Se han diseñado varios dispositivos para convertir la energía de las olas en electricidad. La maquinaria necesaria para convertir el lento movimiento de las olas en electricidad es costosa y por ello la energía de las olas realmente aprovechable en la actualidad es pequeño y el coste de la electricidad generada con estos sistemas, muy superior al de la producida con fuentes energéticas convencionales. Sin embargo recientemente se ha descrito un nuevo sistema denominado Oyster diseñado para instalarse en aguas cercanas a la costa que permite un alto porcentaje de producción media anual de energía con una distribución constante y riesgos ambientales mínimos ya que en el proceso no interviene ninguna sustancia tóxica y su funcionamiento es silencioso.
[CyPS-UCM-Grupo de Catálisis y Procesos de Separación]
El mar proporciona una fuente natural de energía por medio de las olas que se denomina energía undimotriz. Es menos conocida y extendida que la mareomotriz, pero cada vez se está investigando más.
En realidad, la energía que se obtiene del movimiento de las olas marítimas es un derivado indirecto de la energía solar, ya que el aumento de la incidencia del sol en la tierra provoca el calentamiento global, la superficie terrestre aumenta su temperatura y esto provoca viento, que a su vez es el responsable del oleaje. Este tipo de energía renovable se aprovecha porque su principal característica es que las olas se desplazan a grandes distancias sin apenas pérdida de energía, y por tanto, la que se genera en el océano acaba llegando al litoral, donde se puede recoger y transformar para el uso humano
El objetivo de lograr una tecnología capaz de extraer energía del oleaje no es nuevo. Las primeras patentes fueron registradas en París, en tiempos de la Revolución Francesa, por un padre e hijo de apellido Girard. Sin embargo, el verdadero desarrollo de esta tecnología no comienza hasta el último cuarto del siglo XX.
En este sentido, los expertos enumeran hasta 81 prototipos diferentes, algunos de los cuales ya se utilizan en distintas partes del mundo. Sin ir más lejos, Portugal es uno de los países que quiere tomar la delantera. En cualquier caso, se considera a Noruega y Escocia pioneras de la tecnología undimotriz. Las instalaciones undimotrices requieren una alta inversión y un mayor desarrollo tecnológico. Sus responsables deben mejorar en varias cuestiones, como su eficiencia al aprovechar el movimiento no lineal y esquivo de las olas, o su resistencia al embate de las mismas, y todo ello con un coste asumible.
Por ello, este tipo de instalaciones todavía no es competitivo pero las posibilidades de contar con una energía limpia más no se pueden desdeñar. La tecnología undimotriz presenta incluso más ventajas que otras renovables: se trata de una energía constante y predecible, ya que siempre hay olas, y su impacto en el entorno también es menor.
En España aún no se aprovecha este tipo de energía de forma comercial; solamente en Cantabria y el País Vasco existen dos centrales piloto en Santoña y en Mutriku. Así mismo, existe un proyecto para instalar una planta undimotriz en Granadilla (Tenerife).
Se han diseñado varios dispositivos para convertir la energía de las olas en electricidad y hacerla llegar a la tierra: un aparato anclado al fondo y con una boya unida a él con un cable. El movimiento de la boya se utiliza para mover un generador. Otra variante sería tener la maquinaria en tierra y las boyas introducidas en un pozo comunicado con el mar. También puede utilizarse un aparato flotante de partes articuladas que obtiene energía del movimiento relativo entre sus partes, como la "serpiente marina" denominada Pelamos o un pozo con la parte superior hermética y la inferior comunicada con el mar. En la parte superior hay una pequeña abertura por la que sale el aire expulsado por las olas. Este aire mueve una turbina que es la que genera la electricidad.
Unos están concebidos para ser instalados en tierra firme como la columna de agua oscilante y otros para su localización en aguas profundas: flotadores, boyas de ondulación, alerones, bolsas elástica, cilindros sumergidos... En estos dos últimos tipos de diseños, la idea consiste, básicamente, en exponer a las olas dispositivos flotantes, en una amplia gama de frecuencias y direcciones, que están sometidos a complejos movimientos tridimensionales.
La maquinaria necesaria para convertir el lento movimiento de las olas en electricidad es asimismo costosa e implica pérdidas adicionales. Por añadidura, para reducir los costes de mantenimiento y de transporte de energía a tierra, sería aconsejable instalar los dispositivos cerca de la costa -o en tierra firme-, pero ahí es donde la energía de las olas es mucho menor. A su vez, el diseño de un dispositivo eficaz capaz de soportar con un mantenimiento mínimo, las condiciones climatológicas del mar abierto constituyen en sí mismo un gran problema.
Por ello la energía de las olas realmente aprovechable en la actualidad no es muy considerable y el coste de la electricidad generada con estos sistemas, muy superior al de la producida con fuentes energéticas convencionales.
La mayoría de tecnologías de energía de oleaje disponibles en el mundo sólo pueden ser instaladas en profundidades de 50 metros o más, pero existe una tecnología denominada OWC de Oceanlinx Ltd. que puede situarse como estructura flotante en profundidades de 30 m, permitiendo ubicaciones más cercanas a la costa, lo que resulta en un coste menor para la instalación del cable eléctrico necesario hacia la costa, así como la logística para su construcción, operación y mantenimiento.
Científicos británicos están desarrollando, en el fondo marino próximo a la costa atlántica de las Islas Órcadas (Reino Unido), la instalación de una nueva y gran máquina llamada Oyster, diseñada para aprovechar la energía de las olas oceánicas y convertirla en electricidad “verde”. En otoño de 2009, se harán los primeros ensayos para probar si esta tecnología puede ser una fuente comercial de energía renovable, y si se puede utilizar en las zonas costeras de todo el mundo.
A diferencia de otros muchos mecanismos de aprovechamiento de la energía de las olas, el Oyster utiliza tecnología hidráulica para transferir la energía del oleaje a la costa, donde se transforma en electricidad. Un aspecto clave de su diseño es un oscilador de 18 metros de ancho, que utiliza tanques de olas. Este oscilador está unido a unos pistones y cuando se activa por la acción del oleaje, bombea agua a alta presión hasta la costa a través de una tubería submarina. Ya en tierra, unos generadores hidroeléctricos convencionales convierten este agua a alta presión en energía eléctrica.
La tecnología del Oyster es realmente innovadora, porque se basa en la simplicidad. El componente que está situado en el mar (un alerón de alta fiabilidad con una mínima parte de piezas móviles sumergidas) es la clave de su éxito cuando funciona en zonas marinas con condiciones climatológicas adversas, en las que el mantenimiento puede resultar muy difícil. No tiene generador, electrónica de potencia o cajas de engranajes submarinos que puedan estropearse. Todo el complejo equipo de generación de energía eléctrica es perfectamente accesible en tierra.
El Oyster está diseñado para instalarse en aguas cercanas a la costa, a una profundidad de entre 12 y 16 metros, para aprovechar la zona marina más consistente y una propagación direccional más estrecha del oleaje. La altura y la carga de las olas son más reducidas para aumentar su vida útil, y permite un alto porcentaje de producción media anual y una distribución constante de la energía. Cualquier excedente energético rebasa la parte superior del alerón, ya que su capacidad de rotación le permite zambullirse literalmente bajo las olas.
Según los científicos, los riesgos ambientales asociados a este dispositivo son mínimos, ya que utiliza sólo agua como fluido hidráulico en vez de petróleo. Además, en el proceso no interviene ninguna sustancia tóxica, y su funcionamiento es silencioso.
Aunque se encuentra en una etapa temprana de su desarrollo, el concepto del Oyster tiene amplias posibilidades de uso en muchos lugares del mundo. En Europa son candidatos idóneos España, Portugal, Irlanda y el Reino Unido, pero a escala mundial hay un enorme campo de acción en áreas como la costa noroeste de EE UU y el litoral de Sudáfrica, Australia y Chile.