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viernes, 21 de noviembre de 2008

De acuerdo con la normativa comunitaria vigente, es necesario controlar la concentración de trihalometanos (THM) en el agua potable sustancias que se forman al reaccionar la materia orgánica con el cloro utilizado en la potabilización y que poseen potenciales niveles de toxicidad. No obstante, hoy por hoy, el hipoclorito, sigue siendo el desinfectante más utilizado aunque existen otras alternativas tales como el ozono o adicionales, como la utilización de filtros que exigirán importantes modificaciones en las plantas depuradoras con el fin de aumentar el grado de tratamiento en cumplimiento a la normativa europea.  

 

[CyPS-UCM-Grupo de Catálisis y Procesos de Separación]


En la gran mayoría de los países industrializados se tiene garantizada la calidad del agua que sale del grifo gracias al tratamiento previo que recibe, fundamentalmente, a partir del hipoclorito sódico. El uso generalizado de este producto químico ha hecho posible que se haya generalizado la disponibilidad de agua potable. Sin embargo, las mayores exigencias de la sociedad y los avances científicos ponen más alto el listón y ya no nos basta con disponer de agua potable sino que queremos que ésta tenga la máxima calidad.

En particular, el país que emplea el hipoclorito de forma más generalizada y a elevada concentración es EEUU. En Europa, todos los países mediterráneos y el Reino Unido emplean el hipoclorito para el tratamiento del agua como tratamiento, mientras que los países nórdicos y Alemania rechazan el aroma y sabor que le confiere el cloro.

De acuerdo con la normativa comunitaria vigente, es necesario controlar la concentración de trihalometanos (THM) en el agua potable, una sustancia que se forma al reaccionar la materia orgánica con el cloro utilizado en la potabilización. Este tratamiento puede llevar a la formación de sustancias del tipo del cloroformo o similares, con potenciales niveles de toxicidad. En este sentido, los trihalometanos se han relacionado con algunos tipos de cáncer, como cáncer de pulmón, de pecho en mujeres y de vejiga en hombres.

Los trihalometanos constituyen un problema en los procesos de potabilización convencionales El agua que discurre por los cauces naturales no suele cumplir con los mínimos higiénicos que garanticen el consumo sin riesgo sanitario. El agua, por definición, ha de ser incolora, inodora e insípida, pero se le añaden multitud de contaminantes orgánicos. Generalmente, en los nacimientos de los ríos el agua es segura, pero conforme va descendiendo encuentra restos de materia fecal animal, excrementos que se entienden como restos naturales que proceden de animales que pueden estar enfermos o ser portadores de enfermedades peligrosas (tuberculosis, brucelosis, carbunco, infecciones de piel entre otros). Esta contaminación se diluye en el agua y no se ve, pero se puede padecer.

Por ejemplo, la agricultura biológica propugna el uso de abonos naturales, entre los que se pueden encontrar materiales fecales con elevada contaminación microbiológica. Los microorganismos pueden pasar al agua y de aquí ser distribuidos a núcleos de población importantes.

La reutilización de aguas residuales es uno de los métodos que permite garantizar un abastecimiento sostenible de agua para usos no potables, como el riego agrícola y de campos de golf o la recarga de acuíferos. Para eliminar los microorganismos patógenos y minimizar el riesgo inherente a las aguas residuales es imprescindible someter el agua a un proceso de desinfección adecuado. La cloración y la exposición a la luz ultravioleta son dos de los métodos de desinfección más utilizados. Los datos actuales aconsejan utilizar el hipoclorito para minimizar el riesgo que puede comportar la reutilización planificada de un agua residual.  

En realidad, los niveles de trihalometanos detectados en las aguas residuales desinfectadas son inferiores a 20 microgramos por litro, por debajo de los límites establecidos por la legislación europea actual (150 microgramos por litro). Estos datos son muy significativos, puesto que mientras se van a poder formar estas sustancias en el agua de bebida, donde son más peligrosos, será menos frecuente en las aguas residuales tratadas que se van a verter al medio ambiente. La ausencia inesperada de formación de trihalometanos durante la cloración de aguas residuales, a pesar de su elevado contenido en materia orgánica, radica en que el agua residual, a diferencia del agua potable, contiene concentraciones significativas de iones amonio, que reaccionan con el cloro y promueven la formación de cloraminas. Las cloraminas inorgánicas tienen un efecto desinfectante y una menor reactividad con la materia orgánica.

No obstante, hoy por hoy, el hipoclorito, junto con otras sustancias cloradas, siguen siendo los desinfectantes más utilizados y, aunque existan otras alternativas, su sustitución por otro agente puede que no sea aplicable en todos los casos por motivos técnicos..

Uno de estos sustitutos es el ozono, aunque su uso requiere modificar las instalaciones actuales. Una opción que permite continuar trabajando con las plantas actuales es el empleo de filtros de carbón activo, con propiedades fijadoras y capacidad de retener los THM y otras sustancias, eliminándolas del entorno. El producto final cumple con los estándares de calidad y seguridad de forma sencilla.

La futura legislación descrita por la normativa europea, exige que a partir de 2009 se establezca un límite máximo de 100 microgramos de trihalometanos por litro para el agua potable de consumo público.

Esta ley obligará a algunos ayuntamientos a tomar medidas para rebajar su actual nivel de trihalometanos y por tanto de la materia orgánica antes de proceder a la cloración final. Este tratamiento es necesario para mantener una acción desinfectante en el agua potable, protegiéndonos de bacterias, virus y otros microorganismos que eventualmente pudieran aparecer a lo largo de la red de distribución hasta los grifos de nuestras casas.   

En este sentido en algunas localidades por ejemplo Cáceres, se están realizando modificaciones en la Planta de Tratamiento de Agua Potable de la ciudad en una primera fase, para mejorar la calidad y rebajar el índice de trihalometanos con  el fin  de  cumplir con la normativa europea para primeros de enero. En una segunda fase, será con la que, finalmente, se logre mejorar el sabor del agua, puesto que se eliminará la cloración de la misma mediante un proceso de ozonización.

De la misma forma, en otras localidades se va a intentar sustituir la cloración por tratamiento con ozono lo que supone importantes modificaciones en las plantas depuradoras, con el fin de aumentar el grado de tratamiento en cumplimiento a la normativa europea.  

 

12:30 | gestionado por José Aguado Alonso | Enviar comentario (5)