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jueves, 04 de mayo de 2006

En períodos de sequía como el actual la atención de la opinión pública y de las administraciones se centra fundamentalmente en el volumen de agua embalsada, dejándose de lado un aspecto fundamental como es la calidad del agua. A pesar de que en las últimas semanas la sequía ha dado un respiro en muchas regiones, cabe preguntarse qué calidad tiene el agua del que disponemos. En algunas ciudades se han desatado sospechas sobre si el agua de suministro puede ser calificada como potable.

 

[Grupo de Procesos y Sistemas de Ingeniería Ambiental,

Universidad Autónoma de Madrid]

 

 


Las lluvias de las últimas semanas han permitido un ligero aumento de las reservas de agua en los embalses españoles, alcanzándose una situación menos preocupante que la del año anterior. A juicio de la Ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, sólo puede hablarse ya de sequía en la región comprendida entre los embalses del Tajo, el Júcar y el Segura, así como en la cuenca del Guadalquivir. A pesar del respiro concedido por la sequía en algunas zonas, para valorar la situación en su justa medida no debe utilizarse la cantidad de agua disponible cómo único indicador. En períodos de sequía como el actual la atención de la opinión pública y las administraciones se centra fundamentalmente en el volumen de agua embalsada, dejándose de lado un aspecto fundamental como es la calidad del agua y los usos que permite.

 

En un estudio reciente de la Organización de Consumidores (OCU) se analizaron muestras del agua para consumo de cincuenta capitales de provincia, poniéndose de manifiesto un número importante de casos en los que no se alcanzan los estándares necesarios para que el agua pueda ser calificada como potable. La concentración de trihalometanos es el parámetro de calidad para el que se encontraron mayores problemas. Así, Cáceres, Ciudad Real, Zamora y parte de Alicante, Ávila y Murcia superan el límite de 150 microgramos de trihalometanos por litro establecido por la legislación vigente. En 2009 el límite se prevé que sea reducido a 100 microgramos por litro, valor con el que el agua de consumo Badajoz, Bilbao, Cádiz, Huelva, Lugo, Orense, Santander, Segovia, Sevilla, Tarragona, Vitoria, Córdoba y Valladolid tampoco sería potable si no se corrige la situación. Si bien el estudio recibió críticas por la metodología seguida, constituye una llamada de atención sobre la importancia del control de la calidad del agua de abastecimiento. Las soluciones a problemas como el comentado son sencillas, bastaría con la instalación de unidades de adsorción sobre carbón activo o de hidrodecloración, aunque ello supondrá sin duda un aumento en el coste del agua.

Otro parámetro de importancia con vistas al uso del agua es la conductividad. Según la OCU el agua para consumo presenta niveles altos de conductividad en las capitales de provincia de Levante, debido a la naturaleza del suelo y al creciente empleo de aguas subterráneas en los períodos de sequía. El consumo de agua con estas características aumenta el riesgo de enfermedades renales y es fuente de problemas en los equipos domésticos e industriales.

 

La calidad del agua es también motivo de preocupación en la agricultura. La sobreexplotación y salinización de acuíferos en Andalucía y Levante hace que en amplias zonas la conductividad del agua empleada en los regadíos sea excesiva. El empleo de éste agua conduce a la paulatina salinización y alcalinización del suelo, con la consecuente pérdida de su fertilidad. Este problema latente no debe ser menospreciado, ya que en numerosas ocasiones a lo largo de la historia ha sido el motivo de la desaparición de economías y sociedades sustentadas por la agricultura.

4:47 | gestionado por José Aguado Alonso | Enviar comentario (5)