Nariz horadada (nez percé) fue el nombre que los tramperos franceses que poblaban la América del Norte en el siglo XVIII dieron a una tribu de nativos de nombre impronunciable que habitó las grandes praderas septentrionales de lo que hoy es Idaho, en Estados Unidos. Su verdadero nombre era Chopunnish. La conquista del oeste diezmó sus tierras y su cultura, dejando 2.700 supervivientes que aún ahora son considerados por muchos un mero residuo de la historia. Pero la historia es caprichosa y se sirve de iconos viejos para moldear realidades nuevas.
JORDI MONTANER
También por el siglo XVIII llegaron a España las primeras hojas de una planta nativa americana, la coca (Erythroxylum coca), entonces mera curiosidad botánica que sólo se sabía apreciada por los indígenas. Las hojas pasaron de botánicos a boticarios y, cien años más tarde, se extrajo por primera vez cocaína pura de la coca. A principios del siglo pasado, la cocaína era un ingrediente común de muchas boticas y laboratorios, empleada en la elaboración de tónicos y elixires destinados a curar una serie de enfermedades… Todo cambió a partir de los años sesenta, cuando recibió el calificativo de estupefaciente, narcótico o droga y dio pie a un imperio al margen de la ley y a una realidad sociosanitaria lacerante.
A la cabezaSegún los últimos datos sondeados por la ONU, la tasa de consumo de cocaína en España ha superado por primera vez en la historia a la de Estados Unidos y cuadruplica la media europea. La cifra oficial de consumidores de cocaína en el mundo alcanza ya los 13,3 millones, teniendo en cuenta que sólo en España se calculan poco más de 1,1 millones de consumidores (2,6% de la población). Estados Unidos ocupa un “digno” segundo lugar, con un índice de consumidores del 2,5%. Por detrás, aparecen Irlanda (2,4%), Reino Unido (2,1%) y Argentina (1,9%).
En su memoria anual del 2005, la Fiscalía Antidroga advertía que los cuadros estadísticos “ponen de manifiesto que los países occidentales y aquellos por los que pasan las grandes rutas del tráfico mantienen los porcentajes de consumo más elevados”.
Según los expertos, este aumento en el consumo de cocaína se debe en buena parte a una falta de percepción del peligro que esta sustancia entraña.
Si se falla en la prevención de la adicción o la percepción del peligro, no ocurre lo mismo con la persecución policial. España también figura a la cabeza de la incautación de cocaína en Europa, y sus incautaciones obran entre las principales del mundo, aún por detrás de Colombia y de Estados Unidos. En el 2004 se intervinieron 33 toneladas de cocaína en nuestro país, lo que supone la mitad de las incautaciones realizadas en territorio europeo según datos oficiales.
DispersaNo toda la coca sirve para extraer cocaína. En realidad, sólo cuatro de las 200 variedades de coca que pueblan la zona amazoico-andina sirven para la extracción de alcaloides que, además de cocaína (y también coca), reciben allí todo un glosario de nombres: azúcar, cataforesis, perico, manteca, pasta, merca, camerusa, pala, pichi, papa, papuza, merluza, sniff, sniper, tecla,…
Los efectos del alcaloide son inmediatos y placenteros: disparan la maltrecha autoestima y la confianza en uno mismo, otorgan al consumidor una locuacidad fuera de lo común (motivo por el que esta droga ha seducido siempre a quienes deben hablar, cantar o actuar en público) y generan una enorme excitación (que no debe interpretarse sólo en clave de sensualidad, sino también de irritabilidad). El efecto dura relativamente poco, de media hora a una hora, y en cuanto empieza a declinar el drogado experimenta una enorme ansiedad por consumir otra dosis. A largo plazo, su uso descontrolado produce, además de adicción, desórdenes mentales y episodios cardiacos, por no hablar de tentativas de suicidio, o accidentes graves.
Placer a costa de los tejidosEs conocido que la cocaína tiene un efecto vasoconstrictor; es decir, disminuye el flujo sanguíneo en aquellas zonas que mantienen contacto con la sustancia e impide que llegue a ellas tanta sangre como de común llegaría. “A veces, esta propiedad es beneficiosa y, de hecho, hay especialistas que se sirven de la cocaína para evitar que el flujo sanguíneo riegue determinadas zonas en circunstancias en las que resultaría perjudicial”, explica José María Palacín, cirujano plástico del Centro Médico Teknon de Barcelona. “No obstante, cuando el consumo de cocaína es excesivo y habitual para una misma zona del cuerpo, la falta de riego se hace casi permanente y se resienten o mueren todos los tejidos en contacto con la sustancia; en la mayoría de los casos, el deterioro o destrucción del tabique nasal, puerto de entrada de la droga al organismo, se hace inevitable.”
Rinoplastia reconstructivaCuando un toxicómano esnifa cocaína, el tabique nasal, formado por cartílago y mucosa, se debilita y los tejidos que lo componen acaban necrosándose y produciendo una perforación perturbadora. “En una exploración, los cirujanos plásticos hallamos casi siempre un orificio de lado a lado del tabique nasal que delata al afectado”, detalla Palacín.
Los pacientes que acuden al cirujano plástico por esta complicación son tanto hombres como mujeres; “el nexo común se encuentra en que tienen la nariz deformada, torcida y sin tabique”. Existen, según Palacín, distintos grados de deformación. “Acuden, desde aquellos pacientes que requieren pequeñas intervenciones para retocar defectos menores, hasta otros que necesitan recurrir a la microcirugía para corregir defectos importantes.”
La reconstrucción del tabique nasal se realiza reemplazando el cartílago y las mucosas dañadas por los mismos tejidos extraídos de otras zonas del cuerpo, “y los cirujanos debemos desterrar de los medios de comunicación esa leyenda urbana que habla de la implantación de tabiques de platino en cocainómanos intervenidos; además de ser falso, no es médicamente factible”.
El experto concede una importancia capital a que esta operación se circunscribe exclusivamente a cocainómanos ya rehabilitados; “por lo que los cirujanos plásticos debemos asegurarnos, a través de la realización de un estudio psicológico previo, de que el paciente ya no es consumidor de cocaína”.