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jueves, 22 de febrero de 2007

Entre las múltiples consecuencias que se pronostican con motivo del cambio climático se incluye la amenaza de un prolongado período de sequía que afectaría entre otros países a España. Pero cabe preguntarse si está justificado ese temor o si se trata de una alarma que carece de bases científicas.

 

[Grupo de Ingeniería Química y Ambiental (GIQA)

Universidad Rey Juan Carlos]

 


El clima es por su propia naturaleza cambiante. Cada día tenemos un período cálido, las horas diurnas, seguido de un período frío, la noche. Puede haber diferencias enormes de temperatura entre ambos períodos que en España superan normalmente los 10ºC y que llegan a veces a 30ºC o más. Esto, sin embargo, no nos produce ninguna inquietud. Sabemos que se trata de un ciclo breve natural y nadie teme que la noche sea eterna. De igual forma, en las regiones de clima templado se suceden las estaciones en un ciclo anual al que también nos hemos acostumbrado.

Los ciclos climáticos de largo período ya son otra historia. Escapan a nuestro control mental y nos producen un cierto desconcierto. Cuando se le explica a la gente que hace menos de 100 000 años se paseaban por Madrid mamuts y rinocerontes lanudos y que en la Sierra de Guadarrama había glaciares como los de los Pirineos y los Alpes, la mayoría piensa que eso son cosas del pasado que nunca más volverán a repetirse. Carecemos de experiencias vitales que nos permitan detectar que se trata de ciclos largos.

Al amparo de esta situación y ante la amenaza del inminente “cambio climático” se genera todo un conjunto de rumores, bulos e hipótesis que unas veces están plenamente justificadas y otras carecen de cualquier base científica. Posiblemente, este es el caso de la terrible sequía que, según dicen, amenaza a España ¿Es que el calentamiento global del planeta conllevará una escasez de lluvia? ¿Y eso, por qué? ¿acaso los períodos fríos, glaciaciones, fueron húmedos y los períodos cálidos, interglaciales, fueron secos?

Posiblemente, la causa fundamental de los cambios climáticos de larga duración tiene su origen en las fluctuaciones orbitales de la Tierra que dan lugar a los ciclos de Milankovitch. Además, intervienen otros factores adicionales como las oscilaciones en la potencia de emisión solar. Estos agentes principales ven amplificada su acción por otros procesos de la superficie terrestre que realimentan la tendencia como los gases de efecto invernadero. Pero, ¿qué relación tiene esto con la escasez de agua en España?

El agua juega un decisivo papel climático. Las grandes masas oceánicas actúan como termostatos que suavizan los cambios de temperatura y contribuyen al balance global de absorción-emisión de radiación térmica. Además, la circulación termohalina, entre otras, actúa como un factor de distribución energética a lo largo del planeta. Por otra parte, las grandes extensiones de nieve y hielo permanentes aumentan el albedo y reducen la cantidad de radiación solar absorbida por la superficie terrestre.

Así mismo, el vapor de agua atmosférico contribuye tanto a la absorción de la radiación solar directa como al efecto invernadero, por lo que es un factor importante del calentamiento global; por el contrario, la formación de nubes, especialmente las espesas y de baja altitud, actúa de forma opuesta al incrementar el albedo. Como vemos, muchos factores se enfrentan entre sí y es difícil predecir el comportamiento global.

En la actualidad, desde finales del siglo XIX, asistimos a un período casi continuo de calentamiento global tras quinientos años de clima continuado frío, la llamada pequeña edad del hielo. Todavía, la temperatura media de la Tierra no es superior a la que había en la edad media en torno al año 1000, pero algunos indicadores muestran que hay motivos para preocuparse. Parece seguro que la velocidad de calentamiento es superior a la explicable a partir de sólo fenómenos naturales. El aumento del CO2 atmosférico como consecuencia de las actividades humanas es, sin duda, uno de los factores de riesgo más acusados. También la emisión de otros gases, metano por ejemplo, o la desaparición de grandes masas forestales.

Si el calentamiento global continúa acelerándose qué podemos esperar del futuro abastecimiento de agua. ¿Habrá sequías prolongadas y crecerán los desiertos? No parece que deba ser así, más bien todo lo contrario. El calentamiento global actúa fundamentalmente reduciendo las diferencias entre verano e invierno, es decir, haciendo que el clima sea menos estacional. Desde luego, gran parte de los hielos permanentes se fundirán y subirá el nivel del mar, pero simultáneamente aumentará la evaporación y la proporción de vapor de agua atmosférico. Podríamos decir, que iríamos hacia un clima más subtropical, no más seco. Sí cabe esperar un aumento de los fenómenos meteorológicos violentos: tormentas tropicales, huracanes, tifones.

Por tanto, entre las muchas consecuencias indeseables del cambio climático inducido o acentuado de forma antropogénica no parece que se encuentre la escasez global de agua dulce. En el caso concreto de España, que sufre un tradicional déficit hídrico en ciertas regiones, las medidas a adoptar no deben vincularse al calentamiento global, protocolo de Kyoto y similares, sino que más bien deben orientarse al uso racional, solidario y sostenible de las fuentes de abastecimiento. Desde luego, hay zonas de nuestro país que se desertizan, pero no por el cambio climático global, sino por inadecuadas actividades humanas de carácter local. Ahí es donde debemos poner el acento.

17:16 | gestionado por José Aguado Alonso | Enviar comentario (59)