Tras muchos años de controversias, el embalse de Alqueva, el mayor lago artificial de la Unión Europea, funciona a pleno rendimiento. Su construcción impulsará el desarrollo económico y social del Alentejo portugués, una región tradicionalmente deprimida, pero muchos grupos temen que se haya producido un grave deterioro medioambiental, histórico y artístico irreparable.
[Grupo de Ingeniería Química y Ambiental (GIQA)
Universidad Rey Juan Carlos]
El pasado mes de febrero de 2007, el nivel del agua en el embalse de Alqueva llegó a la mayor cota alcanzada desde su construcción, ligeramente superior al 90% de la máxima capacidad de almacenamiento. En la actualidad, el embalse se encuentra lleno en un 80%.
Este embalse del río Guadiana se encuentra en la región portuguesa del Alentejo, próxima a la frontera hispano-portuguesa. De hecho, parte de la cola del embalse está en la provincia española de Badajoz.
La presa del embalse de Alqueva es grande, pero sin llegar a dimensiones colosales, unos 100 m de altura por 450 m de longitud. Sin embargo, la longitud del embalse (superior a 80 km), su capacidad de almacenamiento (4150 millones de m3) y la superficie de la lámina de agua (25000 hectáreas) convierten a esta controvertida obra en el mayor lago artificial de la Europa Occidental.
Fotografía de la presa de Alqueva durante las obras de construcción, arriba. y sección de la misma, abajo. (Fuente: CNPGB, Comisión Nacional Portuguesa de Grandes Presas, http://cnpgb.inag.pt/)
Ya en los años cincuenta, el gobierno del dictador Oliveira Salazar estudió la viabilidad del proyecto de construcción de este gran embalse como motor del desarrollo económico del Alentejo, una de las regiones más pobres de Portugal y de toda Europa.
Tras la revolución de los claveles, en abril de 1974, el proyecto fue retomado e, incluso se realizaron algunas obras, pero se abandonó de nuevo en 1978. Finalmente, en los años noventa, tras la entrada de Portugal en la Unión Europea, los gobiernos de Cavaco Silva y António Guterres impulsaron definitivamente la obra que se llevó a cabo entre grandes polémicas. En febrero de 2002 se cerraron las compuertas y comenzó el almacenamiento de agua.
El embalse tiene tres finalidades principales: la generación de energía eléctrica, el abastecimiento de una proyectada nueva red de regadíos (de más de 100000 hectáreas) y la creación de una gran reserva permanente de agua para fines comerciales, industriales, ambientales y muy principalmente turísticos. La central hidroeléctrica, que comenzó a funcionar en el 2004 tiene dos grupos generadores con una potencia conjunta de 240 Mw.
Lámina de agua del embalse de Alqueva, el mayor lago artificial de Europa Occidental (fotografía procedente de la página de información turística http://www.alqueva.eu/).
Aunque todo el mundo reconoce la importancia del proyecto para el despegue económico de la región son muchas las voces que se han opuesto a la construcción del embalse de Alqueva, al menos en las dimensiones finales de la obra.
En primer lugar, las organizaciones ecologistas han argumentado que la construcción del embalse ha sido un desastre medioambiental ya que se ha destruido la vegetación de amplias zonas (una deforestación vertical superior a 100 m) y el hábitat de las aves y mamíferos de los ecosistemas fluviales del Guadiana y afluentes.
Por otra parte, las aguas han destruido, o al menos cubierto, cientos de petroglifos prehistóricos grabados en las rocas próximas al cauce de los ríos. Igualmente se han anegado pueblos enteros y lugares de interés histórico y artístico. Así, el pueblo de Luz ha sido reconstruido en altura, intentando reproducir exactamente el trazado original.
Finalmente, se tiene la convicción de que el desarrollo turístico de la zona no será tan armónico, controlado y respetuoso con el medio natural como pretende el gobierno. Las autoridades portuguesas, que reconocen los posibles problemas urbanísticos que el aprovechamiento del embalse puede generar, han declarado grandes áreas del entorno del lago artificial como Reserva Ecológica Nacional. Se prevé que las infraestructuras turísticas podrán ocupar solo el 10 % (unos 100 km) de la ribera; el resto (unos 900 km en territorio portugués) se dejará sin edificaciones para intentar preservar el medio natural. Además, todos los proyectos de desarrollo turístico serán evaluados en los aspectos de conservación medioambiental. Todo el conjunto ha sido declarado como la 5a Región Turística de Interés Nacional, junto con el Algarve, la isla de Madeira, la ciudad de Lisboa y el valle del Duero.