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¡A clonar!

Enviado el jueves, 24 de septiembre de 2009 10:24



Uno de los efectos que ha tenido el cambio de inquilino en la Casa Blanca estadounidense ha sido el impulso gubernamental a la investigación con células madre (stem cells).





Foto: Fernando J. Toucedo


JORDI MONTANER

Hace 17 años, el Harvard Stem Cell Institute (HSCI) de Boston (Massachusetts) abrió los ojos del mundo a una entidad biológica de cuyo estudio se desprendía la posible curación de muchas enfermedades tenidas hoy por incurables. No sin inquietudes bioéticas a un lado y otro del Atlántico, la obtención de células madre a partir de embriones congelados abría un campo inusitado a la transferencia genética y a la creación de tejidos o incluso órganos de trasplante; hasta que el presidente George W. Bush sentenció un firme “nunca bajo mi mandato” y proscribió el estudio de la maternidad celular en el 2001.

En la sombra, sin fondos y con escasa esperanza, el HSCI siguió adelante con su proscrita investigación, vislumbrando la posibilidad de ofrecer un remedio a enfermedades tan epidémicamente devastadoras como la diabetes, más incluso en los propios Estados Unidos. De hecho, en el 2004, el HSCI tenía abiertas más de 70 líneas de investigación con células madre de origen embrionario en pleno secreto y con precauciones dignas de una trama de espionaje.

En las antípodas de esta controversia bioética, la Universidad de Kyoto (Japón) asombraba a propios y extraños en el 2006 con la obtención de las primeras células madre pluripotenciales inducidas (iPS) capaces de rejuvenecer la piel de un ratón anciano y que se insertaban en el genoma del animal utilizando vectores retrovíricos… Sólo un año más tarde, los japoneses dejaban claro a la opinión pública que disponían ya de las primeras iPS humanas.

En Boston, mientras tanto, los genetistas del HSCI se hacían los sorprendidos toda vez que investigaban la posibilidad de generar neuronas motoras en mujeres con esclerosis lateral amiotrófica a partir de iPS humanas. En el 2008, sin que la comunidad científica estuviera al corriente (por lo menos, de forma oficial), el HSCI consiguió transferir IPS de un ratón cuyo páncreas producía insulina a otro incapaz de producir dicha hormona (diabético) y regresar así la enfermedad a un estado sano.

Curiosamente, cuando más se aflojaron en Europa y América las prevenciones éticas a la investigación con células madre, más subrayaron los científicos la oportunidad de trabajar con células de origen no embrionario y acabar así con la fuente del conflicto. No obstante, el miedo que atizaba las antorchas en el romántico relato Frankenstein de Mary Shelley pervive aún en políticos y pensadores. Ya no asusta sólo la capacidad de utilizar embriones con fines no reproductivos, sino la capacidad de la ciencia para transferir genes de unas células a otras, de forma que las células madre adultas (no embrionarias) pasen a convertirse en conejillo de indias con el propósito de engendrar vida de forma casi sintética, como en una creación…

Con las espaldas ahora salvaguardadas por la nueva Administración, el HSCI deja a un lado toda discreción y su co-director, David Scadden, afirmaba a los periodistas en una rueda de prensa: “Preparaos, porque vais a ver de qué somos capaces…” Ante las miradas asustadas de los informadores, los responsables del HSCI dejan claro que su cometido es puramente científico y que su prioridad es la batalla contra las enfermedades tenidas por incurables. Tras la diabetes, aguarda el Parkinson. ¿Se pueden clonar ratones a partir de iPS con fines científicos? Sí, ya se ha hecho. La oveja “Dolly” inauguró décadas atrás una carrera de clonaciones mamíferas que no puede estar más cerca de la especie humana; sin embargo, los investigadores del HSCI temen que las iPS no mantengan a la larga la estabilidad propia de células madre de origen embrionario en la génesis “sintética” y moderan todo entusiasmo a este respecto. “Lo que hemos empezado es ahora demasiado importante para detener la investigación; debemos ser prudentes, pero no debemos tener miedo a lo que la ciencia misma nos depara”, subraya Scadden.

Adolfo Martínez Palomo, presidente del Comité Internacional de Bioética (CIB) de la UNESCO, condena la clonación de seres humanos con fines reproductivos y afirma que aún es pronto para pronunciarse acerca de la clonación con fines terapéuticos: “El CIB mantiene su apoyo a la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos adoptada en 1997, que condena la clonación en seres humanos con fines reproductivos por considerarse contraria a la dignidad de las personas.”

Con respecto a la clonación terapéutica, no obstante, las sensibilidades están encontradas y hay gobiernos que aprueban la posibilidad de investigar en este sentido y otros que la rechazan por completo.
El Reino Unido pasa en la actualidad por el país con  una legislación más avanzada a este respecto. El investigador surcoreano Hwang Woo-Suk cargó con tinta las portadas de muchos periódicos asegurando haber obtenido no hace mucho embriones humanos clonados a partir de células madre, algo que luego se demostró que no era cierto y que provocó una repentina huída de Woo-Suk, mutis por el foro y rumbo a Tailandia. Más tarde se confirmó que sí obtuvo embriones humanos, aunque mediante la técnica de división de óvulos que, en definitiva, no da lugar a embriones viables para reproducción.

En países como Francia, cualquier experimento de clonación puede ser castigado con multas millonarias y penas elevadas de cárcel. La pelota, al parecer, no está colgada en un tejado universitario, sino en un tejado judicial o moral. Poder, lo que se dice poder, se va pudiendo; pero urge explicar si se debe, cuándo, cómo y por qué.


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