El pasado mes de febrero entró en funcionamiento en Israel la segunda fase de la mayor desaladora del mundo. Se encuentra situada en la ciudad de Ashkelon y está diseñada para producir 330.000 m3/día de agua desalada, mediante 32 módulos de ósmosis inversa, suficiente para atender una población de 1.400.000 habitantes. Con ello se trata de paliar el problema del agua del estado hebreo.
[Grupo de Tratamiento de Aguas.
Universidad de Alcalá]
La desaladora de Ashkelon, formada por dos líneas idénticas, tiene una capacidad de producción de 108 millones de metros cúbicos al año, capacidad equivalente para abastecer a una población de 1.400.000 habitantes. Esta planta produce agua de alta calidad a un precio muy competitivo, 0.5€/m3.
La planta dispone de un novedoso sistema en cuatro etapas para la eliminación del Boro hasta los niveles exigidos, elemento que por su baja concentración en agua de mar y su pequeño peso atómico hace que su permeabilidad en los sistemas de ósmosis inversa sea muy alta. Por otro lado, también posee un sistema de recuperación de energía tras el bombeo de alta presión y el paso por la membrana.
También recientemente se ha inaugurado la ampliación de la desaladora por ósmosis inversa de Alicante, dentro del programa A.G.U.A., teniendo actualmente una capacidad de producción de 64.000 m3 /día. Los caudales aportados se consumen directamente en poblaciones como Alicante, Elche y Santa Pola.
Estos datos ponen de manifiesto la importancia que está adquiriendo la utilización de desaladoras en su contribución para paliar el problema de la escasez de agua en España y en el mundo. Dentro de la desalación, la evolución tanto de la capacidad productora, como del coste de producción hacen de la ósmosis inversa una opción a tener en cuenta. Bien es verdad que se está llamando la atención por los efectos negativos que el retorno de la salmuera al mar se puede provocar, pero son varias las soluciones que se pueden aportar.