LoginRSS 2.0 Feed

jueves, 12 de marzo de 2009

A finales de febrero, Bobby Jindal, un congresista republicano por el estado de Luisiana al que muchos consideran estrella emergente en su partido y posible candidato presidencial en 2012, decidió iluminar al mundo con sus comentarios sobre un discurso que el presidente estadounidense Barack Obama acababa de dar ante los miembros del congreso para explicar su plan de estímulo económico.


María José Viñas



A finales de febrero, Bobby Jindal , un congresista republicano por el estado de Luisiana al que muchos consideran estrella emergente en su partido y posible candidato presidencial en 2012, decidió iluminar al mundo con sus comentarios sobre un discurso que el presidente estadounidense Barack Obama acababa de dar ante los miembros del congreso para explicar su plan de estímulo económico.
Entre otras críticas, Jindal ofreció la siguiente perla: “Esta legislación está plagada de despilfarros (…) e incluye 140 millones de dólares para algo llamado ‘monitoreo de volcanes’. En lugar de vigilar volcanes, lo que el Congreso debería monitorizar es la erupción del gasto público en Washington”.

Algo llamado ‘monitoreo de volcanes’. Y, para más inri, el que se cachondeaba de invertir en reforzar la vigilancia de desastres naturales es el gobernador de un estado que fue pillado desprevenido por el Huracán Katrina en el año 2005, en una falta de planificación que causó miles de muertos y 81.200 millones de dólares en pérdidas materiales.

Pero Jindal (que también aboga por enseñar creacionismo en las escuelas públicas), no es el único en su partido que muestra un sincero desprecio por la ciencia. Los candidatos republicanos a la presidencia y vicepresidencia de EE.UU. en las elecciones de 2007, John McCain y Sarah Palin, también levantaron ampollas entre la comunidad científica por sus comentarios despectivos sobre ciertos proyectos de investigación. Durante la campaña presidencial, McCain criticó que el congreso estadounidense planeara invertir 3 millones en un estudio genético que intenta determinar cuán grande y variada es la población de osos grizzli en Montana, y también atacó una inversión en el proyecto de renovación de un ilustre planetario. Mientras tanto, Palin se mofaba ante sus seguidores de aquellos políticos que apuestan por “proyectos que tienen poco o nada que ver con el bien público. Cosas como la investigación con moscas de la fruta en París, Francia. No os estoy tomando el pelo”.  

Tristemente, los republicanos se aprovechan de la desconexión del público con la ciencia. Sin un poco de contexto, los “estudios con moscas” pueden sonarle ridículos a aquel que desconoce que la mosca de la fruta es uno de los modelos animales más populares usados en experimentos de genética, neurología y biología molecular, entre otras disciplinas, y que ha permitido a los científicos aprender sobre las causas del autismo y otras enfermedades.

Pero por suerte, McCain (que sigue dale que te pego en su ataque a la ciencia; recientemente twitteó sobre su desprecio por un proyecto de invertir 2 millones de dólares en Hawaii para promocionar la astronomía) y Palin no ganaron las elecciones. Las ganó Barack Obama, un hombre que despertó a la comunidad científica estadounidense de un mal sueño que había durado ocho años al afirmar en su discurso de investidura que pretendía "elevar a la ciencia a la posición que le corresponde". Alguien que recientemente ha declarado que quiere que la ciencia guíe sus decisiones políticas y que promete intentar no ocultar resultados científicos o tecnológicos que vayan en contra de los intereses políticos de su partido. Un presidente que ha decidido dedicar una buena porción del plan de estímulo económico (concretamente, 21.500 millones de dólares) a impulsar la ciencia, dando generosos fondos tanto a agencias distribuidoras de becas de investigación para ciencia básica (como la Fundación Nacional de Ciencia, o el Departamento de Energía) como a aquellos organismos que promocionan el I+D. Invirtiendo en investigación un dinero destinado a estimular la economía, la nueva administración estadounidense ha demostrado creer que la ciencia es fuente de riqueza para un país. Ahora le toca a la ciencia demostrar que esta confianza está bien fundamentada, y recuperar el respeto del público.

5:56 | gestionado por Xavier Pujol Gebellí | Enviar comentario (0)