Según el diario Expansión, la construcción de algunas desaladoras privadas ha sido paralizada en varias administraciones locales y autonómicas a pesar de que esta opción había sido contemplada por el gobierno como alternativa al Plan Hidrológico Nacional en algunas provincias. Las primeras desaladoras privadas se instalaron en los setenta para el abastecimiento hídrico de hoteles en Canarias. El gran consumo de agua en zonas residenciales costeras con campos de golf ha impulsado de nuevo esta tecnología. Las razones que se aducen para este bloqueo son su alto coste energético y la posible influencia negativa sobre el entorno.
[CyPS-UCM-Grupo de Catálisis y Procesos de Separación
Universidad Complutense de Madrid]
En España, la primera desaladora con una producción significativa se instaló en Lanzarote en 1965. En la actualidad hay unas 900 plantas, tanto de agua salobre (que tiene más sal disuelta que el agua dulce, pero menos que la marina) como salina, y de tamaños entre 100 y más de 100.000 m3/día de capacidad, que en conjunto desalan unos 1,6 hm3/día o 500 hm3/año
Los defensores de esta alternativa consideran que es una solución de bajo coste ya que una urbanización de mil pisos con campo de golf necesitaría una desaladora capaz de producir 2.000 metros cúbicos diarios que costaría millones de euros, es decir permitiría disponer de mil litros de agua por menos de un euro, aportando además el agua sobrante a la red pública. Los detractores consideran que las desaladoras pueden provocar alteraciones en espacios naturales protegidos y que suponen un alto consumo energético, que puede determinar elevaciones de la factura eléctrica autonómica de un 10%.
En las figuras 1 y 2 se muestran las evoluciones del consumo energético de las plantas desaladoras y de los costes del agua desalada así como la distribución porcentual de estos, según la Asociación Española de Desalación y Reutilización, AEDyR. En 2005 el consumo fue de 3 kWh/m3 en agua de mar y el coste de 0,5 euros/m3 constante desde 2000 ya que aunque el consumo energético tiende a disminuir pero el coste de la energía tiende a aumentar, con un aspecto adicional que es la excelente calidad del agua desalada.
Figura 1:Consumo energético del agua desalada en España según AEDYR
Figura 2: Costes del agua desalada y distribución porcentual según AEDYR
En cuanto al efecto sobre el entorno, los escasos estudios de impacto medioambiental disponibles en la actualidad, informan de que los vertidos de las plantas desalinizadoras han causado reducciones de poblaciones de peces, mortalidad de plancton y corales en el Mar Rojo, desaparición de manglares y angiospermas marinas en la laguna de Ras Hanjurah (Emiratos Árabes), y una contaminación importante de los fangos por cobres y níquel en Key West (Florida). Para paliar en lo posible estos efectos, los expertos recomiendan situar los vertidos de salmueras en zonas de hidrodinamismo medio o elevado, que facilite la dispersión de la sal vertida al mar.
El ministerio de Medioambiente mediante la asociación del programa de energías renovables con el Programa AGUA prevé cuadriplicar la potencia necesaria de las plantas desaladoras, que pasaría de 260 mw para generar 555 hectómetros cúbicos al año a 1120 megavatios. Según la ministra de Medio Ambiente, se trata de lograr que la energía consumida por las desaladoras proceda de las energías limpias para compensar las emisiones de dióxido de carbono.