competentes para las obras hidráulicas: redes de alcantarillado, acueductos, conducciones abiertas y cerradas, sistemas de drenaje, embalses, canales, depósitos, baños calientes y fríos, y un largo etcétera. En contra de lo que mucha gente cree, conocían el principio de funcionamiento del sifón y empleaban conducciones a presión; sin embargo, a causa de los materiales que debían utilizar, preferían el uso de acueductos para salvar hondonadas profundas. Los dos ejemplos más famosos de acueducto que se conservan están Segovia y Nimes.
Acueductos romanos de Segovia y Nimes (Le Pont du Gard).
En los alrededores de Mérida se encuentra en muy aceptable estado de conservación un sistema casi completo de abastecimiento hidráulico a la ciudad. Se trata del conjunto que forman el embalse de Proserpina y el acueducto de los Milagros y constituye uno de los tres sistemas de abastecimiento de la ciudad que aún pueden visitarse.
Sistema hidráulico de Proserpina (según “traianus.rediris.es”).
A diferencia de las presas romanas en el Ebro, y pese a la cercanía del río Guadiana, el embalse de Proserpina es, realmente, una charca o laguneja recrecida con muy modestos aportes hídricos. De hecho, disponía de varios canales de alimentación para aumentar su nivel. El dique de Proserpina es una hermosa obra que mide 425 m de longitud y 20 m de altura. Su fábrica tiene una estructura central de hormigón revestida de sillares escalonados de granito, sillarejos o mampostería según la zona. En el lado exterior se encuentra un espaldón de tierra delimitado por un muro de contención. Además, también posee contrafuertes interiores y exteriores.
Sección del dique de Proserpina (según “www.spanisharts.com”).
Desde el embalse hasta Mérida, la conducción mide más de diez kilómetros, aunque la distancia directa es de unos 5 km escasos. La razón es que el trazado obedece un preciso estudio para aprovechar mejor las condiciones del terreno de forma que la velocidad de circulación del agua sea óptima. La primera parte de la conducción es subterránea con una galería de mampostería abovedada con ladrillo de 2 m de altura por 1 m de anchura, lo justo para que pueda trabajar en su interior un operario. Termina desembocando en una gran piscina.
Pero antes de entrar en la ciudad de Mérida, la conducción debe salvar la hondonada del río Albarregas. Para superar este obstáculo, y pese a lo relativamente exiguo del caudal transportado, los romanos optaron por la construcción de un impresionante acueducto cuya parte elevada tiene más de 825 m de longitud: el acueducto de “Los Milagros”. Sus pilares son de planta cuadrada de 2,5 m de lado y su fábrica es de sillares y ladrillos, con un interior de hormigón. A medida que los pilares adquieren más altura, aparecen contrafuertes laterales. Todos los arcos son de ladrillo a excepción del central inferior, justo sobre el río, que es de piedra. Precisamente en este lugar alcanza actualmente su mayor altura el acueducto, 25 m, que sería mayor si se conservara la parte superior por donde circulaba el agua. Es posible que, además, existiera una galería superior de paso. Todo el sistema hidráulico terminaba en un depósito de planta cuadrada, el "castellum aquae", de 6 m de lado.
Casi con seguridad, el sistema Proserpina-Los Milagros fue el más tardío de los realizados por los romanos para abastecer de agua a Mérida (Emerita Augusta), ciudad que posiblemente llegó a contar con más de 500.000 habitantes. Los otros dos sistemas de abastecimiento hídrico conocidos fueron el de Cornalvo y el de Rabo de Buey. El de Cornalvo debe de ser el más antiguo, pues toma sus aguas del río Albarregas y de sus acuíferos circundantes y entra directamente en Mérida. El de Rabo de Buey, al igual que el sistema de Proserpina debe salvar la vaguada del río Albarregas, lo cual hace por medio del acueducto de San Lázaro de cuya fábrica original solo quedan tres pilares y algunos arcos.
Presa del embalse de Proserpina y acueducto de “Los Milagros”.