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Homosexuales de temporada

Enviado el jueves, 02 de abril de 2009 12:28




Aunque me siento muy orgullosa de mi misma, en estos momentos me gustaría ser Safo. Ostentosa y segura de mi misma, acudiría a la consulta de un "psiquiatra reparador de homosexuales" y le diría: "¡Reconstrúyame por un día, si es usted capaz!". Y a ver cómo lo consigue. ¿Estirándome en el diván? ¿Intentando seducirme? Aunque parezca mentira, aún hay algunos profesionales que creen poder hacerlo. Francamente, me gustaría ver "cómo se lo montan" a través de una mirilla.



Núria Llavina Rubio
La homosexualidad sigue siendo para muchos una enfermedad mental que se puede curar. Concretamente, un 4% de los 1.400 psiquiatras, psicoterapeutas y psicólogos del Reino Unido, todos participantes en una encuesta de la Universisty College y la Universidad de San Jorge, asegura que trataría de reconducir la orientación sexual de un paciente. Un 17% reconoce, además, haber intervenido en al menos una ocasión para reducir los sentimientos lésbicos o gays de un cliente. Los terapeutas más inclinados a hacerlo han resultado ser los varones maduros (de mayor edad, me refiero). Lo más sorprendente es que superadas ya las décadas de los 60 y 70, cuando en el Reino Unido tuvieron mayor auge este tipo de terapias "reparativas", y en una sociedad teóricamente avanzada, el número de personas en tratamiento contra su homosexualidad no parece haber descendido.

Resulta, sin embargo, que la mayoría de pacientes acuden al especialista a tratar de resolver sus dudas sobre la condición sexual (no a cambiarla). De algún modo estos pacientes son engañados. El sistema seguido por los especialistas para "ayudarlos" es cambiar su "posible desviación" aludiendo que hasta ahora ninguna terapia ha demostrado ser útil en el ámbito de esclarecer dudas sobre la condición sexual. En resumen, que no les ayudan a resolver su duda, sino que les aseguran que parten de una premisa incorrecta: "el problema no es tu duda. El problema es tu desviación". Es curioso, porque tampoco existen evidencias científicas de que el cambio de deseo sexual sea posible.

"No existen pruebas procedentes de la literatura médica que sugieran que la orientación sexual de una persona se pueda cambiar. Ni la investigación psicoanalítica ni la del comportamiento ha mostrado su eficacia [...] tampoco la llamada terapia reparativa", señalan los autores del trabajo, publicado en 'BMC Psychiatry'.

Aterradoras experiencias online

Michael King, de la University College y autor principal del estudio, y sus colaboradores han lanzado una web en la que gays, lesbianas y bisexuales relatan sus experiencias en los divanes. Se incluyen también testimonios de especialistas que han desarrollado y llevado a cabo tratamientos para "curar" la homosexualidad. Afortunadamente, ninguno de estos tratamientos ha culminado con éxito (éxito = conversión).

Es espeluznante, aterrador. Leer las historias de estas páginas me ha trasladado al día en el que vi por primera vez la película "La naranja mecánica". En ella se utilizaba la llamada Técnica de Ludovico como método para reducir la violencia y el sexo compulsivo del protagonista, Alex. La página web del estudio muestra en su mayoría testimonios anónimos cuyos tratamientos se llevaron a cabo entre los años 70 y 80, pero no he podido evitar estremecerme ante los electrochoques, tratamientos hormonales con estrógenos (usado en los años 50 para reducir el deseo sexual masculino con la pretensión de poder reducir el deseo homosexual), hombres con miedo teórico a relacionarse con mujeres maduras, bodas de conveniencia, tratamientos psiquiátricos para una hipotética enfermedad (esquizofrenia paranoide, por ejemplo), consejos religiosos con capítulos exorcistas o tratamientos aversivos con apomorfina (el medicamento estrella para los tratamientos aversivos).

Los hombres gays y los delincuentes sexuales fueron los targets principales de las terapias aversivas (¡ocupaban la misma escala de valores!). Una sesión de este tipo consistía generalmente en mostrar a un paciente homosexual fotos de hombres atractivos desnudos. Tras la obvia excitación del "paciente", el medicamento de turno empezaba a funcionar, lo que provocaba mareos e incluso ganas de vomitar. Se suponía que la continuidad de estos tratamientos inducía en el paciente un lazo inconsciente entre hombre desnudo (todos los hombres) y malestar. Este lazo debía hacer desaparecer, teóricamente, el deseo de tener relaciones sexuales con hombres, de manera que se convertían en seres "sexualmente normales" y respetables. El proceso me recuerda al perro de Pávlov con el condicionante de la campana.

Borrar el pasado

Las historias que narran los especialistas son historias, en su mayoría, de vergüenza. Casi todos aseguran haber formado parte de procesos literalmente "monstruosos" que prefieren olvidar. "Fueron prácticas de los años 50 y 60…", justifica uno de los especialistas, también todos anónimos, en uno de los relatos.

A pesar de todos estos testimonios, que ahondan en la más profunda ignorancia sobre la homosexualidad, lo cierto es que estas prácticas que ahora tanto me suenan a (post)segunda Guerra Mundial, a grandes edificios de color gris ahora abandonados, a tanatorios con colores blancos y a primeros planos de psiquiatras con agujas gigantes… Pues eso, que lo cierto es que todo esto aún sigue practicándose, aunque con métodos más sutiles. Y no me creo que sólo la sociedad británica, cuyas tasas de homofobia están aumentando, sea el único país donde se llevan a cabo estas prácticas. Sencillamente un estudio lo ha puesto en evidencia. Miedo me daría observar resultados de estudios parecidos en otros países (si los hay).

Si algún día se demuestra científicamente que los tratamientos "reparativos" no funcionan, no pido que los especialistas "reconstructores" dejen de pensar que la homosexualidad es una enfermedad mental (poco les importa que dejara de serlo el año 1990 según la OMS). En el fondo eso me da igual. Tan sólo les pido una cosa, que la consideren al menos una enfermedad crónica e incurable.

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