El pH del agua
marina es de 8,2, ligeramente básica, sin embargo, el pronóstico que hacen los
científicos es que tendremos un mar ácido, ya que calculan que el pH del mar se
reducirá entre 0,14 y 0,35 a
lo largo del siglo XXI y así progresivamente si no se pone freno a las
emisiones de CO2.
[Grupo de Ingeniería Química y Ambiental. Universidad Rey Juan Carlos]
El CO2
emitido por las actividades humanas está alterando la acidez del agua a un
ritmo cien veces más rápido que cualquier cambio natural registrado en los
últimos millones de años. El CO2 absorbido por los océanos ha
reducido ya su pH en 0,1 lo que ha afectado a corales y otras especies.
Esto es lo que
155 científicos de 26 países diferentes han advertido en la declaración de
Mónaco celebrada hace unos meses. Esta declaración pretende ser un llamamiento
a actuar con rapidez para atajar un problema que amenaza la biodiversidad
marina y con ella, la industria pesquera y la alimentación de millones de
personas que resultarán de una manera u otra, perjudicadas.
Por una parte, los
océanos absorben dióxido de carbono que emiten las actividades humanas,
mitigando el cambio climático al no quedarse en la atmósfera, no contribuyendo
al calentamiento global. Sin embargo, aumenta la acidez del agua. Es decir, cuando se disuelve el CO2 con el agua, forma ácido
carbónico que resulta corrosivo para numerosos minerales.
Es especialmente
dañino para la construcción de conchas y estructuras de esqueletos, aunque
también puede afectar a la reproducción, conducta y fisiología de algunos
animales como ostras, calamares y erizos de mar. Aunque las primeras especies
afectadas son las invertebradas, seguiría por perjudicar a los vertebrados y
con ellos a las personas que dependen del ecosistema marino para su
subsistencia.
Es importante
señalar, que todos los científicos firmantes de la declaración de Mónaco,
resaltan que los arrecifes de coral, que están viéndose afectadas, albergan una
biodiversidad enorme, que además protegen zonas costeras habitadas de la erosión
y las inundaciones y generan un negocio de millones de dólares en turismo.
Para frenar la
acidificación de los océanos, la única estrategia posible es contener las
emisiones de CO2, tema de relevancia científica importante. Estos científicos
firmantes de esta declaración de Mónaco, piden más ayuda por parte de los políticos
de todo el mundo (que se reunirán en Copenhague en diciembre), y piden que se
establezcan unas nuevas reducciones de emisiones de CO2, emisiones que
llevan consigo numerosos problemas medioambientales entre otros, la amenaza de
la biodiversidad marina.