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domingo, 12 de noviembre de 2006

Dos millones de niños mueren al año en el mundo debido a la falta de un vaso de agua limpia y un saneamiento insuficiente. Sin embargo, estas graves carencias no son debidas a la escasez de recursos hídricos, sino a la exclusión que provocan la pobreza, la desigualdad y las erróneas políticas gubernamentales. La clave para superar la "crisis mundial del agua" reside en combatir estos problemas.

[Grupo de Ingeniería Química y Ambiental (GIQA)
Universidad Rey Juan Carlos]


Más de mil millones de personas carecen de acceso a un agua apta para el consumo y más del doble se ven privadas de un saneamiento adecuado. Así se expone en el "Informe sobre Desarrollo Humano 2006" del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), bajo el título "Más allá de la escasez: poder, pobreza y la crisis mundial del agua".

A comienzos del siglo XXI, vivimos en un mundo de prosperidad sin precedentes, pero la metas de reducir la extrema pobreza marcada por la ONU para 2015 se enfrenta a una crisis "silenciosa", la del acceso al agua, que podría desviar el progreso e impedir el desarrollo humano. Esta crisis pasa desapercibida, pero se cobra más vidas, a causa de las enfermedades, que las guerras.

En el informe, la PNUD enfatiza que ningún acto de terrorismo genera tanta "devastación económica" como la crisis mundial de agua y saneamiento, al tiempo que rechaza que tenga relación directa con "situaciones de escasez absoluta del suministro físico". A su juicio, derivan fundamentalmente de las relaciones desiguales de poder y de las políticas erradas de gestión del líquido, que agravan la escasez.

Prioridad política

En un mundo de creciente prosperidad, se da la dramática paradoja de que 1.100.000 millones de habitantes de países en desarrollo carezcan de un adecuado acceso al agua y que 2.600 millones no dispongan de un saneamiento adecuado. Además, cada año mueren cerca de 1,8 millones de niños como consecuencia directa de la diarrea y otras enfermedades causadas por el agua sucia y el saneamiento insuficiente. A inicios del siglo XXI, el agua sucia es la segunda causa de muertes infantiles en el mundo.

Los orígenes varían de un país a otro, pero tienen algunos factores comunes. Son pocos los países que abordan la política del agua y del saneamiento como una prioridad política, los más pobres del planeta están pagando los precios más altos del mundo por el líquido vital y la comunidad internacional no ha logrado que estas cuestiones se fijen como una de sus prioridades. El informe se muestra optimista. "Contamos con la financiación, la tecnología y las capacidades para hacer que la crisis del agua y el saneamiento pasen a ser parte de la historia".

El mundo no está quedándose sin agua, pero varios millones de sus habitantes más vulnerables viven en áreas expuestas a sufrir un estrés de agua creciente. Unos 1.400 millones de personas viven en cuencas fluviales en las que el uso del agua supera las tasas de recarga. Los ríos están secándose y los ecosistemas dependientes del agua están sufriendo una rápida degradación. "El mundo está acabando con uno de sus recursos naturales más valiosos y está acumulando una deuda ecológica insostenible, que heredarán las próximas generaciones".

El informe insiste en que garantizar que cada persona disponga de acceso a al menos 20 litros de agua limpia al día para cubrir sus necesidades mínimas es un requerimiento mínimo para respetar el derecho al agua y una meta mínima para los gobiernos. A falta de nueve años para alcanzar 2015, el agua limpia y el saneamiento se alzan como metas esenciales para salvar vidas infantiles, impulsar el progreso en educación y liberar a la población de enfermedades que les retienen en la pobreza. Pero aun alcanzando el objetivo, quedarán más de 800 millones de personas sin agua y 1.800 millones sin servicios de saneamiento en 2015.

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La ONU advierte de las consecuencias económicas y sociales que se derivan de la crisis mundial del agua, un bien preciado y escaso que ya ha entrado en el cálculo del Índice de Desarrollo Humano. El último Informe sobre Desarrollo Humano publicado ayer por la ONU dedicado al acceso al agua limpia hace un llamamiento para que se reconozca el acceso a 20 litros de agua limpia por persona y día como un derecho humano.

[Grupo de Ingeniería Química y Ambiental (GIQA)
Universidad Rey Juan Carlos]


El último Informe sobre Desarrollo Humano publicado ayer por la ONU dedicado al acceso al agua limpia y a la capacidad de las sociedades para aprovechar el potencial del líquido elemento como recurso productivo hace un llamamiento para que se reconozca el acceso a 20 litros de agua limpia por persona y día como un derecho humano.

Esta cantidad, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), debería ser gratuita para aquellos que carecen de recursos suficientes para pagarla.

El informe exige una cooperación internacional que permita garantizar el acceso al agua segura, un objetivo que haría posible que, en 2025, más de 3.000 millones de personas puedan vivir en países que no sufran este problema.

El Informe sobre Desarrollo Humano (IDH) de 2006 recuerda que 1.100 millones de personas carecen de acceso al agua, y 2.600 millones no disponen de servicios mínimos de saneamiento. Añade que cuanto mayor es el nivel de pobreza, más se debe pagar por este bien escaso e imprescindible.

Así, el 20% de los hogares más pobres de El Salvador, Jamaica y Nicaragua gastan en promedio más del 10% de sus ingresos en agua, mientras que los británicos consideran que gastar en esto un 3% de los ingresos familiares supone estar en el umbral de unas condiciones de vida 'difíciles'.

Además, el IDH de 2006 señala las disparidades de precios que se pagan por el agua, y asegura que las personas que viven en los barrios pobres urbanos suelen pagar entre 5 y 10 veces más por cada litro que los habitantes de las áreas de ingresos altos.

La desigualdad ha hecho surgir a los 'señores del agua', una nueva figura que domina este mercado en determinados países.

Sucede así en estados indios como el de Gujarat, donde la disminución de los niveles freáticos pone en peligro la vida de cientos de miles de personas vulnerables. Los grandes propietarios construyen pozos profundos que dejan sin agua a los pueblos vecinos, y así la revenden a precios elevados.

En otros lugares, los sistemas de tarifas desincentivan la conservación del agua y abaratan el coste para que las poblaciones más acomodadas puedan consumir aún más.

La privación de agua y saneamiento produce efectos multiplicadores, con costes extraordinarios para el desarrollo humano, como son las 4.900 muertes diarias infantiles a causa de la diarrea, que supone la población menor de 5 años de ciudades como Nueva York y Londres juntas. También se han de tener en cuenta las desventajas en el ciclo de la vida, que afectan a millones de personas, reducen las oportunidades educativas en la infancia y que conducen a la pobreza en la edad adulta.

La crisis del agua provoca que el Africa Subsahariana pierda aproximadamente un 5% anual del PIB, o alrededor de 28.400 millones anuales de dólares, una cifra que supera el total de la asistencia recibida y el alivio de la deuda de la región en 2003. Esto resulta especialmente triste si se tiene en cuenta que cada dólar invertido en el alivio de estos problemas puede crear otros 8 dólares en reducción de costes y en aumento de la productividad.

El PNUD considera básico que los gobiernos inviertan un 1% del PIB en agua y saneamiento. Frente a esta demanda, en países como Etiopía el presupuesto militar es 10 veces superior al que se dedica a hacer del agua un derecho humano, no sólo de palabra.

En Pakistán el gasto militar es 47 veces superior. Además, la desigualdad también se muestra en las infraestructuras y la capacidad de almacenamiento: mientras que Estados Unidos (número 8 en el IDH) almacena 6.000 metros cúbicos de agua por persona, Etiopía (número 170) sólo recoge 43.

13:38 | gestionado por José Aguado Alonso | Enviar comentario (13)