Se presenta un nuevo Blog de Madri+d sobre sustancias químicas, sus riesgos ambientales, la nueva política europea, y sobre todo con el objetivo de debatir la necesaria contribución de los grupos de investigación en el desarrollo de criterios y metodológias con una solida base científica que faciliten la toma de decisiones. Este es un Blog destinado a todas las partes interesadas, y que se ofrece a todas ellas como herramienta de diseminación y diálogo.
La capacidad de la industria química para desarrollar nuevas moléculas y nuevas aplicaciones de las ya existentes ha sido una de las claves fundamentales del desarrollo tecnológico del siglo XX. Sin este desarrollo científico-tecnológico muchos de los materiales, productos y artículos que hoy utilizamos habitualmente tanto en el ámbito industrial como en el doméstico serían simplemente impensables. Por desgracia, una de las características fundamentales de ese desarrollo fue la falta de un avance paralelo en las metodologías encaminadas a estimar las posibles consecuencias adversas de ese desarrollo tecnológico. Las consecuencias de esta dicotomía son bien conocidas: tras una utilización masiva, algunas de las sustancias que se introdujeron como “panaceas” se han visto sometidas a fuertes regulaciones e incluso prohibiciones totales debido a los problemas ambientales y sanitarios observados posteriormente. Los efectos locales detectados en los años 50 y 60 se globalizaron en los 70. Observar efectos sobre las comunidades acuáticas aguas abajo de un vertido industrial o minero no depurado estaba dentro de lo esperado; pero la acumulación de determinadas sustancias químicas en poblaciones humanas y animales, incluso en las situadas a miles de kilómetros de los núcleos industriales, dio una nueva dimensión al problema, y el desarrollo de normativas y medidas de control cada vez más exigentes. Pero tampoco debemos generalizar; podemos encontrar miles de sustancias químicas que se han venido utilizando desde hace mucho tiempo sin que se hayan observado problemas sanitarios o ambientales asociados a las mismas. Sin embargo ¿cómo distinguir entre usos seguros y no seguros? Se necesitaban nuevas herramientas con una sólida base científica, y en los años 80 las ciencias sanitarias y ambientales consideraron la aplicación de instrumentos previamente desarrollados por las ciencias sociales: la evaluación de peligros y riesgos. Prevenir es siempre mejor que curar, por lo que el desarrollo y aplicación de estas metodologías en los últimos años ha sido espectacular. Hoy disponemos de una capacidad para evaluar y predecir los posibles efectos de una utilización inapropiada de las sustancias químicas que resultaban impensables hace tan solo una década. Evidentemente, no todos los problemas están resueltos. Falta todavía un gran camino por recorrer, y se precisan tanto nuevos desarrollos científicos como nuevas aplicaciones tecnológicas. Desde mi punto de vista, los dos desafíos más relevantes y a la vez excitantes a los que nos enfrentamos vienen precisamente de la mano de nuevos desarrollos científicos y tecnológicos. Por un lado, el desarrollo de la biología “-ómica” ofrece posibilidades todavía inexploradas para adentrarnos en el conocimiento de los mecanismos, incluso a nivel molecular y submolecular, que regulan la relación entre las sustancias químicas y las estructuras vivas. Por otro, la capacidad de innovación de la industria química no cesa, y desarrollos como el de la nanotecnología nos obligan a buscar nuevas metodologías y conceptos para evaluar sus posibles riesgos. La nueva normativa europea, el reglamento REACH, generará información sobre varios miles de sustancias. Los que somos optimistas, creemos que existen suficientes bases científicas para poder desarrollar una nueva disciplina basada en la utilización masiva de la información generada. El siglo XXI puede ver nacer una nueva disciplina, la Riesgómica, que permita cuantificar los riesgos sanitarios y ambientales de todas las actividades tecnológicas desarrollas hasta la fecha y, por primera vez en la historia de la humanidad, poder estimar de forma cuantitativa los posibles riesgos ambientales asociados a los nuevos desarrollos tecnológicos de forma paralela al progreso de los mismos y no a posteriori, cuando ya hemos observados sus consecuencias sobre los recursos naturales y la biodiversidad. Si lo conseguimos, la industria química seguirá proporcionado espectaculares avances tecnológicos, que serán además suficientemente seguros.
Esta posibilidad requiere la colaboración de todos, y este Blog pretende ser un lugar abierto al debate de los nuevos desarrollos en materia de I+D+i, y su aplicación en la gestión y en el desarrollo normativo.
Desde aquí, invito a todas las personas interesadas a colaborar y enviar opiniones, sugerencias y temas de debate.
Dr José Vicente Tarazona Lafarga
Director del Departamento de Medio Ambiente del INIA
Vicepresidente del Comité Científico de Riesgos Sanitarios y Ambientales de la Unión Europea (SCHER)